El cerebro político andaluz

Elena de Miguel
ELENA DE MIGUELMálaga

Hay un mensaje nacido en redes sociales, que circula con insistencia estos días por Whatsapp, y que protagoniza Dory, el inolvidable pececito de 'Buscando a Nemo'. Para quien no esté muy familiarizado con el cine infantil, Dory es un pez cirujano azul, incapaz de retener en su memoria nada de lo que le ocurre. Basta con que pasen cinco segundos para que todo se esfume y quede olvidado. El mensaje tiene retranca electoral y convierte a este personaje de Pixar en el votante medio en Andalucía: «No voto más al PSOE, que llevan más de 30 robando... Oh mira, ¡el PSOE! Lo voy a votar».

Fuera de Andalucía nos observan con asombro. Es normal. En un ejercicio de introspección, no nos entendemos ni nosotros. Según el CIS, el 58,5% de los andaluces quiere que el PSOE deje de gobernar. Pero, ¡menudo olvido!, en otra pregunta de la misma encuesta, darían la victoria al PSOE, y su líder, Susana Díaz, es el político más valorado.

Quizá sea misión para la neuropolítica el análisis de lo que ocurre aquí. Esta disciplina de las neurociencias intenta descifrar cómo actúa el cerebro (el de los andaluces, también) en su papel de ciudadanos o de electores. Qué estímulos les influyen y qué les lleva a votar a un partido o candidato y no a otro. En esta rama se habla ya con frecuencia del 'cerebro político', el cual, según sostienen, no está dominado por la razón sino por la emoción. Muchos votantes suelen hacer una reflexión concienzuda del signo de su voto, pero, según estos científicos, finalmente el sentimiento supera a la razón, y la decisión es más pasional de lo que nos gusta reconocer. Incluso, concluyen, cuando una persona se ha formado una opinión sobre un tema cualquiera, la persuasión sirve de poco, aunque las pruebas en contrario sean abrumadoras. Esta cabezonería (esto es aportación propia) es aún mayor cuando el individuo hace público el sentido de su voto; esto se debe a que nos gusta parecer coherentes ante quienes componen nuestro círculo social, por lo que cambiar de postura nos obliga a justificarnos y nos hace parecer incongruentes. Apasionante, ¿verdad?. De ahí, que los partidos políticos se fijen cada vez más en esta rama de la ciencia y recurran con frecuencia a mensajes que apelen a las emociones, incluso a las más abyectas, para activar o desestabilizar nuestra intención de voto. Existen también estudios que van más allá y que vinculan ideología y biología. El conservadurismo se daría en personas poco flexibles, con un mecanismo cognitivo persistente, frente a una mejor respuesta a la ambigüedad y la novedad en individuos liberales (es un estudio de EE UU).

Puede que no todo sea tan sencillamente complejo, pero sí hay algo irrefutable en Andalucía: este 2D serán las undécimas elecciones, y, por más que pese al resto de partidos, ni la razón ni la emoción del resto de candidatos han alterado demasiado lo que se votó aquel 23 de mayo de 1982.

 

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