Canal Sur y la mesa camilla

Por favor, ahora tampoco nos machaquen con doce horas al día de toros y procesiones

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

La pérdida de influencia y de interés que despierta Canal Sur entre la población menor de 65 años y en los habitantes de las grandes ciudades es más que evidente y se ha hecho mucho más grande con los años, pero eso no significa que haya que desmantelar el servicio público y a los trabajadores que integran su plantilla. El problema de RTVA no está en una existencia más que justificada y protegida por las leyes y por nuestro Estatuto de Autonomía. No se trata aquí de justificar su existencia. Su mayor obstáculo es su histórica gestión, el supuesto mamoneo de muchos de sus acuerdos con determinadas productoras ligadas al mismo lado y una programación que en general se ha convertido en el circuito cerrado de televisión del Hogar del Jubilado.

Para quien esto suscribe resulta difícil hilvanar una efectivísima defensa de la televisión pública andaluza porque pasaría por avivar un panorama que resulta desolador. Llevamos años soportando una sobredosis inmunda de programas relacionados con la copla y con el flamenquito de tercer nivel. Visitas diarias a las confiterías de todos los pueblos. Los programas de Juan y Medio, aunque a mí el tipo me pueda caer bien y de hecho me hace gracia, alcanza casi a diario nuevas cotas de estupor por una desesperada falta de límites. Los espacios con niños en los que se celebra una exaltación de la incultura escondida bajo el manto de un falso 'saber popular' producen en general vergüenza ajena y dudas morales sobre la explotación infantil en los medios. La mayoría de las veces (no todas) en las que el botón del mando a distancia cae, casi siempre por error, en algún punto programático de la cadena andaluza uno siente verdadero asombro de la televisión pública que tenemos. Carne de 'zapping' de otras cadenas nacionales, la mayoría de las veces concluye que, con el escudo del 'servicio público a los mayores', terminan alimentando los tópicos que llevamos tantos arrastrando dentro y fuera Andalucía. Esta es una sensación generalizada para la mayoría de los andaluces.

Hasta los más aguerridos votantes socialistas piensan que no va a venir mal airear las habitaciones de San Telmo y de los despachos de Sevilla, donde hay quien lleva más décadas apoltronado en los mismos cargos y acumulando una cantidad escandalosa de poder. Eso incluye al ente de RTVA, donde tampoco estaría bonito que se practicara la escabechina. Partamos de la base de que no se la van a cargar, no puede bastar con una mera sustitución de nombres. Por favor, ahora tampoco nos machaquen con doce horas al día de toros y procesiones. Tampoco toquen a uno solo de los grandes profesionales que integran su plantilla solo porque lo pida una minoría. Hablamos de airear San Telmo, que lo mismo nos viene bien, pero no de desmantelarlo. No puede ser todo como 'Tesis', pero vamos a bajar la tele de la mesa camilla.