Campanadas de muerte

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Cuando baje la marea quizá sean ya 600 los muertos durante este año en la ruta marítima que trae a nuestras costas la gran marcha de la desesperación y la miseria de África. Es, dicen los registros, cuatro veces más que el año pasado y la cifra más alta en una década. El terrible redondeo llegará con los últimos muchachos que naufragaron en una patera podrida que se estrelló contra las rocas de los Caños de Meca, en Cádiz, y que estos días, uno a uno, el mar ha ido devolviendo como campanadas en la conciencia. Ocho chavales ahogados en cinco jornadas, una quincena por aparecer aún. Si esto no es un problema prioritario yo ya no sé qué es.

En las últimas semanas han subido desde el sur de Marruecos oleadas de muchachos porque se ha difundido por las redes sociales que salían pateras gratuitas de las playas del norte del país. Nadie sabe de dónde surgió el bulo, pero tampoco nadie lo ha combatido. Aguardan en las costas, saltan cuando pueden, a manos de mafias desaprensivas. Muchos van a terminar bajo una manta térmica, de la que solo sale un pie cubierto por un calcetín agujereado. Otros serán repatriados. Otros escaparán hacia una vida incierta. Entre los expertos de las organizaciones de derechos humanos hay alarma por la desaparición de chicas: muchas de las que han entrado, menores de edad, no se encuentran en los albergues y se sospecha que han sido víctimas de redes de trata.

Estos jóvenes marroquíes, que tienen Facebook y móviles al uso, son especialmente vulnerables, tanto para las 'fake news' como para la desesperanza y ambas han hecho presa de ellos.

Ha aparecido una enorme desilusión por la falta de expectativas, por el fracaso escolar y laboral de la generación más joven, pero también se desarrolla un activismo insólito, con acciones como el boicot a productos propiedad de magnates de la élite alaui. Ondean banderas españolas como símbolo de libertad y hasta de protesta. Hace pocas semanas cuatro fueron procesados por exhibir una roja y gualda en un partido de fútbol y corear, como en las marchas de protesta, que el pueblo quiere renunciar a la nacionalidad marroquí

La situación es compleja y no tiene una solución simple. Es preciso actuar en todo el proceso, también en la atención aquí, desbordados los medios, y ya tardan nuestros responsables públicos en arriesgar soluciones. El fenómeno no va a desaparecer y habría que ir pensando en buscar vías seguras, regulares, para empezar.

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