Ni en broma

En la célebre agencia estadounidense NASA necesitan un bromista para incorporarlo al personal que tomará parte en la primera expedición tripulada con el objetivo de llegar hasta Marte

Ni en broma
ANA SANZ
ANA SANZJurista y autora de teatro

Las personas que tienen una especial capacidad para hacer reír al prójimo siempre están de enhorabuena; pero ahora lo están aún más, si cabe, gracias a un anuncio de la National Aeronautics and Space Administration, vulgo NASA. Sí, en la célebre agencia estadounidense necesitan un bromista para incorporarlo al personal que tomará parte en la primera expedición tripulada con el objetivo de llegar hasta Marte. Si hace casi cincuenta años los ocupantes del Apolo XI se tomaron de modo circunspecto el garbeo a pie por la Luna, el futuro de los viajes interplanetarios se presenta ahora no solo como una experiencia pionera, científica, heroica y todo lo demás, sino que también aporta el detalle de plantearse como un viaje de placer para los ocupantes del vehículo espacial. Cosas de los americanos.

No solemos elegir los compañeros con los que compartimos nuestro trabajo, la urbanización donde vivimos, nuestro barrio ni, por supuesto, la propia familia; la de sangre y la política. No; las más de las veces lo que toca es coexistir con personas que no han de pasar un casting antes de figurar en nuestro entorno. Tampoco podemos estar seguros de que formaríamos parte del elenco de nuestros compañeros de vida si estos pudieran hacer su elección a la carta. Hemos de convivir como vamos pudiendo y no como quisiéramos pero... es lo que hay. Y para las reclamaciones al respecto no se conoce más maestro armero que una dosis adecuada de tolerancia, paciencia, sentido común y, cómo no, de sentido del humor, si se me permite apuntar algunos de los ingredientes básicos para cocinar el buen caldo de cultivo de una convivencia razonable.

Ay, cuántos de nosotros hemos pasado alguna vez por la feliz experiencia de compartir escenario vital con personas simpáticas, muy simpáticas; de esas que, llegada una situación tensa, convierten el momento difícil en algo que al ser recordado nos dibuja una sonrisa en la cara del alma. Todavía me hace gracia el recuerdo de un compañero de trabajo de hace muchos años que, solo con hacer su aparición estelar en una aburridísima dependencia de trabajo, relajaba la tensión que frecuentemente se respiraba en aquel ambiente sin más que administrar un par de pildoritas de su gracejo particular. Su condición de médico creo que le ayudaba a preparar la efectiva receta. Lástima que su graciosa medicina no se venda en las farmacias.

Envidia me da la expedición a Marte en la que las gracias han de ser genuinamente divertidas, ya que su autor es reclutado fundamentalmente para hacer reír al personal de a bordo, aunque imagino que también habrá de hacer sus pinitos como astronauta. Sería bueno que la ocurrencia de la NASA se extendiera a otros ambientes en los que el humor, lejos de ser espontáneo, responde a la oportunidad del momento. ¿No le ha pasado a usted, querida lectora, o a usted, mi amigo lector, que, ante un chiste que nada tiene de divertido, ha tenido que hacer como que le hace gracia y hasta se ha visto en la necesidad de esbozar una respetuosa y poco espontánea risita solo por salir airoso del trance? No sé a usted, pero a mí, reír a la fuerza me hace maldita la gracia. Todos sabemos que reír es gratis pero a veces sale un poco caro.

Tendría guasa que una persona especialmente delicada a la hora de evaluar sus condiciones laborales pudiera reclamar ante sus empleadores por el hecho de no reírse en el trabajo. No creo que haya sindicato, por vigilante que esté ante los derechos de sus afiliados, que sea capaz de articular una protesta basada en la falta de buen rollito y buen humor en el entorno laboral. Ese problema ha de ser resuelto por cada uno a su manera; ahí la empresa se lava las manos. Pero lo de Houston es otra cosa. Para la NASA el humor a bordo forma parte de las condiciones de trabajo: todo sea por reír el último en la carrera espacial.

¿Quién de nosotros a la hora de compartir viaje, aunque no sea hasta el planeta rojo, no escogería en el habitáculo del monovolumen a un amigo divertido de esos que te hacen el trayecto corto y ameno antes que al cuñado 'gracioso' al que es triste la gracia que hace reírle las ocurrencias?

Lo de la NASA es muy fácil de comprender. La tensión que genera la vida dentro de una nave espacial precisa que se mime especialmente la atmósfera a compartir dentro del vehículo interplanetario. Cosa diferente es sumar horas de vuelo en el gimnasio, en la oficina o en las vacaciones familiares y verse en el aprieto de reír las ocurrencias del graciosillo de turno que de divertido no tiene siquiera un ápice, ni en broma.