Banderas en la feria

Algunos incidentes aislados explican la situación actual de Málaga y del país

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Ayer empezó la liga de fútbol y detuvieron al jugador del Alavés Olivier Verdon por arrastrar de los pelos a su novia por el pasillo de un hotel en Vitoria. Anteayer comenzó la feria de Málaga y dos grupos de jóvenes se enfrentaron a ladrillazos por una bandera. La novia del futbolista no ha querido denunciar y considera que la alarma generada se debe a que aparentemente en España hay muchos problemas con los hombres que golpean a sus esposas. Asegura que ellos se pelearon «como todas las parejas». Es curioso que en el enfrentamiento entre dos grupos de jóvenes en el centro de Málaga se usaran ladrillos y banderas, dos de nuestras señas de identidad. El centro de Málaga estaba lleno de gente y esto constituye un hecho aislado, pero vaya hecho. Unos jóvenes valencianos alquilan un apartamento turístico en feria porque los jóvenes de todas partes siempre han ido de feria en feria. Al llegar colocan una bandera de su comunidad en el balcón: jóvenes no sólo orgullosos de donde les ha tocado nacer sino deseosos de que no se les confunda, embajadores de su tierra, una parte de Valencia allá adonde vayan, Marca Valencia, una marca y una bandera que puede ser sustituida por cualquier otra en cuanto la casual procedencia de los jóvenes varíe unos kilómetros. No son sólo jóvenes sino jóvenes valencianos. Con unas señas de identidad firmes, o a lo mejor lo contrario y por eso necesitan mostrarlas y sujetarse a ellas. Allá ellos.

«Allá ellos allí», debieron pensar los jóvenes de la tierra, ésta, Málaga hospitalaria, que a pesar del alcohol reconocieron una enseña enseñada desde un balcón. Y como Málaga es Málaga había una obra al lado, de donde tomaron unos ladrillos ya que con sólo palabras no se llegaba a un acuerdo. Tal vez pensaron que la bandera era catalana, y quizá que la bandera catalana era la catalana independentista, y consideraron aportar su granito de ladrilllo a la causa. A por ellos, oé. Los jóvenes valencianos aguantaron la lluvia de ladrillos y se encontraron que estaban arriba y que tenían ladrillos, los lanzados por los acogedores malagueños, y los devolvieron. A la vez, llegaba el comunicado del Alavés, que se muestra contrario a toda violencia, especialmente la de género, y consideraban que la supuesta agresión del futbolista del club a su pareja había sucedido fuera del ámbito deportivo. Me entran ganas de colgar una bandera valenciana en mi balcón, pero no tengo balcón y qué pereza colgar una bandera, para eso me como una paella. Olivier Berdon es francés aunque su familia es de Benin, en cuya selección juega. En Benin no hay paella pero cuando recorrí el país, pues hace unos años aún no se mataba tanto a la gente que recorría países en solitario, comía arroz con pescado. Su novia es francesa de origen francés, y tiene un novio que, como todos los novios, supuestamente la arrastra de los pelos. Y todo el mundo lo sabe. Qué pena y qué vergüenza. Y los otros a ladrillazos, pudiendo tomarte una copa de fino y echar unas risas con conocidos y desconocidos, si de eso va la feria.