La banda del collarín

José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Al grupo organizado que se dedicaba a provocar accidentes de tráfico por las calles de Málaga, últimamente contra autobuses y taxis, para repartirse las indemnizaciones del seguro solo le habría faltado para diversificar meter en plantilla a tipos dispuestos a quitarle la tapa a las alcantarillas para que otros, acto seguido, se dejaran caer vestidos de Armani por el agujero como el que no quiere la cosa. Paga el seguro, Málaga al final. El Ayuntamiento, vía EMT, era el principal tonto útil para redondear una estafa insólita con nómina de jefes/cuñados, conductores y heridos más o menos imaginarios, fijos discontinuos en esta cooperativa del dinero fácil. El relato de aquel conductor de la EMT que vio cómo 14 jóvenes que se habían subido a la vez se desparramaban por el suelo entre ayes histriónicos tras el choque más bien leve de un coche, permitió a la policía tirar del hilo. Hay grupos de WhatsApp que no se andan con pamplinas, y este de la banda del collarín y de la impostura cervical no perdía el tiempo: una veintena de estafas al menos en los tres últimos años y 260.000 euros de botín. El móvil al volante siempre es un peligro, pero también herramienta muy útil en el reparto de ciertas tareas. Liderazgo, planificación extrema y trabajo en equipo eran aquí un cóctel que sorprende a todos, incluidos los investigadores que han destapado una exhibición coral de picaresca tan elaborada que pasará a los manuales de criminología. Hay que felicitar a la policía por el éxito, sobre todo si se es usuario de autobús, taxi o metro. El clan ultimaba planes ya avanzados de un choque múltiple de coches con el metro cerca del Clínico. No se dejaba nada a la improvisación, así que unas Urgencias a mano redondearían el golpe a los recursos públicos a coste cero.

Era un acelerón más de este coche sin frenos cargado de codicia gregaria, violencia y daños colaterales buscados e imposibles de calcular a priori. La búsqueda de dinero fácil fuerza a muchas cosas, y no digamos la desesperación fruto de la extrema necesidad, pero no parece el caso de esta pyme familiar en plena expansión. La inteligencia aplicada por la banda del collarín prueba que, pese a lo que diga Tejerina, el sistema escolar andaluz, incluso si hay abandono temprano, arroja al mercado altas capacidades que luego se malean y solo atienden, en cuanto a leyes, a la del mínimo esfuerzo y al filo del código penal, pero capaces de crear todo un perverso máster. La innovación es uña y carne en los delitos digitales, pero no le hace ascos al crimen analógico organizado. Entre un tipo primario que se pone a reventar de madrugada un cajero con una excavadora y un hacker que sueña con el gran golpe en criptomonedas hay un abismo que en Málaga, tradición y vanguardia siempre, ofrece en la misma semana la caída de la banda de los 82 descerebrados muy espabilados y la que atendía el robo de productos en el campo por encargo de restaurantes y fruterías de la Costa. La economía colaborativa gana terreno en el lado oscuro.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos