Torra no logra reconducir la cada vez más aguda crisis entre JxCat y Esquerra

Quim Torra. /Efe
Quim Torra. / Efe

El pacto entre socialistas y postconvergentes en la Diputación de Barcelona deja la legislatura catalana herida de muerte

CRISTIAN REINOBarcelona

La crisis entre las fuerzas independentistas subió este miércoles otro grado, a la espera de la votación de este jueves en la Diputación de Barcelona. El pacto suscrito entre el PSC y JxCat para que los socialistas presidan el gobierno provincial ha supuesto la gota que ha colmado el vaso en unas relaciones muy tocadas, casi heridas de muerte, que vienen ya de lejos.

Todo se acabó de torcer en el independentismo entre el 26 y el 30 de octubre de 2017. Puigdemont quería convocar elecciones, Junqueras y Esquerra le presionaron para que no lo hiciera y declarara la independencia y el presidente de la Generalitat se cobró luego la venganza huyendo a Bruselas. La unidad es más un mantra que una realidad. ERC no quiso investir a Puigdemont en enero de 2018 y desde entonces cada uno va casi por su cuenta, aunque todos los martes se sienten juntos en el Consejo de Gobierno de la Generalitat. La legislatura está muerta, pero nadie anunciará la ruptura antes de las elecciones para no ser acusado de traidor al soberanismo.

La diputada de JxCat, Elsa Artadi, afirmó el lunes pasado que la unidad secesionista había tocado fondo, pero la caída libre en la que se encuentran las relaciones entre la dos fuerzas que dan apoyo al Gobierno catalán parece no tener fin. Y es que hacía tiempo que la tensión entre las dos fuerzas independentistas no era tan palpable como la que se vivió este miércoles en la Cámara catalana. Unos y otros se miraban de reojo y no ocultaban sus diferencias. El cruce de reproches -en público y en privado- no fue el de dos socios, sino en el dos enemigos irreconciliables. Ambos se acusaron mutuamente de mentir. ERC se siente traicionado y advierte de que si se mantiene el pacto entre postconvergentes y socialistas en la Diputación de Barcelona será un «antes y un después», y amenaza con precipitar el adelanto electoral. «Vuelve la sociovergencia», señalan los republicanos. Y atentos, dicen, porque es un aviso para la próxima legislatura catalana.

Desde el otro lado de la trinchera, acusan a ERC de estar trabajando en un pacto de izquierdas. Y replican a los republicanos que si quieren frenar la presidencia de Nuria Marín (PSC) en la Diputación de Barcelona, lo que tienen que hacer es revertir las alcaldías en Sant Cugat y Figueras, en manos de Esquerra a partir de pactos con, entre otros, el PSC. De la noche al día, parece como si los independentistas se hubieran olvidado de que tienen un proceso soberanista que gestionar y como si hubieran vuelto de golpe a la política anterior a 2012. Solo se preocupan por las sillas, se critican ambos de forma cruzada.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, trató de lanzar un mensaje de calma y llamó a la unidad para «avanzar juntos». «Si la represión nos afecta por igual, tenemos que estar juntos en todos lados», aseguró en la Cámara autonómica. El dirigente nacionalista lamentó la parte de culpa que pueda tener en la división y emplazó a sus socios de Esquerra a tratar de «minimizar» las contradicciones. El objetivo, dijo, es volver a ejercer el derecho de autodeterminación. Torra busca la unidad del soberanismo para dar una respuesta a la sentencia contra los líderes del 'procés'. Para ello ha iniciado una ronda de contactos con todos los actores del independentismo. No lo tendrá fácil, teniendo en cuenta que Roger Torrent, presidente del Parlament, ha iniciado una ronda alternativa, buscando su propio consenso al margen de Torra.

La ANC llama al orden

El cuadro de la desunión lo acabó de pintar la Asamblea Nacional Catalana, que este miércoles se manifestó frente a las sedes de ERC y JxCat para presionarles por haber llegado a pactos, cada uno por su cuenta y en el ámbito local, con el PSC. La ANC, que ya hace tiempo que va por libre, apretó también para que los independentistas obstaculicen la investidura de Pedro Sánchez.

La ANC es casi el único actor del secesionismo que no acaba de entrar en la etapa de aceptación de la realidad. El sector duro de JxCat, con Torra y Puigdemont a la cabeza, se resiste por momentos, pero el pacto suscrito con el PSC en la Diputación de Barcelona marca un punto de inflexión. No ha vuelto la vieja Convergència, pero sectores nacionalistas sí que llevan tiempo advirtiendo del riesgo de que ERC se lleve el voto moderado soberanista.