PP y Ciudadanos reprochan a Batet una actitud «cómplice» con el independentismo

-El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, jura su cargo en el Congreso. / EFE

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Era el primer pleno en el que los tres partidos de la derecha coincidían en el hemiciclo. Y PP, Ciudadanos y Vox, estilos distintos, compartieron el mismo reproche a Meritxell Batet en su estreno como presidenta del Congreso. Las múltiples fórmulas empleadas por los diputados de Esquerra y Junts per Catalunya –Oriol Junqueras se refirió a sí mismo como «preso político»– para acatar la Constitución pusieron en pie a la oposición. Hasta el punto de que Pablo Casado llegó a censurar a la dirigente socialista una actitud «condescendiente e incluso cómplice de un intento de blanqueamiento de delitos muy graves contra la Constitución». 

El PP vio en la sesión parlamentaria de este martes un argumento más para la tesis con la que pide el voto en los comicios autonómicos y municipales del domingo. El intercambio de palabras entre Junqueras y Pedro Sánchez en su saludo en la Cámara o el aval de Batet a las expresiones heterodoxas para prometer el cargo sirvieron al líder de la formación conservadora para volver a alertar sobre supuestos «tratos ocultos» e inconfesables en campaña que intuye entre el Gobierno en funciones y el independentismo.

«La historia de España no merece este escarnio –protestó finalizado el pleno–. Un hemiciclo que aún tiene como vestigios de un golpe de Estado en el techo ciertos orificios de bala no merece este espectáculo, y esto es lo que nos espera si no se logra hilvanar un cambio de rumbo en las próximas elecciones del 26 de mayo». Lo hizo en el Escritorio, frente al salón de plenos en el que Albert Rivera había pedido la palabra para advertir sobre los secesionistas.

El presidente de Ciudadanos optó por no esperar a que concluyera la sesión y apeló al artículo 72 del reglamento del Congreso para poder intervenir y reclamar a Batet su mediación después de que la expresión «presos políticos» se repitiera en el hemiciclo. «Personas que han atacado las instituciones del Estado han venido a volver a humillar a los españoles. ¡No lo vais a lograr! –se dirigió a los independentistas antes que a la presidenta– No lo lograrán, pero esta Cámara merece que usted nos defienda». No hubo lugar y desde su formación afearon a la también exministra de Política Territorial su «complicidad» con los secesionistas.

A golpes contra el escaño

Mientras, Vox optó por el ruido, las palmadas contra el escaño, para tapar aquellos juramentos que, según su perspectiva, podían vulnerar los derechos de los españoles. El nuevo portavoz en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, justificó la protesta «expresiva» de los suyos y no entendió que pudiera generar controversia. «A mí me sorprende que a usted le sorprenda que Vox haya dado un golpe en la mesa cuando lo que se estaba produciendo era un insulto a todos los españoles», respondió a la prensa. Y, como las otras dos formaciones de la derecha, la suya reclamó por escrito a la Mesa recién constituida la suspensión inmediata de Junqueras, Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull como diputados. Vía reglamento del Congreso, añadió el PP, o vía Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Pablo Casado solicitó, además, a Batet revisar los juramentos tras una sesión que consideró una «vergüenza» tanto «nacional» como «internacional». Dejó así en el aire, y Vox lo haría poco después, la posibilidad de que algunos secesionistas no hubiesen culminado el proceso de acatamiento de la Carta Magna correctamente. «No se puede adquirir la condición como parlamentario cuando se insulta a la institución a la que se pretende representar», explicó.

El PP se propuso, además, rescatar una de sus promesas electorales y anunció el registro de una iniciativa para regular las fórmulas de juramento en el futuro, de manera que no respondan a una mera cuestión protocolaria.

Por Ander Azpiroz

La ultraderecha regresó este martes al Congreso tras 37 años de ausencia. Lo hizo, además, con la intención de marcar un perfil propio frente a PP y Ciudadanos, sus rivales por la derecha. Lo primero que hicieron los de Santiago Abascal fue aprovechar las particularidades de la sesión constitutiva de la Cámara baja para sentarse donde les vino en gana. Y este lugar no fue otro que la bancada socialista, vacía a primera hora de la mañana porque los diputados del PSOE asistían a una reunión de su grupo parlamentario.

Fue el primer desafío de la larga lista que se le adivina a Vox a lo largo de la presente legislatura. Durante las votaciones para elegir la composición de la Mesa del Congreso Abascal y los suyos mostraron su malestar con PP y Ciudadanos por haberles dejado fuera del órgano de gobierno de la cámara.

En cada una de las llamadas a la urna apoyaron a sus propios candidatos. Y cuando la elección de la Presidencia necesitó de una segunda votación para elegir entre Meritxell Batet y Ana Pastor, al quedarse la primera a las puertas de la mayoría absoluta, los 24 representantes de la extrema derecha prefirieron compartir el blanco con Junts per Catalunya y EH Bildu antes de brindar su apoyo a la candidata popular.

Fue una extraña foto, con Vox y los independentistas catalanes y vascos votando en la misma dirección, pero que se justifica en el malestar de los de Abascal por, según mantienen, haber sido ninguneados por conservadores y liberales. Es algo, además, que traerá consecuencias, ha amenazado Vox a las puertas de unas elecciones autonómicas y municipales cuyos apoyos se presentan como imprescindible para repetir acuerdos a la andaluza que frenen a la izquierda.

Los diputados de Podemos entraron en 2015 como un torbellino en el Congreso y con el propósito de llevar a la moqueta del hemiciclo las protestas que se repetían en la calle. Cuatro años después, presume de ser el grupo más considerado con sus adversarios en el fragor parlamentario.

Pablo Iglesias censuró la actitud de Vox al tratar de silenciar con sus golpes en la mesa las proclamas con las que los diputados independentistas. «Cualquier diputado tiene derecho a acogerse, y ya lo ha explicado muy bien la presidenta del Congreso, citando una sentencia del Tribunal Constitucional, a cualquier formula de acatamiento», justificó el líder podemista.

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