La creciente tensión entre Sánchez e Iglesias aumenta el riesgo de una repetición electoral

Sánchez e Iglesias ayer, justo antes de su reunión fallida para la investidura en el Congreso. :: J. C. Hidalgo / EFE/
Sánchez e Iglesias ayer, justo antes de su reunión fallida para la investidura en el Congreso. :: J. C. Hidalgo / EFE

El PSOE y Podemos se acusan de nulo ánimo negociador tras la quinta reunión entre sus líderes para la investidura

PAULA DE LAS HERASMADRID.

No es ya que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no fueran capaces de avanzar en la negociación para la investidura que se votará el 23 y el 25 de julio durante la reunión que ayer mantuvieron en el Congreso, es que su relación es cada vez más tensa. Ni el líder de Unidas Podemos ni la vicesecretaria general del PSOE, encargada de ejercer como portavoz tras el encuentro, Adriana Lastra, disimularon la enorme distancia que los separa. El juego de la adjudicación de culpas ante un eventual adelanto electoral, cada vez más factible, está en marcha.

Las cosas ya pintaban mal de antemano y los pronósticos se cumplieron. El lunes, el presidente en funciones recibió el aval de su ejecutiva para mantenerse firme en su decisión de no abrir la puerta a la entrada de ministros de Podemos y puso en marcha una estrategia encaminada a asentar el relato de que Iglesias está dispuesto a frustrar, por segunda vez desde 2016, un Gobierno «progresista» simplemente por no ver satisfecha su «ambición» por los sillones. La dirección del partido aprobó así entregar a la coalición de izquierdas un documento, bajo el nombre 'España avanza', para empezar a hablar de algo más que la composición del Ejecutivo.

Iglesias recibió con escepticismo el texto, que definió como un «corta y pega» del programa electoral del PSOE (los propios socialistas admitieron que no es más que una «síntesis» de la oferta con la que concurrieron a los comicios del 28 de abril), y en el que apenas hay guiños hacia su partido. Es más, en Unidas Podemos sostienen que es un «paso atrás» respecto al documento que, hasta ahora, el propio PSOE esgrimía como prueba de que, entenderse sobre contenidos no iba a «costar nada», el pacto presupuestario de octubre de 2018. Pero, sobre todo, el líder podemista dejó claro que no se apearía de una negociación «integral» sobre contenidos, sí, pero también sobre puestos de Gobierno.

No hubo, pues, sorpresas. «Se niega a constituir los equipos de negociación; entendemos que antepone los nombres a las líneas a desarrollar», recriminó Lastra. «Constatamos que no quieren negociar. No es sensato que el PSOE actúe como si tuviera mayoría absoluta cuando no la tiene», acusó por su parte Podemos a través de un escueto comunicado.

Iglesias eludió comparecer ante los medios, pero cazado al vuelo a las puertas de un ascensor argumentó que él no ha parado de «flexibilizar» su postura. Como gestos por su parte, los podemistas computan la oferta de renunciar al Ejecutivo de coalición si, una vez sometido a la investidura, no cuenta con apoyo suficiente y la disposición a firmar por escrito que serán leales en la estrategia hacia Cataluña y en materia de política exterior.

Desconfianza mutua

Los socialistas cuestionan que esas propuestas impliquen cesión alguna y defienden que los únicos que se han movido hasta ahora han sido ellos al pasar de defender un Gobierno en solitario a abrir la puerta a que Podemos se incorpore a puestos de segundo nivel en la Administración del Estado, a que Iglesias proponga ministros independientes o a la creación de una comisión de seguimiento de lo pactado.

Todo habla de una desconfianza mutua que, lejos de ocultar, ambas partes se esfuerzan en exhibir. Las filtraciones interesadas sobrevuelan desde hace días las negociaciones y cada vez son más intensas. Si el lunes fuentes de Podemos aseguraron que Sánchez llegó a ofrecer dos ministerios a Iglesias en la primera reunión del 7 de mayo y que fue tras las elecciones autonómicas y municipales cuando dio marcha atrás, ayer fue el PSOE el que difundió que Iglesias reclamó a Sánchez la Vicepresidencia del Gobierno y que «solo quiso hablar de eso».

Lastra argumentó que su partido ha «callado por responsabilidad» durante demasiado tiempo ante algunas «falsedades» y puso en duda la buena voluntad de sus «socios preferentes». «A unas negociaciones se acude con ánimo de pactar», adujo. En Podemos creen que el hecho de que los socialistas reclamen la abstención de Ciudadanos y el PP «para no depender de los secesionistas» muestra que Sánchez no persigue realmente poner en práctica una agenda de izquierdas. Y, de momento, no hay más reuniones a la vista.

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