«Espero dirigir mi propio laboratorio algún día y ayudar a curar el autismo»

Lleva un lustro en Estados Unidos /
Lleva un lustro en Estados Unidos

Manuel Francisco López Aranda es biólogo en la Universidad de California. Afincado en Los Ángeles desde 2010, este mijeño de 36 años trabaja en un laboratorio del departamento de Neurobiología

MIGUEL GÁMEZ

Lleva un lustro en Estados Unidos y, aunque se siente muy mijeño y echa de menos su pueblo, expresa que en España no tendría la oportunidad de progresar en su profesión de biólogo, por lo que tuvo que cruzar el charco en 2010. Manuel Francisco López Aranda trabaja en un laboratorio en el departamento de Neurobiología de la Universidad de California, en Los Ángeles, buscando una cura para el autismo.

«Es un laboratorio grande, muy bien equipado, donde me dan libertad para desarrollar mis investigaciones. Desde ahí puedo ver el campus, que es enorme y muy verde, como una pequeña ciudad ecológica, rodeado de árboles. Me gusta porque me recuerda a las montañas de mi Mijas. La distancia entre mi casa y el laboratorio es de 6 kilómetros. Como el tráfico es intenso, me compré una moto para evitar atascos», indica.

Manuel López Aranda

36 años, casado
Estudios. Licenciado en Biología y Doctor por la facultad de Medicina de la Universidad de Málaga. Máster en Formación del Profesorado, en la misma Universidad
Idiomas. Español (nativo) e inglés (nivel alto)

Manuel explica en qué consiste su trabajo. «Mi posición aquí es la de Postdoctoral Schollar, con un proyecto de investigación concedido por Children Tumor Foundation. Mi investigación se centra en el autismo, en determinar si hay correlación entre mutaciones genéticas y factores ambientales que desencadenan los síntomas del autismo (déficits en interacción y memoria social). Pretendo aportar mi grano de arena en la obtención de una cura».

Manuel, que obtuvo varios premios de investigación y que fue calificado como el padre de la proteína de la memoria por sus descubrimientos (publicados en 2009 en la revista Science), apostó por la Universidad de Málaga hasta comprobar que no progresaba en sus investigaciones. «Tras obtener el título de doctor, no había opciones para mí en España. Siguiendo los consejos de mi director de tesis, lamentablemente tuve que irme. En 2007 estuve tres meses en el departamento de Neurociencia de la Universidad de Pittsburgh (EEUU) para aprender y realizar estudios de comportamientos en ratas, técnicas de microcirugía cerebral y microdiálisis. Llegué a Los Ángeles en 2010».

Fue la antesala de su viaje definitivo a tierras norteamericanas, donde conoció a Julie. «Tuve la enorme suerte de conocer a la que hoy es mi mujer desde hace tres años. Ella ha sido un gran apoyo y me motiva a seguir adelante cuando el cansancio hace mella en mí. Es americana, pero de padres mexicanos, por lo que desde el principio tuvimos mucho en común», comenta. Julie trabaja en Activision, una empresa que fabrica y comercializa videojuegos, una de las pasiones de Manuel.

Ambos, Manuel y Julie, serán padres a comienzos de 2016 de una niña que se llamará Stacy. «Será americana de nacimiento, pero llevará sangre mijeña. Pensamos bautizarla en la Parroquia de Mijas, donde fui bautizado y donde me casé con Julie», asegura.

Reconoce que a veces le invade la nostalgia. «Mijas representa mis raíces, allí me educaron en valores como respetar a mis mayores, ayudar al prójimo y llevar la verdad por bandera. Crecí corriendo por sus calles, subiendo a ese monte que siempre huele a tomillo, manzanilla y pino, bebiendo agua fresca en El Compás, ensayando con la banda de música en La Muralla. Lo peor que llevo es estar lejos de mis padres, hermanos y sobrinos, aunque hablo con ellos cada día por Skype». Y comenta algunos usos y costumbres de Los Ángeles: «En la universidad he conocido a españoles y quedamos siempre que podemos. El salario aquí es más alto y hay oportunidades de trabajo a todos los niveles, pero el nivel de vida también es superior. No me acostumbro a que vendan la fruta por piezas y que una naranja cueste casi un dólar o un aguacate 2,5».

«Deseo de corazón que mis investigaciones ayuden a personas con autismo y a sus familias. Por ellos me esfuerzo cada día. Por eso espero poder dirigir algún día mi propio laboratorio, así como dar clase en la universidad y guiar así a los nuevos investigadores, pues ellos constituyen el futuro», concluye.

 

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