Willy Milayi: «África no puede esperar a que lleguen los europeos a solucionar nuestros problemas»

El sacerdote Willy Milayi, en la terraza de la Cofradía de Estudiantes, donde ofreció una charla. /FÉLIX PALACIOS
El sacerdote Willy Milayi, en la terraza de la Cofradía de Estudiantes, donde ofreció una charla. / FÉLIX PALACIOS

El sacerdote congoleño, conocido por sus campañas contra el trabajo infantil en su país, busca apoyo para construir una escuela

Francisco Gutiérrez
FRANCISCO GUTIÉRREZ

Está 'fichado' por las autoridades congoleñas desde que denunció la explotación infantil en su país. Son los que llama 'niños cadáveres', pequeños obligados a bajar a profundas galerías para arrancar de la tierra el coltán, cobalto o cobre, minerales utilizados por la industria tecnológica. «Nuestros móviles están manchados con la sangre de todos estos niños», afirma Willy Milayi, que desde hace unos años trabaja para levantar una escuela en la que dar formación a alguno de los más de 20.000 niños sin hogar que hay solo en la capital del país.

–Usted se encuentra en España difundiendo su proyecto de un colegio para niños en la capital de República Democrática del Congo. ¿con qué objetivo?

–En Kinsasa, la capital, hay más de 20.000 niños que viven en la calle. Es una situación que queremos afrontar, en principio con un colegio y centro de acogida, para retirarlos de la calle y darles una educación y una formación profesional adecuada para que puedan buscarse la vida.

–¿Cómo es la situación política y social en RD Congo?

–Muy complicada. Es un país rico, con grandes recursos naturales, pero hay mucha miseria. Es un país fallido, con gobernantes corruptos que se enriquecen con el sacrificio de su pueblo. Fíjese que nuestro presidente tiene 70 empresas radicadas en Islas Vírgenes.

–Un país también desangrado con las continuas guerras, hasta tres en los últimos años.

–Sí, se vive una situación bélica casi permanente. En el país operan 130 milicias, en la zona este de RD Congo, que es donde se concentra la riqueza minera. Fíjese que las tres guerras que hemos tenido en el país han estado relacionadas con los minerales.

–¿Qué balance de víctimas calculan en estas guerras?

–En Congo han muerto, en estas tres guerras, siete millones de personas. Pero el genocidio congoleño no se conoce, sí el de Ruanda, donde fueron dos o tres mil víctimas.

–Esto a pesar de los esfuerzos internacionales por alcanzar la paz..

–RD Congo es un país fallido. Con la complicidad de Ruanda, Burundi y, por supuesto de los políticos congoleños. También de la comunidad internacional: Naciones Unidas envió 20.000 cascos azules y no fueron capaces de acabar con la guerra.

–Guerras que siempre aparecen relacionadas con los minerales, y en concreto con el coltán. ¿por qué?

–El coltán es un mineral metálico muy escaso en la naturaleza que se compone de colombita y tantalita, dos minerales que se utilizan en la fabricación de componentes para dispositivos electrónicos por sus cualidades. Al ser tan escaso es muy caro, y los principales yacimientos se encuentran, entre otros países, en RD Congo.

–Si es tan demandado y tan caro, ¿cómo es que el gobierno no regula la explotación y obtiene beneficios y empleo para sus ciudadanos?

–La explotación de esas minas está en manos de las guerrillas, que financia Ruanda. No es una explotación regulada como conocen en Europa. Las guerrillas llegan a un poblado, secuestran a toda la población y se los llevan a la selva para esclavizarlos. A los niños en la mina, a las mujeres como esclavas sexuales.

–¿Por qué acusan a Ruanda?

–Es un país muy pequeño, sin apenas minas, y que resulta que controla el comercio mundial de coltán. Esto lo consigue gracias a esas guerrillas, que llevan ahí el mineral para escapar del control y poder comercializarlo, en connivencia con las grandes multinacionales.

–Llegamos así al objeto de su presencia en España, los niños que trabajan en estas minas. ¿Cómo conoce esta historia?

–Fue algo que me impactó y escandalizó profundamente. Estaba en Kinsasa, y conocí a Jose, un niño de la zona norte que había llegado a la capital recorriendo 7.000 kilómetros. Acudió a mí al ver que era sacerdote. Me pidió ayuda, estaba en la calle, y no conocía a nadie.

–¿Cómo llegó hasta la capital?

–Habían matado a toda su familia. A su padre; a su madre y a sus hermanas después de violarlas, delante de él. Pudo escapar y llegó a la capital, pero estaba solo, no conocía a nadie. Lo acogimos en la comunidad. Cuando le pregunté si no había tenido miedo de morir, de ser capturado por las milicias, me contestó con toda crudeza que ellos ya eran cadáveres y que un cadáver no puede tener miedo a la muerte.

–¿Qué les cuentan de sus condiciones de vida y trabajo?

–Pues son condiciones de absoluta miseria, de explotación, de esclavitud. Los cogen a ellos, a los niños, porque son pequeños y los pueden bajar por las galerías hasta 200 metros de profundidad para llegar al mineral. Los tienen trabajando de 6 de la mañana a 7 de la tarde, para ganar apenas dos dólares. En estas circunstancias, los accidentes, las muertes, son frecuentes. Y los que sobreviven sufrirán enfermedades graves al estar en contacto con materiales tóxicos sin ningún tipo de protección.

–Organismos internacionales, como Nacionales Unidas, y países como Estados Unidos o la propia UE han dictado normas para prohibir el comercio con materiales como este importados de zonas de guerra, ¿confía en esta solución?

–No, porque como le he comentado, en RD Congo no hay estado, no hay una administración que funcione y pueda controlar el trabajo de los niños. Tampoco creo que haya mucho interés en solucionar los problemas. El primer paso debería ser acabar con los grupos armados. Y denunciar el tráfico y comercio de estos materiales por parte de las grandes multinacionales. Pero ya le digo, no hay en el país quien controle y aplique esa normativa.

–Se tiende a culpar a Europa de los problemas de África, de la colonización, ¿cree que ya es hora de que los africanos asuman su responsabilidad?

–Nosotros tenemos la responsabilidad de gobernarnos, y de buscar el bien común de los pueblos de áfrica. Tenemos que ser responsables, no podemos esperar que lleguen los europeos a solucionarnos los problemas.

–¿Qué opina de la migración, de las muertes en el Mediterráneo?

–Es una situación muy preocupante, muy dolorosa, vergonzoso ver a jóvenes muriendo en el mar. La UE puede ayudar a frenar esta inmigración dejando de apoyar a dictadores e invirtiendo en los países. Con educación, sanidad y trabajo nadie se marcharía de su lugar de origen.

–¿Ha sido o se siente amenazado por esta campaña de denuncias de la esclavitud infantil en su país?

–Amenazado, de momento no. Lo que sí me ha ocurrido es que el año pasado las autoridades me prohibieron salir del país, venir a España. Había salido un artículo y estaban molestos. Somos muchos los 'fichados', sacerdotes que como yo denunciamos estas situaciones de injusticia.

-¿Cómo se puede colaborar en esta acción social?

-Tenemos un correo electrónico de contacto, osped.cd@gmail.com Y recibimos donaciones en DE85370601930057286016 Titular, Congrégation Missionnaire Scheut Asbl