La familia de Guillermina consigue su traslado a Cudeca

Guillermina Freniche, junto a su hija Astrid en una foto familiar./
Guillermina Freniche, junto a su hija Astrid en una foto familiar.

Los hijos de esta vecina de Torremolinos reclaman el derecho a una muerte digna de su madre, que es alimentada a través de una sonda por orden judicial

Francisco Jiménez
FRANCISCO JIMÉNEZMálaga

Guillermina Freniche, la vecina de Torremolinos de 79 años enferma de alzhéimer para quien sus hijos vienen batallando por una muerte digna, ya ha sido trasladada de la residencia en la que se encontraba desde hace seis años al centro asistencial de Cudeca, en Arroyo de la Miel, para recibir los cuidados paliativos que reclaman desde que a mediados de julio, a través de una sentencia judicial que fue recurrida sin éxito por sus hijos, es alimentada con una sonda nasogástrica. Guillermina, que vive postrada en una cama, sigue con la alimentación forzosa, pero ahora lo está haciendo en la unidad de cuidados paliativos de Cudeca, en Benalmádena.

«Es un paso más, así que estamos contentos porque ahora está donde quería», afirma su hijo Ricardo, quien en el plano negativo lamenta «las trabas que están poniendo desde la residencia» ante su negativa a firmar la baja de su madre en el momento de su traslado. El resultado, una citación en el Juzgado de Instrucción número 2 de Torremolinos. «Me negué a firmar un documento en el que se eximen de cualquier responsabilidad sin que antes lo viera mi abogado», alega Ricardo, quien pese a todo insiste en que «lo importante es que al final ha conseguido salir, aunque luego se siga judicializando todo».

La historia de Guillermina ha salido a la luz a través del hilo de Twitter que publicó su hija Astrid pidiendo el derecho a una muerte digna para su madre, conocida por ser una de las primeras mujeres empresarias en la Costa del Sol, fundadora de Gala Decoración. «Le niegan los cuidados paliativos porque su cerebro ha sido destruido por una enfermedad neurodegenerativa y no por un cáncer. No puede quejarse», relataba. En cuanto al pronunciamiento judicial que obligan a su alimentación forzosa, lamentan que decidan por ella «una jueza y un forense que no la conocen, que nunca hablaron con ella». «Lo único que pedíamos es cuidados paliativos para que no sufra», remarca Ricardo.