El Aula del Mar, o la defensa de la riqueza de la bahía de Málaga

Juan Jesús Martín es uno de los cinco jefes fundadores del Aula del Mar. /Germán Pozo
Juan Jesús Martín es uno de los cinco jefes fundadores del Aula del Mar. / Germán Pozo

La biodiversidad de la fauna marina de la costa de Málaga está a tiempo de salvarse de los efectos contaminantes del ser humano, pero hace falta mayor concienciación

ALEJANDRO DÍAZ

La bahía de Málaga representa uno de los espacios de mayor riqueza ambiental, a pesar de las amenazas que se ciernen desde hace décadas sobre su biodiversidad marina debido a las malas prácticas del ser humano. Sin embargo, la concienciación y la educación son dos armas fundamentales para luchar por preservar el entorno, pues aún estamos a tiempo de salvar a las especies marinas que habitan o pasan por nuestras costas e incluso de recuperar poblaciones de peces y algas que se han visto mermadas.

Juan Jesús Martín es uno de los cinco jefes fundadores del Aula del Mar y está convencido de ello. Es un entusiasta del litoral malacitano. «Málaga está situada en el corazón del Mar de Alborán, que abarca desde el Estrecho de Gibraltar hasta el Cabo de Gata. Es el único lugar del mundo donde conviven especies mediterráneas y atlánticas», explica Martín, quien en apenas unos minutos es capaz de romper con algunos mitos, como que el chanquete sea una especie que lleve años extinguida.

«Para nada, el chanquete continúa poblando nuestras costas, lo que sucede es que no llega a nuestros platos, dado que en los ochenta se prohibió su captura. Esto se debió a que se usaba el 'copo' para capturarlo, una red de arrastre que, además de chanquetes, se llevaba por delante larvas y crías de otras especies, lo que puso en riesgo la supervivencia de muchas de ellas», comenta Martín, quien encuentra una explicación para todas las cuestiones relativas a su especialidad.

Por ejemplo, para aquello que siempre se ha dicho sobre que el agua de las playas de Málaga es más fría que en otros lugares del entorno. En este caso, no es una leyenda urbana, sino un fenómeno que tiene una explicación científica: «La proximidad con el Atlántico genera corrientes cuyo efecto es que suban las aguas de profundidad, de ahí que el agua de nuestro litoral sea algo más fría que en el resto del Mediterráneo», subraya Martín.

Pero esta pequeña 'desventaja' para el bañista 'friolero', supone una mina de oro para la biodiversidad. «Permite que pasen muchas especies migratorias, como las tortugas marinas provenientes de Centroamérica que llegan a nuestras costas durante la primavera y se marchan con el otoño en busca de aguas más cálidas».

Estas suelen ser hembras adolescentes, por lo que algún día volverán para desovar en nuestras playas. En colaboración con la Universidad de Tenerife, realizaron una prueba piloto, en la que colocaron un localizador durante cuarenta y cinco días a una de estas tortugas que liberaron en la costa gaditana. «Estuvo unos días por el golfo de Cádiz; después en Mauritania y la última señal que envió el transmisor nos indicó que ya estaba por el Triángulo de las Bermudas», comenta Martín, siempre optimista y entregado a la labor que realiza el equipo del Aula del Mar.

No es la tortuga marina la única especie migratoria que cruza por nuestras costas:ballenas, atunes y peces espadas se dan cita en esta parte del Meditérraneo dentro de su travesía por el mundo. «Málaga es un lugar privilegiado: tenemos dunas, como las de Artola en Marbella, desembocaduras de ríos, acantilados y playas. Desde el punto de vista del litoral, se trata de un tesoro», añade Martín, quien reseña que en el Aula del Mar todos aportan su granito de arena para la conservación de este entorno.

Treinta años de Aula del Mar

El 7 de julio de 1989, en la antigua Cofradía de Pescadores, un grupo de cinco profesionales de distintas disciplinas le echaron valor y crearon el Aula del Mar. Hoy ya son 20 trabajadores. En todos estos años, han salvado ballenas varadas, han sido testigos de cómo una tortuga desovaba en una playa de Almería 97 huevos de los que nacieron 22 crías o han rescatado a focas nórdicas y devuelto a su entorno natural por tierra, mar y aire.

Málaga fue pionera en contar con un centro de recuperación de especies marinas. Todo comenzó cuando una bañista se encontró «una bola de alquitrán». Se trataba de una tortuga marina. Cuenta Martín que la atendieron en una un puesto de la Cruz Roja. Lograron retirarle el alquitrán y que consiguiese respirar. Era el año 1991. Fue cuando propusieron a la Junta de Andalucía firmar un convenio para que se crease un centro de recuperación de especies marinas amenazadas. «Aquello fue realmente el germen de nuestra labor», reconoce este apasionado de la naturaleza:porque Martín es biólogo especializado en especies marinas y en aves, pero también pedagogo.

Educación

Tal vez por ello demuestra tanta confianza en educar y concienciar a la población. «La mayoría de personas que cometen una imprudencia que atenta contra la naturaleza lo hace por pura ignorancia», indica Martín y pone como ejemplo el caso reciente de unos bañistas que se pusieron a recoger lapas de unas rocas y fueron sancionados porque dicha especie estaba protegida por estar catalogada como en riesgo de extinción.

Una de las labores del Aula del Mar a través del Museo Alborania, ubicado en el Palmeral de las Sorpresas, es esa:la de poner en valor la gran diversidad de nuestra costa, pero también la de advertir sobre los grandes retos a los que se enfrenta Málaga con respecto a la preservación de su litoral.