Doña Mariquita cierra tras 77 años en la plaza Uncibay

Camareros vestidos de uniforme durante los primeros días del negocio. /SUR
Camareros vestidos de uniforme durante los primeros días del negocio. / SUR

La popular cafetería bajará la persiana a final de este mes por la jubilación de su propietario

Juan Soto
JUAN SOTOMálaga

La cafetería Doña Mariquita está a punto de servir sus últimos cafés tras 77 años en la céntrica plaza de Uncibay. El popular negocio, punto de encuentro de vecinos y empresarios del Centro, cerrará sus puertas a final de mes por la jubilación Fernando, el hijo del fundador. A sus 69 años se ha visto obligado a bajar la persiana por un problema de salud que le va a obligar a pasar por el quirófano.

Fernando, a quien desde hace dos días no se le ve detrás del mostrador, explica apenado que cierra en contra de su voluntad y por la presión de su familia y amigos, no porque le preocupe la salud. Es más, asegura que nunca ha pensado en la jubilación y no descarta regresar si todo sale bien. «Este negocio es como ni niño pequeño y no sé vivir sin él», confiesa.

Doña Mariquita abrió el 17 de noviembre de 1942 como lechería -una especie de salón de té en el que también podían entrar mujeres-por Francisco Villén, el padre del actual propietario. Oficial de Méndez Núñez y encarcelado por republicano tras la Guerra Civil, decidió abrir el negocio al salir de la cárcel. Su hijo Fernando recuerda que cogió el traspaso de la lechería Doña Mariquita, que no funcionaba muy bien, y la convirtió en una de las más famosas de la ciudad. Aunque inicialmente quería cambiarle el nombre no pudo hacerlo por diferentes trabas burocráticas durante la época franquista y ya después lo descartó. «Cuando ya consiguiò el permiso para hacerlo todo el mundo conocía la plaza de Uncibay como la plaza de Doña Mariquita y se le quitó la idea de la cabeza».

Fernando se incorporó al negocio familiar con apenas 14 años porque su padre sufrió un cáncer y desde entonces no ha faltado un solo día. De hecho, ahora que lleva dos días fuera de la barra todo el mundo le pregunta con una mezcla de extrañeza y preocupación. «Son sólo unos centímetros, pero no es lo mismo», le espeta un cliente mientras realizamos este reportaje.

Tras unos años como lechería, Doña Mariquita se convirtió en una cafetería al uso y posteriormente se amplió con una churrería (en 1956) y una hamburguesería (en 1988). Actualmente cuenta con tres locales de unos 90 metros en total, siete trabajadores y da servicio a la plaza durante todo el día -de 8 a 2 horas-.

El actual dueño, en la puerta del establecimiento.
El actual dueño, en la puerta del establecimiento. / Salvador Salas

El actual propietario confiesa que siempre ha tenido una clientela selecta y presume de que por sus negocios han pasado generaciones completas de familias. «Al principio venían los novios y ahora lo hacen los nietos y biznietos de esas familias». Igualmente enumera a gente de todas las edades, desde jóvenes a profesionales de la zona o turistas que tienen a Doña Mariquita como parada diaria obligatoria. «La plaza ha cambiado mucho, pero nosotros siempre nos hemos mantenido pese a lo complicado que es por la fuerte competencia».

El negocio abrió el 17 de noviembre de 1942 como lechería y pronto se hizo un nombre

Tras toda una vida de trabajo, Fernando también recuerda luces y sombras. En la parte negativa refleja las obras de la plaza, que «fueron como una condena, duraron un año, dos semanas y un día». Durante ese tiempo tuvieron que atender a los clientes entre máquinas y junto a diferentes montículos de tierra. «Después las cosas mejoraron mucho porque antes apenas había una acera de un metro».

Sobre el futuro asegura no haber decidido nada. Aunque no pierde la esperanza en volver a abrir, dice que no ha pensado nada porque es lo que menos le preocupa. Los tres locales -que pensaba unir para ganar espacio- son propiedad familiar y aún no sabe si los alquilará o mantendrá a la espera de su evolución. Mientras tanto se despide con palabras de agradecimiento a todos los clientes y trabajadores. «Siempre he contado con unos profesionales excepcionales, pero ahora se abre otra etapa de mi vida», resume.

El fundador, a la derecha, junto a empleados el día de la apertura.
El fundador, a la derecha, junto a empleados el día de la apertura. / SUR