La ciudad amable: así la quieren las mujeres

El entorno de Larios y la plaza de la Constitución se considera un espacio con seguridad/MIGUE FERNÁNDEZ
El entorno de Larios y la plaza de la Constitución se considera un espacio con seguridad / MIGUE FERNÁNDEZ

Un informe sobre la urbe impulsado por el IAM detecta los puntos seguros y hostiles del Centro a ojos de ellas. Las conclusiones revelan una diferencia «marcada» entre los espacios de los residentes y los turistas y una falta de mobiliario urbano e iluminación

Ana Pérez-Bryan
ANA PÉREZ-BRYAN

Que los roles entre hombres y mujeres han empezado a cambiar pero que aún queda un largo camino por recorrer es una evidencia que no sólo se constata en las obligaciones cotidianas: también en escenarios tan aparentemente neutros como las ciudades, diseñadas en demasiadas ocasiones «desde el confort de un estudio de arquitectos sin bajar a la calle ni tener en cuenta las necesidades reales de los vecinos, y en especial de las mujeres». La reflexión la enuncia la arquitecta Cristina Gallardo, que desde hace años defiende la inclusión de esa perspectiva de género en capítulos como el urbanismo. En esa estrategia necesaria que supondría un punto de inflexión «que al final nos beneficia a todos», la especialista, junto a su colega María Soler, han impulsado de la mano del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) el informe 'Mujeres enTRAMANDO CIUDADes', destinado a arrojar luz sobre ese reto pendiente en la construcción de ciudades más amables.

La iniciativa, en la que ambas profesionales recorrieron la ciudad –y el Centro de manera específica– de la mano de una quincena de mujeres de la asociación Incide y a la Federación Ágora, ha terminado por dibujar una radiografía en la que ellas señalan los puntos amables, hostiles, seguros e inseguros del tramo que abarca desde la plaza de la Constitución hasta la plaza de Miguel de los Reyes, en la cercana Lagunillas. Antes de la exposición de las conclusiones, María Soler completa el diagnóstico de su compañera con otra apreciación: «Además del trabajo, las mujeres asumen el rol de los cuidados, tanto de los niños como de los mayores o dependientes, y eso influye en cómo 'viven' las ciudades, porque van con más cargas». Y pone un ejemplo: «A la hora de salir de casa, nuestro recorrido suele ser 'poligonal', es decir, llevamos al niño al colegio, vamos a hacer a algún recado y luego ya al trabajo; mientras que ellos lo hacen lineal: de la casa al trabajo sin pararse en nada más». Esa diferencia, a su juicio, hace que la urbe pueda llegar a ser un lugar «más hostil» para ellas, que tienen que seleccionar los recorridos «en función de todas sus obligaciones». En efecto, el informe de Gallardo y Soler revela que las mujeres que han participado en su taller certifican que Málaga «necesita más mobiliario urbano, mejor iluminación, arreglos en el acerado, más zonas verdes y mejor accesibilidad».

LA CIUDAD VISTA POR LAS MUJERES

Lugar seguro
El entorno de Larios y la plaza de la Constitución se considera un espacio con seguridad
Hostilidad
Los negocios de hostelería y la cantidad de mesas y sillas en la calle no permiten el paseo
Espacio amable
El entorno de la Iglesia de Santiago y sus comercios, destinados «a gente sobre todo local»
Zona insegura
La Casa Natal de Picasso marca el límite entre la «parte amable» para turistas y la «hostil» para locales. :: m.

Para ser más exhaustivas, las arquitectas pidieron a las participantes que fueran señalando en vivo y también sobre plano «qué sentían» cuando se encontraban en alguno de los lugares del estudio, que podían incluso generar sensaciones diferentes en función de la hora del día. Ese fue el caso, por ejemplo, de la plaza de la Constitución, percibido a la vez como un lugar seguro y amable (por su carácter peatonal, la policía que en muchos casos hay en ella y el conjunto de bancos y naranjos de uno de los laterales), pero también hostil (porque prácticamente todos los negocios están centrados en el turismo). Esa queja, la de una ciudad tomada por las mesas y las sillas y con falta de mobiliario urbano, fue compartida en todo el tramo que abarca desde el inicio de la calle Granada hasta la plaza del Siglo. La hostilidad se transforma en la sensación de un espacio 'amable' en el último tramo de la vía por la presencia de residentes en el entorno de la Iglesia de Santiago y de negocios «destinados a la gente local».

Sin ir más lejos, en la plaza de La Merced, las mujeres detectaron una mezcla de sensaciones similar a la de la Constitución (amable y segura durante el día pero insegura y hostil por la noche por los «botellones y el trapicheo»); aunque el gran salto en el recorrido se refiere al límite de la Casa Natal de Picasso, «que separa –en palabras de Soler– la ciudad de los turistas de la ciudad de los residentes». Y desde ahí, hasta terminar en la plaza de Miguel de los Reyes atravesando el corazón de Lagunillas, las mujeres marcaron lugares «hostiles e inseguros» por los defectos en el acerado, la falta de iluminación y limpieza o los recovecos. La conclusión, recogida en el informe que será enviado al Ayuntamiento, es clara y la expresa Gallardo : «Hay que avanzar en la construcción de una ciudad más centrada en las personas: es una cuestión que tiene más que ver con el sentido común que con el género, pero en cualquier caso parte de la reflexión femenina».