Félix Sáenz: el hombre que hacía 'temblar' la Bolsa de Barcelona

Félix Sáenz: el hombre que hacía 'temblar' la Bolsa  de Barcelona

Su máxima era 'Vender más barato y vender más': compraba al por mayor y vendía al por menor. Ahí estaban su beneficio y su éxito

ANA PÉREZ-BRYAN

málaga. Los que tengan la edad suficiente recordarán probablemente aquellos primeros chapuzones a la orilla del mar que se daban por inaugurados casi al mismo tiempo que una avioneta recorría el litoral anunciando las rebajas en los almacenes de Félix Sáenz. Comenzaban los descuentos, y también los baños, dejando en aquellas generaciones una huella sentimental sólo comparable a la emoción que provocaba que, de esas mismas avionetas, a veces cayeran balones de Nivea, muñequitos paracaidistas y aviones de corcho. De entre todos aquellos recuerdos, el nombre de Félix Sáenz Calvo (San Román de Cameros, La Rioja, 1859) sigue acompañando aún las charlas ésas que rescatan los 'viejos (y buenos) tiempos'.

Porque don Félix Sáenz sigue vinculado a la historia de Málaga, cuyo legado se recuerda en muchos detalles pero sobre todo en la céntrica plaza que hoy corona una conocida franquicia de moda escandinava 'en serie' pero que durante más de un siglo fue la referencia indiscutible de los almacenes que alumbró don Félix. A pesar de que los datos personales no son muy abundantes en la bibliografía, su huella empresarial sí está bien documentada y su aportación a la ciudad fue indiscutible y pionera. Quizás sí sea destacable una curiosidad sobre sus orígenes que seguro muchos desconocen: Félix Sáenz, Manuel Agustín Heredia y Martín Larios y Herreros (primer marqués de Larios), nacieron en el pequeño Valle de Cameros, en Logroño (La Rioja): Heredia lo hizo en 1786 en Rabanera de Cameros y el marqués de Larios en Laguna de Cameros en 1801.

Málaga era una 'imán'

La coincidencia en la cuna también los unió en el destino en el que los tres desarrollaron su fortuna y su enorme legado: Málaga. Y no es casualidad, porque la ciudad era un 'imán' para los comerciantes de muchas partes de España. En el caso de Félix Sáenz, el empresario decidió trasladarse a la capital en el año 1877, siguiendo los consejos familiares. Los ecos de prosperidad de los años anteriores habían llegado hasta el joven Félix, que comenzó a trabajar con un pariente suyo, Matías Benito Sáenz, en un comercio de la calle Nueva.

Así se recoge en un interesante artículo bibliográfico firmado por María Encarnación Cabello y Andrés Camino, que también dejan constancia de un detalle de esos inicios que dan cuenta del empuje del empresario: «En 1886, y según relatan las crónicas que, por otra parte, no hemos podido verificar, se produce un hecho insólito, achacado a la envidia que despertaba la prosperidad del negocio: al parecer, cuando Félix procede una mañana a la apertura del mismo, queda enormemente sorprendido, puesto que unos operarios municipales estaban demoliendo el edificio por amenaza de ruina. Frente a esta situación, sin perder los nervios y con gran profesionalidad, él mismo trasladó todo el interior de la tienda a un local provisional en calle Sagasta (...)».

Su evolución en el comercio malagueño iba ligada a un solo objetivo: «Vender más barato y vender más». Ahí radicaba precisamente el secreto de su éxito y su capacidad para llegar con su género a todo tipo de públicos. Pero para vender barato y vender más había que comprar mucho, y don Félix lo hacía hasta el punto de que cuando el empresario adquiría el género para su comercio en Cataluña sus movimientos comerciales hacían oscilar la Bolsa de Barcelona. «Cuando lo veían aparecer lo 'temían'», bromea la historiadora Mar Rubio, gerente de la empresa cultural Cultopía (www.cultopia.es), quien certifica de esa forma tan explícita que sus compras se dejaban notar sobre el parqué catalán: «Compraba al por mayor y vendía al por menor. Ahí estaba el margen y el negocio», constata la especialista al abundar en la fórmula del empresario, sobre todo en el caso del textil, ya que compraba las telas por lotes para asegurarse menos coste y a la vez un control de calidad a los fabricantes.

La apertura: una revolución

Esa máxima, la de la calidad, fue la que guió sus pasos futuros, hasta el punto de que su gran almacén, el que abrió sus puertas en la plaza que lleva su nombre, pronto hizo que su eslógan, 'El almacén de los malagueños', fuera asimilado por todo tipo de públicos. De hecho, la aceptación de su negocio entre los ciudadanos lo llevó a proyectar un edificio a la altura de la importancia de las ventas: es el edificio que hoy sigue en pie, situado en la confluencia de la calle Sebastián Souvirón y la plaza de Félix Sáenz. La fecha de su construcción está documentada entre los años 1912 y 1914, según se recoge en la 'Guía Histórico-Artística de Málaga' dirigida por Rosario Camacho. En ella se especifica que el edificio, obra de Rivera Vera, reúne las características del modernismo mediterráneo, con elementos también neobarrocos.

La apertura de los almacenes fue una revolución en Málaga y pasará a la historia como el primer establecimiento con escalera mecánica, el primero en el uso de las tarjetas de crédito o uno de los primeros en anunciar la 'Operación Invierno'. Aún en su esplendor, Félix Sáenz convivió con otros dos grandes almacenes locales: Álvarez Fonseca (en calle Nueva) y Gómez Raggio (en calle Larios). Y luego, en la década de los 70, llegaron las firmas nacionales, como Woolworth (en lo que hoy es la tienda Zara de Liborio García), Almacenes Mérida (en calle Mármoles) y, sobre todo, El Corte Inglés, muy esperado por todos porque era una firma de referencia en España. Aunque al principio esta última firma quiso instalarse en la plaza de Uncibay, la oposición de muchos comerciantes desplazó el negocio hasta la prolongación de la Alameda, donde abrió sus puertas el 25 de mayo de 1979.

El ocaso de Félix Sáenz, cuyo comercio fue regentado por tres generaciones, llegó con el final de siglo y la proliferación de nuevas formas de compra y modelos de franquicia, y lo que fuera en su tiempo 'El almacén de los malagueños' es hoy un edificio de pisos de lujo y un bajo comercial ocupado por la firma H&M.

Pero Félix Sáenz no sólo ha pasado a la historia local por su huella empresarial y comercial. También se dedicó a la política, tanto a la local como a la nacional, donde llegó a ser diputado; y también senador por la provincia de Málaga entre los años 1916 y 1920 según se recoge en la página web del Senado de España.

De talante conservador, su carrera política había comenzado unos años antes como teniente alcalde del Ayuntamiento de Málaga: de hecho, las crónicas del año 1900 lo sitúan en la escena del célebre naufragio del buque alemán 'Gneisenau', donde acudió para acompañar al gobernador militar y al alcalde de la época, Guillermo Rein. Precisamente por su intervención en aquella tragedia se concedió la condecoración de la Cruz Roja. También tuvo en su haber otras distinciones, como la Gran Cruz de Isabel la Católica o el título de Hijo Adoptivo de Málaga, cuyo nombramiento se acordó en el pleno del Ayuntamiento de Málaga del 20 de mayo de 1925.

Félix Sáenz murió el 9 de diciembre de 1926, a los 67 años, de un problema cardiaco. Su fallecimiento fue tan inesperado que el empresario había estado trabajando la tarde antes en su establecimiento de tejidos. La noticia cayó como un jarro de agua helada en la ciudad, que preparó un entierro solemne y multitudinario, con una comitiva que trasladó su cuerpo desde su casa, Parque Rosario, en el Limonar (meter enlace), hasta el Cementerio de San Miguel y haciendo parada en calle Larios. Allí, en el panteón del camposanto (meter enlace), reposa para siempre en compañía de su mujer, Rosario Munsuri. El matrimonio no tuvo hijos, de forma que su legado quedó en manos de sus legítimos herederos, que conservaron hasta el final el nombre de Félix Sáenz en el negocio y, con él, en la memoria de los malagueños.

 

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