Dos horas semanales contra la soledad

Dos horas semanales contra la soledad

Fundación Harena necesita voluntarios para hacer compañía a mayores de la capital que viven solos

M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

¿Tienes dos horas libres a la semana? Es el tiempo que se necesita para devolverle la ilusión a uno de los cientos de mayores que viven solos en la capital malagueña a través del programa 'Soledad 0-Vida 10' de la Fundación Harena, con sede en Málaga. Desde hace ocho años, este colectivo trabaja con voluntarios que hacen compañía a ancianos con los que pasean, repasan viejas fotografías o comparten experiencias y confidencias. Atienden a unos 200 mayores al año, una cifra pequeña teniendo en cuenta que más de 23.600 malagueños de más de 65 años viven solos, según un reciente estudio publicado por el Ayuntamiento. Pero sus recursos no dan más de sí. De hecho, les faltan voluntarios y actualmente unos 15 abuelos están esperando que llegue esa persona que pueda dedicarles esas dos horas semanales para ahuyentar el fantasma de la soledad. Fundamentalmente necesitan colaboradores de las zonas de Alameda-Perchel, La Victoria, Cerrado de Calderón, Limonar, Carretera de Cádiz, Teatinos, Puerta Blanca y Carranque.

Los beneficiarios del programa, que se desarrolla tanto en domicilios como residencias geriátricas y hospitales, llegan a Harena a través de los trabajadores sociales de los centros de salud y del Consistorio. El perfil responde a una persona mayor con bajos recursos económicos, la mayoría son octogenarios y el 90% son mujeres, según explica la gerente de la Fundación, Angie Moreno.

Los voluntarios, por su parte, antes de incluirse en la base de datos deben someterse a una entrevista para comprobar que cumplen con el perfil requerido, que básicamente consiste en que tengan el equilibrio psicológico suficiente, ya que el mayor puede estar triste o depresivo y una persona que esté en crisis más que beneficiarle, le perjudica. Si resulta apto para formar parte del programa, se le pide un compromiso mínimo de un año y se le busca un abuelo dentro de su propio distrito para evitarle desplazamientos. Los beneficiarios son los que eligen si quieren que les acompañe un hombre o una mujer. Respecto a las edades, el único límite es que el voluntario tenga 18 años como mínimo, aunque la media supera los 30. Más allá de eso, no hay un perfil único: Vienen desde personas en paro hasta trabajadores que acuden a nosotros porque necesitan algo más en su vida, estudiantes de la Universidad o alumnos de segundo de Bachillerato, señala Moreno.

Durante las dos horas semanales que pasan con el anciano le prestan apoyo físico, afectivo y familiar. Pueden ir a dar un paseo o quedarse en casa viendo un álbum de fotos. Y hay quien les enseña a leer o escribir. Lo que no pueden hacer los voluntarios son tareas domésticas, preparar la comida u ocuparse del aseo personal del beneficiario. Se trata de escucharles, darles cariño y que se sientan queridos, que es lo que merecen, porque la soledad es muy dura, afirma la gerente de Harena.

Aunque a priori dos horas a la semana pueden parecer escasas, Moreno explica que son suficientes y se evita que los voluntarios se quemen: Estos mayores apenas tienen actividad y si saben que una mañana o una tarde van a ir a verles, pasan la semana esperando con ilusión esperando que llegue ese día y hay hasta quien va a la peluquería. En cualquier caso, si observan que una persona necesita más tiempo de compañía, le asignan dos voluntarios.

Los beneficios de este programa son enormes para ambas partes, según la responsable del colectivo y de hecho hay voluntarios que llevan varios años acompañando a abuelos. Es una experiencia mucho más positiva de lo que piensa la gente. Los mayores son muy agradecidos y todo lo que comparten enriquece a los voluntarios y hacen que lo valoren todo mucho más. Cuando ves a un hombre con un bastón por la calle no sabes lo que hay detrás de esa persona, y todo eso lo descubre el voluntario, es algo impresionante, apunta Moreno, que afirma que han observado cambios espectaculares en los abuelos, hasta en la salud: Pasan de estar tristes a estar contentísimos. Hay hombres y mujeres que no salían de casa en meses y nunca se quitaban la bata y ahora están pendiente de ir a la peluquería y de ponerse todas sus joyas cuando llega el día de la visita.

Ahora en Navidad muchos voluntarios se ofrecen para llevarse a los abuelos a sus casas y que no pasen la Nochebuena solos, pero normalmente los mayores son reacios. Prefieren acostarse temprano ese día, olvidarse de la fecha que es y quedarse con sus recuerdos, señala la gerente de la Fundación, que insiste en que la soledad, cuando no es elegida, es muy mala.

Para colaborar con este programa como voluntario, puede enviarse un email a voluntariado@fundacionharena.org o llamar a los teléfonos 951 777 001 / 690212460.