Vuelvanse Ustedes Mañana

Vuelvanse Ustedes Mañana
DAVID MATHIESON

'Mañana' gritó el Whip, el miembro del gobierno responsable para la orden del día en la Cámara de los Comunes. El letrado principal de la Cámara acaba de anunciar el calendario de la votación que iba cerrar el largísimo debate sobre el plan de la primera ministra Theresa May para Brexit. El grito 'mañana' es el mecanismo empleado por el ejecutivo para aplazar un voto en la Cámara de los Comunes incluso hasta el infinito. Nadie sabe ahora si, o cuándo, el gobierno de May permitirá que los diputados en Westminster voten. El parlamento está ahora paralizado y la maniobra es el equivalente legislativo del relato 'Vuelva usted Mañana' de Mariano José de Larra. Como saben todos los lectores, puede que mañana nunca llegue. El cuento de Larra es muy divertido, pero para muchos diputados el grito de 'manana' en la Cámara de los Comunes no tiene gracia ninguna.

El gobierno ha aplazado la votación porque ha quedado muy claro que no hay mayoría en el parlamento para apoyar el plan de mayo para el Brexit. Y la administración de May ya no tiene una estrategia viable para ni para salir adelante ni para dar un paso atrás. Como consecuencia, el RU enfrenta a una de las crisis constitucionales más profundas de su historia.

La decisión del la primera ministra May de anular la votación sobre sus planes para Brexit fue un fallecamiento más que predecible y fue una muerte anunciada por un verdadero coro de diputados en los últimos días. Por supuesto, el partido Laborista y los otros partidos de la oposición no iban a apoyar a May, pero este no fue el problema más importante para la Primera Ministra. Los jefes de su grupo parlamentario (los Whips) advirtieron a Downing Street que su plan tenía escaso apoyo en la cámara de los comunes. La semana pasada, más de 160 diputados intervinieron en el debate sobre el Brexit y no hubo noticias alentadoras para May. Por razones muy distintas, desde el diputado más Euroescéptico de hasta el seguidor más ferviente de la UE, el mensaje ha sido el mismo: un rechazo total del acuerdo alcanzado por la Primera Ministra el mes pasado. Sin embargo, también es evidente que los 650 diputados en Westminster no son capaces de encontrar un consenso sobre el futuro. Sí existen mayorías en Westminster. Desafortunadamente, solo son mayorías en contra de cualquier propuesta que surja del otro grupo. No hay ninguna mayoría para apoyar una salida adelante solo un atasco monumental en la legislatura.

La pregunta clave es: ¿ahora qué? Hay varias posibilidades para salir adelante pero ninguna de ellas es buena.

La primera opción sería modificar el plan de May para Brexit. La Primera Ministra va a intentar convencer a sus homólogos de la UE-27 para suavizar su postura y conceder más guarantias al RU. Pero ella no tendrá éxito. Ni la Comisión Europea ni ningún otro líder está dispuesto a reabrir el pacto ya cerrado cal y canto después de dos años de negociaciones duras.

La segunda posibilidad es un cambio de dirigente en Downing Street. Ya parece muy probable que May tiene sus dias contadas. La Primera Ministra ha perdido el elemento más vital en política: la credibilidad. Y como la virginidad, una vez perdida es imposible recuperarla. Muchos diputados tory están profundamente decepcionados y desencantados con el liderazgo de May. Les gustaría echarla. La única razón por la que no lo hacen es que un cambio en Downing Street en este momento haría que la crisis constitucional sea aún peor (si fuera posible).

La tercera posibilidad es convocar elecciones anticipadas. Por supuesto, esta es la opción favorita de todos los partidos de la oposición. Pero tal medida necesita una mayoría de dos tercios de los diputados en la Cámara de los Comunes, es decir, un número importante de diputados Tory tendrá que votar a favor de convocar unos generales. Dado que el espectaculo en Westminster ha dejado la popularidad de los diputados en Westminster por los suelos muchos temen por sus escanos y los pavos no votan a favor de la navidad. Y en cualquier caso, algunos generales en estos momentos solo sirviría para aumentar el ya agudo sentido del caos.

Si no es posible cambiar el acuerdo de Brexit, la Primera Ministra o el estancamiento de la Cámara de los Comunes solo se queda una opción más: un segundo referéndum. Hace solo unos meses que tal propuesta hubiera sido risible. Pero la inmovilidad y la crisis en el sistema político británico es ahora tan profunda que no habrá más remedio. No es una opción sin riesgo. Nadie puede predecir el resultado con certeza y agudizará la brecha social en un pueblo muy dividida. Cerrar las heridas será lento y complicado. Pero, si sucede, eso será un problema para mañana.