El puritanismo grotesco de Johnson debilita a los conservadores

El primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson./AFP
El primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson. / AFP

El Gobierno queda en minoría de 43, ante unas elecciones y con su estrategia ante Bruselas bloqueada

IÑIGO GURRUCHAGALondres

Boris Johnson inició la jornada del martes con mayoría de un escaño en el Parlamento y la terminó en minoría de 43, puede verse forzado este miércoles a convocar unas elecciones en una fecha que acepte la oposición laborista, que antes ha de asegurarse de que las dos cámaras del Parlamento aprueban una ley que le impediría, si ganase unos comicios, ejecutar sin el consentimiento de los Comunes una marcha de la Unión Europea sin acuerdo, que es la razón por la que convocaría las elecciones.

La marcha rutilante de Johnson por la política británica parece haberse estancado. Y el presunto inspirador de una serie de medidas radicales- negociar con la amenaza de marcharse sin acuerdo, suspender los días de trabajo del Parlamento, convocar elecciones si el Parlamento bloquea la marcha sin acuerdo, expulsar del grupo parlamentario a los 21 rebeldes- parece disfrutar del momento.

Según varios testigos, Dominic Cummings, jefe de Gabinete de Johnson, habría retado al líder de la oposición, Jeremy Corbyn, en la noche del martes a aceptar las elecciones. Gritándole desde una distancia notable, en el exterior de la Cámara de los Comunes, cuando Corbyn hablaba por teléfono, Cummings dio la impresión de estar borracho, cuando los rumores ya apuntan a que su genio y su tiranía en Downing Street son regados con cerveza y vino.

El rostro de Kenneth Clarke refleja su abundante consumo de cerveza y puros. Había que verlo, en un informativo nocturno de la BBC, riendo junto a Nicholas Soames, nieto de Winston Churchill, sobre su expulsión del grupo parlamentario por votar, junto a otros 19 colegas, más un vigésimo que directamente se pasó a los liberal-demócratas, en favor de tramitar hoy la ley que impida el Brexit abrupto.

Advenedizos

Clarke votó en contra de la ley que permitió la celebración del referéndum de 2016, votó luego en favor de la permanencia y se niega a reconocer la legitimidad del resultado de la votación popular de «una cuestión compleja», expresada «en un día específico». Pero cree, muy a su pesar, que la única manera de evitar una división de cuatro décadas en la sociedad británica es una salida de la Unión Europea con acuerdo.

Votó en favor del Acuerdo de Retirada pactado por el Gobierno de Theresa May con el Consejo Europea las tres veces que se sometió a votación en el Parlamento. Y le expulsa ahora del grupo parlamentario un Gobierno en el que abundan quienes se rebelaron las tres veces provocando la caída de May. El gurú Dominic Cummings no pertenece al Partido Conservador. El caso de Johnson es quizás más penoso. Votó dos veces contra el Acuerdo y a favor la última.

La razón de ese último voto es que hubo la sospecha de que May estaba logrando convencer a suficientes conservadores para tener una mayoría. En sus primeros votos, Johnson afirmó que el Acuerdo dejaba a Reino Unido en una situación perpetua de 'vasallaje' bajo la UE. Ahora afirma que es antidemocrático. Se rebeló contra el Gobierno, voto en favor del vasallaje de su país y de algo antidemocrático. Y está purgando a Clarke, Soames, Letwin, Stewart,... del partido, disciplinados votantes por el Acuerdo.

La jornada de hoy comienza con la sesión de preguntas al primer ministro, seguirá con la tramitación en los Comunes del proyecto de ley que bloquea una marcha sin acuerdo con la UE y sin consulta al Parlamento. También se tramitará en los Lores, donde el Gobierno de Johnson y Cummings habría planeado boicotear la tramitación presentando decenas de enmiendas, hablando sin interrupción hasta que se agote el tiempo.