Una historia de miedo alemana

Angela Merkel interviene en el Parlamento alemán./AFP
Angela Merkel interviene en el Parlamento alemán. / AFP

La caída en picado del SPD en los últimos años pone contra las cuerdas a la formación política más antigua del país

JUAN CARLOS BARRENACorresponsal en Berlín

Los padres de la socialdemocracia europea no son más que una sombra de sí mismos. La más antigua formación política alemana, fundada en 1863 y que este año ha cumplido los 155 años, parece avanzar irremediablemente hacia el abismo. Hace pocas décadas contaba con casi un millón de afiliados y hasta mediados de este año había perdido más de la mitad, para sumar unos 457.000. Y desde la llegada al poder de la cristianodemócrata (CDU) Angela Merkel en 2005, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) no ha hecho sino perder progresivamente popularidad y marcar nuevos récords a la baja en elecciones nacionales y regionales.

El último hace una semana en los comicios legislativos de Baviera, donde el SPD no superó el 10% de votos y acabó convertido en quinta fuerza local. Una vergüenza y un trauma para la única formación alemana testigo de cuatro sistemas políticos en más de siglo y medio de historia nacional.

El SPD surgió de la fusión en 1875 de la Asociación General de Trabajadores de Alemania (ADAV), creada por Ferdinand Lasalle doce años antes, con el Partido Socialdemócrata Obrero de Alemania (SDAP) de August Bebel y Wilhelm Liebkecht. Su nombre actual de Partido Socialdemócrata Alemán se estableció en 1890 y ha sobrevivido a la época imperial, la República de Weimar y la dictadura nacionalsocialista. Desde la Segunda Guerra Mundial ha mantenido un permanente duelo electoral en la República Federal de Alemania con la Unión de cristianodemócratas y socialcristianos bávaros (CDU/CSU) y desde finales de los años 60 hasta principios de los 80 del siglo pasado gobernó el país de la mano de dos emblemáticos cancilleres federales, Willy Brandt y Helmut Schmidt, el primero el padre de la 'Ostpolitik' que contribuyó a la distensión este-oeste en plena Guerra Fría y el segundo un luchador por el desarme nuclear de las superpotencias. Para muchos politólogos Brandt y Schmidt fueron los dos últimos grandes nombres de la socialdemocracia alemana.

Analistas como Peter Helmes consideran que el declive del SPD comenzó poco después de la caída dsel muro de Berlín en 1989. Hasta entonces y en los 45 primeros años de la República Federal, la ya legendaria formación había tenido tan solo cuatro presidentes en Alemania Occidental. Con 23 años al frente del partido, Willy Brandt fijó un récord hasta ahora inigualable en el SPD. Una austeridad de personal que se pierde con la reunificación alemana.

En los 27 años transcurridos desde 1991, los socialdemócratas alemanes han tenido 11 presidentes, muchos de ellos sumamente efímeros, que en ningún caso tuvieron tiempo de asentarse en el cargo y establecer una política programática de futuro para la formación. El más escandaloso de todos los casos fue el de Martin Schulz, el elegido para plantar cara a Angela Merkel en los comicios legislativos del pasado otoño. Tras ser declarado con motivo de su nominación a comienzos de 2017 como el 'mesías' de la socialdemocracia alemana e incluso de la europea, acabó convirtiéndose prácticamente en su sepulturero, al registrar los peores resultados de la historia para su formación en una elecciones generales con un raspado 20% de votos.

Fracaso de Schulz

A partir de entonces el descenso de la popularidad del SPD entró en barrena. Muchos politólogos alemanes, entre ellos Michael Wollny, consideran que esa tendencia a la baja se inició mucho antes, hace más de una década. Fue con la aprobación por el gobierno de coalición socialdemócrata-verde que presidió el canciller federal Gerhard Schröder entre 1998 y 2005 de la llamada Agenda 2010, una serie de recortes sociales y reformas laborales que muchos consideran una traición a los principios originales de la socialdemocracia. «Los clavos que cerraron el féretro de la justicia social en Alemania», dice Wollny. El fracasado Martin Schulz propuso en campaña corregir la Agenda 2010. Su iniciativa nunca llegó a consumarse.

El segundo factor que ha determinado y determina el ocaso de la socialdemocracia alemana, el faro del socialismo parlamentario europeo en los años 70 y 80 del siglo pasado, es el gobierno de gran coalición con los conservadores de Merkel, a la que han apoyado y apoyan en tres de sus cuatro legislaturas en el poder obligados por la responsabilidad de estado. «Primero el país, luego el partido y por último la persona», es una máxima de Willy Brandt convertida en ley para los partidos tradicionales germanos. Ya al comienzo de la primera de esas tres grandes alianzas de gobierno en 2006, el rotativo económico 'Handelsblatt' advertía de que la 'Grosse Koalition' no era sino «una nueva estrategia para el saqueo inadvertido de los tesoros del SPD» por los partidos de la Unión.

Claramente una efectiva operación de pirateo. Planteamientos abiertamente socialdemócratas como el paquete coyuntural para la Unión Europea, el abandono de la energía nuclear, la cuota femenina, el salario mínimo, el concepto para la reforma de la UE o las guarderías gratuitas para todos han sido canibalizados estos años por Merkel, mas socialdemócrata que el SPD y más verde que los ecologistas, y vendidos a la opinión pública como éxitos de los conservadores. Pero, aunque el plagio pueda parecer una constante estratégica de Merkel y su equipo, lo cierto es que el SPD, atrapado en el corsé de la gran coalición, ha sido incapaz hasta ahora de vender sus propios éxitos y no parece que llegue a hacerlo de la mano de Andrea Nahles, la desbordada sucesora de Schulz y primera mujer en la presidencia del SPD.

El secretario general del partido, Lars Klingbeil, considera, quizás demasiado tarde, que el SPD debe marcar un perfil más visible y mostrarse más valiente en la gran coalición. Werner Weidenfeld, antiguo asesor del Gobierno federal y catedrático de ciencias políticas, considera dramática la situación de los socialdemócratas alemanes: «Si el SPD no consigue desarrollar una nueva estrategia y no ofrece una nueva visión de futuro, no podrá salvarse. Su ocaso continuará».

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