Dayton y El Paso piden soluciones a Trump

Protestas contra Trump en El Paso. /AFP
Protestas contra Trump en El Paso. / AFP

Manifestantes reciben al presidente en los escenarios de los tiroteos del pasado fin de semana con lemas a favor del control de armas

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

La mayoría de las víctimas que dejó el tiroteo del sábado en El Paso (Texas) eran hispanos. En el de Dayton (Ohio), afroamericanos. Dos grupos que han sufrido la retórica racista del presidente Donald Trump, en un clima de linchamiento que al fin se ha traducido en sangre. Su visita ayer a las ciudades en duelo fue recibida con evidente hostilidad, aliviada solo por el civismo de las autoridades, que aprovecharon para pedirle medidas concretas de control armamentístico.

«¡Haz algo!», clamaban las pancartas más suaves que esperaron al presidente estadounidense en el aeropuerto de Dayton. Amigos y enemigos coincidían en demandar acción en un clima de unidad salpicado solo por dos furgonetas con carteles de la campaña de Trump que acompañaron silenciosamente su recorrido. Acompañado de la primera dama, vestida de negro riguroso, el mandatario visitó el Miami Valley Hospital donde se encuentran ingresados buena parte de los heridos. «Tenías a Dios mirando por ti», dijo el presidente a una de las víctimas.

Antes de despegar negó que su retórica sea divisiva y desestimó a sus críticos con el argumento de que «son gente de extrema izquierda». El pistolero, dijo, era alguien que seguía a gente como Bernie Sanders o Elizabeth Warren, dos de los candidatos demócratas que aspiran a desbancarle. Nombres que reconocen sus seguidores, para quienes el presidente parece hablar cada vez más a medida que se adentra en la campaña de reelección.

Incluso entre ellos hay quienes creen que el nivel de violencia de armas está fuera de control, por lo que se manifestó ayer dispuesto a trabajar con el Congreso para firmar una ley que endurezca los controles para la venta de armas con una revisión de los expedientes delictivos y de salud mental. «Estoy totalmente a favor de eso, no quiero poner armas en manos de gente inestable o que esté enferma», dijo este miércoles. «Yo pienso que algo va a pasar, algo muy bueno, más de lo que nunca se haya hecho», alentó.

El líder de su partido en el Senado Mitch McConnell no ha querido poner a votación la ley que ya aprobó la Cámara Baja, dominada por los demócratas. El senador demócrata Sherrod Brown, que fue al aeropuerto a recibirle a petición de la alcaldesa de Dayton, Nan Whaley, le tomó la palabra y le pidió que llame a McConnell para que convoque a las cámaras en plenas vacaciones y ponga a votación la ley que tiene sobre la mesa desde hace tiempo. Trump no le contestó.

El presidente evitó visitar el distrito de Oregón donde ocurrió el tiroteo en la madrugada del domingo porque «los ánimos están muy encendidos», explicó la alcaldesa. «El presidente tiene un discurso muy incendiario y cualquier cosa que diga en este momento puede hacer saltar la chispa», dijo sin cortapisas. Whaley cumplió con su papel de autoridad al recibir al mandatario «por respeto a la institución de la presidencia» y en ese breve intercambio de saludos Trump no notó ningún recelo. «No podía haber sido más amable», dijo a la prensa.

También fue amable el alcalde de El Paso, Dee Margo, que aún así quiso «clarificar» las razones, dado el clima de rechazo generalizado. «Esta es la oficina del alcalde y en esa capacidad oficial considero que es mi obligación dar la bienvenida al presidente de EE UU», explicó en un comunicado. La noche antes Trump se había enzarzado por Twitter en una agria discusión con el excongresista de El Paso candidato a la nominación demócrata Beto O'Rourke, uno de los que ha sido más vocal a la hora de culpar su discurso anti inmigrante, reflejado en el manifiesto que dejó el pistolero antes de abrir fuego en un hipermercado Walmart.

Tras atacarle en lo que más le importa, los ratings, Trump le ordenó callarse «por respeto a las víctimas y a las fuerzas del orden». O'Rourke no tardó en responder: «22 personas de mi ciudad natal han muerto por culpa de tu racismo. Ni El Paso ni yo nos quedaremos callados». Las camisetas de «Alto al racismo» escoltaron su llegada a una ciudad en duelo que cree estar viviendo su particular 11-S, un despertar para la comunidad hispana de EE UU, acosada desde que Trump gobierna el país.

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