Primer asalto demócrata

Trump y los republicanos han resistido mejor de lo que cabía esperar el intento demócrata de darle la vuelta a los resultados que hace dos años

El presidente de EE UU, Donald Trump./Reuters
El presidente de EE UU, Donald Trump. / Reuters
JOSÉ M. DE AREILZACátedra Jean Monnet-ESADE

En los cuarteles del partido demócrata la sensación que dejan las elecciones de este miércoles es de una victoria parcial. Los más optimistas en este bando apuntan que no solo han recuperado el control de la Cámara de Representantes, sino que han sido respaldados por millones de votantes hartos de los excesos, las mentiras y los insultos del presidente Trump. Cada vez participan en política más mujeres, jóvenes y miembros de minorías raciales y se vuelcan en las urnas para cambiar una situación inédita en Estados Unidos. El país de Washington, de Lincoln y de Martin Luther King nunca había elegido un presidente que no se identificase con los valores constitucionales y las reglas del juego de la democracia liberal. Pero la realidad es que Trump y los republicanos han resistido mejor de lo que cabía esperar el intento demócrata de darle la vuelta a los resultados que hace dos años encumbraron al magnate al poder. Aupados por el buen momento económico que atraviesa el país han aumentado su control del Senado, lo que les permitirá nombrar con más facilidad jueces federales muy conservadores y, en su caso, detener un posible intento de destitución del presidente.

Donald Trump ha hecho la campaña a la que nos tiene acostumbrados, estimulando a su base electoral más fiel, hombres blancos sin estudios. Ha cargado contra los inmigrantes sin papeles como si fueran parte de un ejército enemigo que invade el país. Un dato muy relevante es que los republicanos han ganado todas las contiendas icónicas a nivel estatal por el puesto de gobernador. Merece la pena resaltar el caso de Georgia, donde por primera vez en la historia de Estados Unidos una mujer afroamericana aspiraba al poder en un ejecutivo regional. Stacey Abrams, excongresista demócrata y abogada formada en la universidad de Yale, se había dedicado a luchar contra la supresión del derecho a voto a miembros de minorías raciales. Gracias a su esfuerzo titánico ha quedado a poca distancia del republicano Brian Kemp, acusado de manipular el censo en contra de los afro-americanos en su trabajo como número dos del Estado. Kemp además ha hecho una campaña con un lenguaje apocalíptico y violento contra los inmigrantes, que recuerda al ascenso de la ultraderecha al poder en la Europa de los años treinta. Se define a sí mismo como un «republicano trumpista» y hace gala de su incorrección política.

El presidente controla cada vez más su partido, que se derechiza para satisfacer a su jefe de filas. En este día de resaca electoral, los demócratas empiezan a preparar la elección presidencial de 2020. Es esencial que no subestimen a Trump y que preparen a un candidato dispuesto a resistir los ataques más brutales y cercano al americano de a pie (exactamente lo contrario de Hillary Clinton). La tentación de los demócratas más comprometidos es moverse hacia la izquierda y pensar que alguien con el discurso socialista de Bernie Sanders podría ganar. Este primer asalto revela un país muy dividido y la tarea pendiente es unirlo con un discurso elevado y centrista.

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