Los demócratas inician el proceso para destituir a Trump por las presiones a Ucrania

La presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi y el presidente estadounidense Donald Trump. / Vídeo: Atlas

El presidente de EE UU hizo una llamada a su homólogo ucranio para que investigara al hijo de Joe Biden, su rival político

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Se acabó. El 'impeachment' de Trump ya no es el sueño de quienes le odian, sino un proceso probable que ha comenzado su fase de investigación. Al hombre teflón al que no se le pegaba ningún escándalo le ha perdido una simple llamada de teléfono, de esas al más puro estilo del mafioso que inmobiliario que construía rascacielos y casinos.

Fue la que hizo el 25 de julio al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, un humorista de televisión investido presidente en mayo pasado con el que tiene previsto hoy un encuentro en el marco de Naciones Unidas. Si se produce, será la bilateral más seguida de la 74 Asamblea General de la ONU.

Según la versión de un informante secreto que publicó la semana pasada The Washington Post, el mandatario estadounidense presionó al recién elegido presidente ucraniano para que investigase los negocios en ese país de Hunter Biden, el hijo de su rival político Joe Biden, favorito para enfrentarse a él en las elecciones del año que viene. Este martes se supo que una semana antes había ordenado a su jefe de gabinete que retuviera la ayuda militar a Ucrania de 400 millones de dólares que había aprobado el Congreso. Su versión es que intentaba forzar al resto de los países europeos a que aumentaran su contribución. La llamada fue «totalmente amistosa y apropiada», asegura, como dice que demostrará la transcripción que, este martes, por fin, autorizó a entregar al Congreso.

LA CLAVE:

Plantó cara a Trump.
El secreatrio general del organismo defendió 'Los pueblos primero', frente al 'América Primero'

Hasta ese momento había bloqueado al informante y a los legisladores que investigaban su acusación. A eso se ha aferrado la portavoz del Congreso Nancy Pelosi para justificar la apertura del juicio político al presidente. El propio Biden le amenazó este martes con sumarse al clamor del 'impeachment' si no cooperaba con los legisladores, pero no hizo falta. Pelosi no pudo aguantar más la presión. Había entendido que el peligro ya no es perder el proceso de juicio político al presidente, que no puede ganar mientras su partido tenga minoría en el Senado, sino el desgaste que sufre ante las bases por oponerse a ello. O como dijo este martes, en una dramática comparecencia televisada en directo, ha sentido «la urgencia de defender la Constitución de los enemigos domésticos y extranjeros». Desde hoy, el titular ya no será ella, sino el presidente que seguirá los pasos de Andrew Johnson y Bill Clinton -Richard Nixon dimitió para evitarlo-., los únicos en sufrir un proceso de impeachment. Ambos fueron exonerados.

Trump lo considera «ridículo», una continuación de la «caza de brujas» de la que se siente víctima desde que comenzó la investigación de la trama rusa. «Como no tienen nada más, tiran del impeachment», dijo este martes en los pasillos de la ONU, pero su rostro, y la catastrófica lectura de su discurso, reflejan que está más preocupado de lo que quiere aparentar. Ahora necesita más que nunca la lealtad de su partido, al que ha estado purgando sin descanso.

Pelosi no quiso entrar en política ni en los detalles de la trama que ha colmado el vaso. La portavoz del Congreso justificó la apertura del «divisivo» proceso al que se ha resistido con uñas y dientes por la necesidad de demostrar que nadie está por encima de la ley. Ni el presidente. «Sus acciones violan seriamente la Constitución», lapidó. No se le olvida que Trump ha dicho «puedo hacer lo que quiera» y cree que su admisión de haber pedido a Zelensky que investigase a Hunter Biden por corrupción es suficiente para demostrar que violó la ley.

Muchas voces se preguntan por qué no ha esperado a leer la transcripción de la llamada, o a escuchar al informante que se ha ofrecido a testificar ante el Comité de Inteligencia de la Cámara Baja. Para ella, nada de eso es necesario. Trump ha admitido haberle pedido que investigara al hijo de su rival político y con eso ya es suficiente. Un momento dramático que se ha cocinado a cámara lenta durante los tres años que dura su presidencia, pero que este martes se precipitó a una velocidad trepidante. Así de fulminante es la historia cuando se pone en marcha.

Guterres desafía en la Asamblea General de la ONU el 'America First' del jefe de la Casa Blanca

Por un día se invirtieron los papeles. El portugués António Guterres, que desde que tomó las riendas de la ONU hace casi tres años ha intentado evitar la ira de Trump, arremetió hábilmente contra él en un discurso bien articulado. Y Trump, contra todo pronóstico, no le devolvió el golpe, sino que se limitó a leer del teleprompter en una de sus peores interpretaciones.

Plano, sin énfasis, sin entonación... «inusualmente monótono», observó el cuerpo de prensa de la Casa Blanca. Trump exhibía esa «falta de fuelle» de la que acusaba a Hillary Clinton durante la campaña, como si se hubiera tomado un tranquilizante antes de subir al escenario de la Asamblea General de la ONU y no le quedasen fuerzas para levantar el tono.

Guterres abandonó su tradicional sumisión dispuesto a defender su lugar en la historia plantándole cara al mandatario estadounidense y a su política racista e insolidaria, tan contraria a todo lo que significa la ONU. En su carta fundacional, recordó, «las primeras palabras son 'nosotros los pueblos'», lo que manda un claro mensaje a los dirigentes mundiales de que hay que «poner a la gente primero».

Frente al 'América Primero' de Trump, Guterres reivindicó el 'los pueblos primero' de una política solidaria que ha perdido al aliado estadounidense que alumbró su fundación tras la II Guerra Mundial y se convirtió en su principal contribuyente económico. «En un momento en que los refugiados baten números récord y la gente internamente desplazada está en movimiento, la solidaridad se está escapando», recriminó, sin mencionar directamente a Trump. El ex primer ministro portugués ve que «no son solo las fronteras las que se cierran, también los corazones».

Trump llevaba el discurso escrito y no estaba en condiciones de cambiar ni una coma para responderle. Sin respeto por la misión del organismo ante el que hablaba, Trump arengó a los países que sufren los retos de «una inmigración descontrolada» a «proteger sus fronteras», como lo está haciendo él. Y a los que huyen de guerras, sequías y desastres naturales, les advirtió sin contemplaciones que «no paguen a contrabandistas» ni «pongan en riesgo a sus hijos», insistió, «porque les haremos regresar a sus países», zanjó. «Mientras yo sea presidente no entrarán».

Grandes temores para una reunión multilateral en la que el mandatario defendió el auge del patriotismo y de los patriotas, «a los que pertenece el futuro», augurando «el fin de los globalistas» en el corazón de las mismísimas Naciones Unidas. A estos les acusó de haber «ignorado sus intereses nacionales» y prometió, una vez más, que él siempre pondrá a 'América Primero'.