El delito de obstrucción a la justicia rondará a Trump

Trump. /Afp
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Los líderes demócratas rechazan las conclusiones del fiscal general por considerar que no es «neutral» y exigen ver el informe completo

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

Tras dos años de exhaustiva investigación en los que ha entrevistado a 500 personas con la ayuda de 19 abogados y 40 agentes del FBI, el fiscal especial Robert Mueller no ha encontrado pruebas de que Donald Trump y su campaña coordinaran con Moscú las injerencias que favorecieron su victoria en las elecciones de noviembre de 2016. Lo que sí ha encontrado es evidencia de que el mandatario intentó obstruir su trabajo, pero en lugar de recomendar que se le llevase a los tribunales por ese delito ha dejado la decisión en manos del titular de Justicia William Barr, nombrado por Trump hace poco más de un mes. Como era de esperar, este ha preferido darle carpetazo al asunto porque no cree que haya suficientes pruebas para demostrar su culpabilidad «por encima de una duda razonable».

«Barr no es un observador neutral y no está en posición de tomar decisiones objetivas sobre el informe», han protestado los líderes demócratas del Congreso en un comunicado conjunto. La portavoz Nancy Pelosi y el líder del Senado Chuck Schumer exigen ver el informe completo que ha redactado Mueller, en lugar del resumen de cuatro páginas que les envió anoche el fiscal general, equivalente a ministro de Justicia.

En su opinión, el críptico sumario que ha redactado el elegido de Trump para esta cartera «plantea tantas preguntas como responde», pero será una en concreto la que perseguirá al presidente: ¿Intentó frenar la investigación? Lo hizo a menudo tan a la luz pública y con tanta desfachatez que cuesta creerlo. De ahí que sea difícil determinar si intentaba frenar las pesquisas con sus amenazas o simplemente se desahogaba en un ataque de furia.

El delito de obstrucción a la justicia forzó la dimisión de Richard Nixon por el caso Watergate y llevó a Bill Clinton a un proceso de impeachment. Según la declaración jurada del director del FBI James Comey, el mandatario le pidió que dejara correr la investigación de los delitos cometidos por su asesor de seguridad nacional Michael Flynn, uno de los que ha caído en las redes de la investigación sobre la trama rusa. Trump admitió ante las cámaras de NBC durante una entrevista que lo despidió «con la cosa esa rusa en mente».

Otros testigos, como su abogado personal Michael Cohen, han declarado que el mandatario y sus abogados le instruyeron para que mintiera al Congreso sobre los negocios que tenía en marcha para construir una Torre Trump en Moscú. Según el propio fiscal general, Mueller ha documentado «concienzudamente» en su informe todos los argumentos a favor y en contra para acusarle de obstrucción a la justicia, pero al final evitó sacar una conclusión legal de lo que consideraba «un tema difícil» y prefirió pasar la responsabilidad al titular del Departamento de Justicia. Este no necesitó más que unas horas para dirimir la cuestión que el ex director del FBI no fue capaz de contestar en dos años de trabajo.

Hace menos de cuatro meses la decisión hubiera recaído sobre el adjunto del fiscal general Rod Rosenstein, ya que Jeff Session se había inhibido por conflicto de intereses al haber sido parte de la campaña de Trump. Precisamente por ese motivo el mandatario lo despidió al día siguiente de las elecciones legislativas de noviembre, a partir de las cuales se esperaba que Mueller presentara su informe en cualquier momento.

Tan responsable como es, el sabueso de 74 años que ha mantenido un hermético control de la investigación no ha querido pasar a la historia como Comey, al que se acusa de haber influenciado las elecciones de 2016 por exponer públicamente sus conclusiones sobre los emails de Hillary Clinton sin que hubiera evidencias para culparla de nada.

Si Comey se pasó de listo, Mueller se queda corto al limitarse estrictamente a determinar que no ha encontrado pruebas «de que la campaña de Trump ni nadie asociado con ella conspirase o coordinase con Rusia», ha dicho Barr, tras admitir que tampoco le ha exonerado. Con sus indagaciones Mueller ha demostrado a la opinión pública que Trump, al igual que algunos de sus colaboradores más cercanos, «conocía el ataque (cibernético) que Rusia estaba perpetrando y ayudó a que ocurriera, ese es el centro del escándalo sobre la trama rusa», decía anoche la revista de izquierda Mother Jones. «Al afirmar que lo único que se dirimía es si conspiró directamente con el Kremlin, Trump ha desviado la atención del hecho de que facilitó un asalto a nuestro propio país. Y eso, haya sido o no ilegal, es una traición», concluyó.