Panamá espera que la visita del Papa ayude a limpiar su nombre

El papa Francisco (d) ondea una bandera panameña junto a los periodistas que viajan con él en el avión. /Efe
El papa Francisco (d) ondea una bandera panameña junto a los periodistas que viajan con él en el avión. / Efe

El país centroamericano acoge la Jornada Mundial de la Juventud, un gran evento católico con el que trata de mostrar al mundo que no sólo es un nido para corruptos internacionales

DARÍO MENOREnviado especial a Panamá

Excepto en los barcos que, día y noche, cruzan el Canal, por todas partes en Panamá se pueden ver las pegatinas con el logotipo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el encuentro de jóvenes católicos en el que participa el papa Francisco, que llega este miércoles al país centroamericano y donde permanecerá hasta el próximo domingo.

Con esta cita multitudinaria, a la que se espera que acudan unas 200.000 personas provenientes de más de 150 naciones, Panamá intenta relanzar su imagen internacional y mostrar al mundo los frutos del acelerado desarrollo económico del que ha gozado desde que, el 31 de diciembre de 1999, se hizo con el control del Canal tras casi un siglo de explotación por parte de Estados Unidos. En 2017, la vía acuática entre el Atlántico y el Pacífico aportó al Estado casi 1.500 millones de euros.

«En el mundo la gente conoce sólo nuestro país por el Canal y por los Papeles de Panamá, pero somos mucho más. Tenemos una nación segura, que ha crecido mucho en los últimos años y con maravillas naturales», dice Luis Palacio, un bombero que está encantado de ver su ciudad tomada por peregrinos de tantas naciones. «La gente está muy contenta. Yo soy católico pero a veces voy a los cultos religiosos de los evangélicos porque son más entretenidos, pero estos días acudiré a ver al Papa».

La ilusión porque la JMJ marque un punto de inflexión en la reputación internacional del país es común entre los panameños. Quieren quitarse de encima la consideración de que su país era hasta principios de 2018 un paraíso fiscal para la Unión Europea y un nido para corruptos de todo el mundo, como desveló el escándalo de los Papeles de Panamá. Esta filtración masiva de documentos internos de un despacho de abogados local sacó a la luz la evasión tributaria de doce jefes de Estado y políticos de numerosos países.

«La JMJ lavará un poco la cara de los panameños», confesó en el diario 'La Estrella' José Domingo Ulloa, arzobispo de Ciudad de Panamá, que consideró que «no hay derecho» de que su nación sea conocida en el extranjero principalmente por «la corrupción». «Los panameños no somos así», aseguró.

«Mi deseo más profundo, como el de muchos panameños, es que la visita del Papa inspire una renovación moral que alcance no solo al degradado ámbito político. En ese desprestigiado espacio, los apetitos más básicos y crudos han desplazado la orientación al bien común», planteó en el periódico 'La Prensa' el politólogo e historiador Carlos Guevara Mann.

Para las autoridades panameñas, albergar la JMJ supone la mejor manera de poner al país en el mapa y conseguir que los medios internacionales ofrezcan un relato diferente de él. Por eso pujaron por este megaevento creado por Juan Pablo II hace 32 años como una especie de 'internacional católica'.

Las cuentas, además, plantean una inversión excelente. Esta cita tiene un presupuesto de 54 millones de dólares, costeados en parte por los patrocinadores y por las cuotas de inscripción de los peregrinos, pero dejará unos 250 millones de dólares. A esa cifra hay que sumar el impacto en reputación y como destino turístico. «Las JMJ son mucho mejor negocio que unos Juegos Olímpicos: cuestan menos y, proporcionalmente, dejan más dinero en las empresas locales», comentó a Efe Yago de la Cierva, director ejecutivo de la JMJ celebrada en Madrid en 2011 y autor del libro 'Megaeventos de la Iglesia católica'.

Hay dos grandes cuestiones que se espera que Francisco trate en Panamá: la inmigración, uno de los mayores desafíos hoy de Centroamérica, y la ecología, un tema que le preocupa mucho, como demostró al dedicarle una encíclica ('Laudato si') y convocar el próximo octubre un Sínodo sobre la Amazonía.

«La JMJ quiere dar una señal fuerte de paz y de reconciliación en una zona donde se sufre mucho como Centroamérica», adelantó el portavoz interino vaticano, Alessandro Gisotti. También se espera que esté presente la cuestión indígena, pues estos días unos 400 jóvenes participaron en el primer Encuentro Mundial de la Juventud Indígena celebrado en Panamá.

Parece, además, inevitable que Bergoglio haga alguna mención, más o menos directa, a la situación de dos países de la región al borde de la guerra civil: Nicaragua y Venezuela.