Almogía

Reconocimiento a una vida entregada

El padre Alcántara junto a vecinos y miembros del Ayuntamiento de Almogía tras la entrega de la Llave de Oro./SUR
El padre Alcántara junto a vecinos y miembros del Ayuntamiento de Almogía tras la entrega de la Llave de Oro. / SUR

El sacerdote que pidió un préstamo personal para reconstruir la escuela rural de una aldea de Almogía recibe como homenaje la llave de oro de la villa

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

«Después de toda mi vida entregado al pueblo, me siento muy agradecido de recibir esta condecoración». El padre Bartolomé Alcántara no puede ocultar su emoción. Almogía, el pueblo en el que nació y por el que ha luchado con uñas y dientes a lo largo de todos sus años de servicio parroquial sin importar su lugar de residencia, le ha rendido un sentido homenaje. El alcalde de la localidad, Cristóbal Torreblanca, le ha entregado la Llave de Oro de la Villa, un pequeño objeto que representa un gran vínculo y que pone sobre la mesa una importante realidad: los actos de Alcántara han servido para hacer que el pueblo sea un poco mejor, en especial la aldea de Arroyo Coche, núcleo exacto en el que nació el sacerdote.

Durante el acto, al que acudieron numerosos vecinos además de las distintas autoridades del Consistorio, el alcalde resaltó la «larga aportación social y cultural» de Alcántara a sus vecinos, en especial «a los más desfavorecidos». El sacerdote fue la punta de lanza del movimiento vecinal que entre 1973 y 1983 sirvió para pelear por los servicios de su pedanía, por aquél entonces sin luz eléctrica ni asfalto en las calles.

«Lo que más satisfacción me ha dado es la unanimidad que reinó en el homenaje», explica el sacerdote a SUR. «Había gente de todos los partidos e ideologías, y todos querían felicitarme y estaba de acuerdo en que se me hiciera entrega del reconocimiento, eso dice mucho de este pueblo», comenta.

En el acta de la sesión plenaria en la que se aprobó por unanimidad entregar la Llave de Oro de la Villa a Alcántara, los distintos concejales no solo destacan sus últimas acciones, sino que recogen en unas memorias sus muchas aportaciones, en especial el trabajo por la escolarización en la aldea de Arroyo Coche. También se hace mención a la clara intención del sacerdote de seguir aportando ideas y trabajando por el desarrollo de la localidad.

En Arroyo Coche hay un edificio que se convirtió con el paso de los años en el centro neurálgico de la localidad y que hace un año corría el riesgo de desaparecer. Se trata de la capilla-escuela rural, fundada por el cardenal Herrera Oria. Además de ser un espacio para el culto y la oración, este pequeño edificio se había convertido en una especie de símbolo identitario para los aldeanos. Por eso, ante el estado en el que se encontraba, Alcántara no dudó en junio de 2018 en remangarse y ponerse manos a la obra, aunque el asunto más complicado era la financiación. Ante ese reto decidió pedir un préstamo personal con el que hacer frente a los gastos de la reforma, ya que el Obispado carecía por aquél entonces (Alcántara estuvo dos años buscando liquidez sin éxito) de recursos para reformar la capilla. «Hay muchas parroquias que están con problemas y en mala situación, he decidido hacer esto como un regalo por haber nacido allí», explicaba a SUR cuando se conoció su labor altruista.

El proyecto de restauración sigue su curso, aunque se planteó para ser ejecutado por fases, empezando por el tejado (que estaba en muy mal estado), pasando al interior y a la eliminación de elementos peligrosos.

El sacerdote asegura que tiene todavía «muchos proyectos en mente» para Arroyo Coche, su «pequeña isla», tanto física como mental, a la que vuelve siempre que puede pese a trabajar actualmente en la Diócesis de Sevilla.