La metamorfosis de Kiko Rivera

Imagen colgada por Kiko en su Instagram./Redes sociales
Imagen colgada por Kiko en su Instagram. / Redes sociales

El hijo de Isabel Pantoja demuestra que ha perdido 42 kilos posando en bañador y comparándose con una foto del año pasado

ARANTZA FURUNDARENA

Mientras en el Valle de los Reyes prosigue la búsqueda de la tumba de la esposa de Tutankamón, aquí acabamos de ser testigos de un hallazgo no menos asombroso... Resulta que Kiko Rivera tenía cuello. Y ese cuello ha emergido este verano de entre una gruesa capa de estratos adiposos que él mismo había ido acumulando tras décadas de abotargamiento. Ahora Kiko, hecho un pincel (de brocha gorda, pero pincel), presume de tipín a orillas del Mediterráneo. Y como para no presumir... Ha adelgazado 42 kilos. Y eso equivale a decir que se ha quitado de encima a otra persona, concretamente a una modelo de pasarela. Liberado de ese fardo, Kiko aparenta por fin los 34 años que tiene, sin el IVA (impuesto de vejez anticipada) que le añadía el sobrepeso.

El Dj ha querido compartir con el casi medio millón de seguidores que acumula en Instagram su nada kafkiana metamorfosis. Para ello, ha perpetrado un 'antes y después' enfrentando dos fotografías en las que posa en bañador en la playa. Una es de 2017 y la otra de 2018. Y no hace falta jugar a las siete diferencias porque ahí por lo menos hay 42, los kilos que, como él dice, «separan un año de otro».

El Dj también ha perdido superficie donde tatuarse

Acostumbrado como está a rentabilizar al máximo la fama, su adelgazamiento tenía que venir esponsorizado por una marca... En este caso, la Clínica Bruselas, centro de cirugía estética donde otro Kiko (Matamoros) se sometió a una otoplastia (eliminación de las orejas de soplillo) y por el que ha pasado medio Sálvame (Raquel Bollo, Chayo Mohedano, Makoke...), además de otras celebridades de nivel como Regina do Santos o Ramoncín.

Banda gástrica

Al hijo de Isabel Pantoja le colocaron hace un año una banda gástrica que reduce el tamaño de su estómago. Gracias a ella, se ha liberado del síndrome Carpanta o el ansia viva (que diría José Mota) por zampar a todas horas... Lo malo es que con el hambre se le fue por un momento la alegría. El Dj pasó una primavera muy amarga, con un bajón anímico que le dejó sin ganas de trabajar y, lo que en su caso es mucho más alarmante, sin ganas de comunicarse a través de las redes sociales... Hoy aquella 'depre' parece totalmente superada y Kiko vuelve a ser el bromista de siempre. En el último vídeo que ha colgado en Instagram aparece pidiéndole fuego a una estatua.

Ya con cuello y sin barriga, el nuevo Rivera de 2018 posa con un bañador rojo (más alegre que el de calaveras del año pasado) y luciendo nuevos tatuajes. En concreto, una enorme herradura encima de cada tetilla y un gigantesco dado en mitad del pecho, que en su peculiar idiosincrasia representan, según dice, a sus tres hijos... Para un adicto a la tinta, adelgazar tiene sus inconvenientes ya que cada kilo perdido le deja menos superficie donde tatuarse. Además, los tatuajes previos al radical cambio físico también se resienten. En los mensajes de texto (y Rivera tiene auténticos manifiestos subcutáneos) las palabras tienden a sincoparse, mientras que las figuras pueden ajarse y languidecer... A la cara de Paquirri que Kiko lleva en un brazo le deben de haber caído diez años encima. Claro que, si sigue adelgazando, los rostros que lleva repartidos por el cuerpo parecerán dignos de un cuadro de El Greco.

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