El hogar extradulce de Isabel Vidiella

El hogar extradulce de Isabel Vidiella

La experta en pastelería francesa y repostería creativa abre las puertas de su villa familiar en Marbella, diseñada para disfrutar

LORENA CODES

En la película Chocolat (2000) una joven Juliette Binoche da vida a Vianne, una viajera acompañada de su hija que llega a un pequeño pueblo francés para instalar su chocolatería y, de paso, revolucionar la vida de sus aletargados vecinos. El cuento cinematográfico relata la historia de su abuela, de origen maya, que un día abandonó a su abuelo porque pensaba que su destino era vagar por el mundo distribuyendo las propiedades del cacao de generación en generación. Ciertamente, los mayas creían que el cacao tenía el poder de revelar los anhelos secretos y destinos de las personas que lo consumían preparado de una determinada forma. Para Isabel Vidiella, «tal vez no llegue a tanto, pero sí tiene la propiedad de hacer feliz a la gente, ¿hay algo más importante?».

La protagonista de esta otra historia real no cuenta con antepasados de leyenda ni tampoco (que ella sepa) con un destino mitológico relacionado con el cacao, pero tiene en común con Vianne la suerte de experimentar una sensación extraordinaria: saber que con el trabajo que haces provocas emociones positivas en personas anónimas.

Su llegada al mundo de la pastelería francesa y la repostería creativa fue casual. O tal vez no. «Siempre he sido una persona creativa, en el colegio mis mejores notas siempre se distribuían entre las asignaturas artísticas», señala. Pero la juventud y la vida la llevaron por otros derroteros al terminar el Bachillerato. En concreto, se trasladó a Italia con el objetivo de aprender el idioma. Allí conoció a su marido y padre de sus hijos, con el que vive en esta villa en Marbella. «Buscábamos un lugar con calidad de vida y éste nos pareció estupendo», apunta.

La maternidad mantuvo a Vidiella ocupada durante unos años, si bien nunca abandonó esa vena creativa y la desarrolló a través de la pintura, la música y otras disciplinas. A la repostería creativa llegó a través de los cumpleaños de sus hijos. Su afán por hacer la mejor tarta la introdujo en la técnica y le gustó tanto que decidió hacer unos cursos en Inglaterra, junto a algunos de los maestros más reconocidos a nivel internacional, como Mary Berry o Mich Turner, entre otros.

Al principio fue solo un hobby, una forma de «crear cosas bonitas y experimentar», incide Vidiella. Sin embargo, su carácter perfeccionista la llevó a dar un paso más: ya no bastaba con hacer pasteles y tartas bonitas, sino que debían estar buenos, ser los mejores. Así que se tomó en serio su nueva faceta y decidió estudiar pastelería francesa en Le Cordon Bleu. Durante un año vivió en un tren Málaga-Madrid para lograr su sueño. Tras realizar las prácticas se lanzó a trabajar con proyectos varios y desde entonces disfruta al compaginar en una misma actividad trabajo y afición.

Su casa en Marbella es testigo del carácter inquieto y emprendedor de esta madrileña. Cada habitación de la villa posee algún tipo de invitación a la creatividad, pero de una forma serena, espiritual. Desde el salón principal con doble altura, la estancia que distribuye toda la vivienda, se observa la sala musical, con piano y violín (el instrumento al que ahora Isabel trata de robarle algunas melodías). Abajo, junto a la chimenea, libros y películas de los que la familia suele disfrutar en invierno, cuando el tiempo invita al recogimiento.

Un improvisado plató

Otro de los centros neurálgicos de la casa se sitúa en la cocina y el comedor, espacios en los que trabaja Isabel y que, desde hace poco tiempo, también se han convertido en un improvisado plató. Dominar la técnica y la práctica para crear dulces ricos y estéticamente perfectos ya no era suficiente, así que Vidiella creó Dulce Creatividad Academy, una plataforma de cursos online desde la que enseña a través de vídeos a crear madeleines, macarons, tartas fondant y otras exquisiteces. «Me siento muy cómoda con esta nueva faceta profesional, estoy creciendo y compartiendo conocimientos y eso me encanta», afirma Vidiella, mientras Chicún, su enorme cachorro, intenta robarle uno de los pasteles que acaba de preparar y que sirve en el porche del espectacular jardín que rodea la casa. La familia suele hacer mucha vida en el exterior, donde disfrutan de la piscina y la barbacoa, siempre que el sol de Marbella, que es generoso, se lo permite. «Mi familia es lo más importante, por eso me siento feliz con lo que hago, porque me permite disfrutar de mis hijos y al mismo tiempo desarrollarme profesionalmente y dar rienda suelta a la creatividad para la que aún no había encontrado un canal», concluye.

 

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