La culpa es de Kenneth Branagh

La culpa es de Kenneth Branagh
Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

'Sordo' *

'¿A quién te llevarías a una isla desierta?' **

'Los helechos' º

'O grande circo místico' *

Se abren las puertas que dan al patio de butacas del Teatro Cervantes, del que huye el crítico Carlos Pumares, incondicional del Festival de Málaga y famoso por su peculiar cruzada contra los teléfonos móviles en los pases de prensa. «¡La culpa de todo la tiene Kenneth Branagh!», vocifera indignado tras soportar más de la mitad del metraje de 'Los helechos', la película peruana proyectada este viernes en la sección oficial. Esta comedia con tintes dramáticos, según la definición del equipo, rodada sin apenas presupuesto ni guión, relata la escapada de dos parejas a una finca regentada por 'hippies', una convivencia filmada porque, oh demonios, apenas ocurre nada. La historia queda diluida en ese vacío, cubierto torpemente con excursiones y juegos de mesa en un intento naturalista que no emociona ni hace reír ni causa sorpresa o cabreo más allá de la sensación de haber perdido ochenta minutos. Esa nadería hace naufragar la cinta de Antolín Prieto, rodada en ocho días como producción cooperativa entre amigos, un invento cuyo encaje en la principal sección de un certamen como éste tiene difícil justificación por parte de la organización y los programadores.

Y si Branagh es responsable del fracaso de 'Los helechos', según la teoría de Pumares, podríamos achacar a Isabel Coixet el resbalón de '¿A quién te llevarías a una isla desierta?', la segunda inmersión de Jota Linares en el largometraje tras 'Animales sin collar'. La historia, basada en una obra de teatro homónima, tropieza con diálogos inverosímiles que parecen haber sido escritos para acabar esculpidos en piedras centenarias. Se agradece la honestidad que desprende todo el metraje, que en ocasiones alza el vuelo como retrato generacional poco o nada condescendiente, incluso crítico con el egocentrismo de sus personajes, condenados a descubrir que no son el centro del mundo. Pero Linares, y aquí reside el gran acierto de esta producción de Netflix, hace equilibrismos para que acabemos empatizando con estos cuatro veinteañeros que tiran a matar en el juego de la verdad, aun a riesgo de dispararse en el pie. Habrá que seguir de cerca al realizador andaluz, que mereció la nominación a mejor dirección novel en los Goya y que muestra especial tino para construir secuencias dramáticas donde sus historias explotan.

Tampoco 'Sordo', de Alfonso Cortés-Cavanillas, mejoró la jornada con su apariencia de 'western'. El filme, con un tono épico algo repelente, bucea en la posguerra, cuando los maquis seguían combatiendo el franquismo. El guión da vueltas sobre sí mismo hasta precipitarse en un desarrollo caótico y enfangado, sin que quede claro qué quiere contarnos. Ni la solvencia de Asier Exeandía, que encabeza un reparto formado también por Imanol Arias, Hugo Silva y Marian Álvarez, ni una correcta ejecución técnica salvan del bostezo durante este 'thriller' que narra la persecución de su protagonista, que ha perdido el oído en un sabotaje fallido a un puente y pasa a ser uno de los fugitivos más buscados por el ejército nacional. La cinta está basada en un cómic de Rayco Pulido y David Muñoz, una inspiración que, mal enfocada, provoca que la forma acabe devorando el fondo.

'O grande circo místico', la aportación brasileña a este frío cierre de sección oficial a concurso, muere por exceso de pompa. Carlos Diegues teje esta historia de cinco generaciones de la misma familia dedicadas al circo, con un maestro de ceremonias que nunca envejece. El empeño por mostrar las desventuras y alegrías de todos sus personajes, sin profundizar en ninguno, conduce a lugares farragosos envueltos en papel de telenovela. Nada parece rescatable en esta película que tampoco merece heredar el legado brasileño en el Festival, cerrado en alto el año pasado con la entrañable 'Benzinho'. Un final agrio para una sección que necesita ser podada la próxima edición. Porque más no siempre significa mejor.