«Si apareciese con ropa, estaría mejor»

Cartel de la película que dirige Alejo Moreno./SUR
Cartel de la película que dirige Alejo Moreno. / SUR

No parecía mala idea situar a hombres y mujeres de distinta edad frente al cartel de 'Diana', un largometraje dirigido por Alejo Moreno y protagonizado por Ana Rujas que se estrena justo hoy

ISABEL BELLIDO

¡Si una se parase más a escuchar! ¡Qué maravilla! A esta sección llegó el runrún: habían colocado un par de carteles en gran formato de la película 'Diana' y mostraban –¡nada más y nada menos!– un chocho. Y sabe Dios que ahí hay tema; lo sabía la que escribe, lo sabía la fotógrafa, lo sabía el director y también lo sabía la actriz protagonista, porque el nombre de la modelo (Lucía de la Guerra) aparece en la foto bien grande, probablemente para evitar confusiones. Pero la pregunta es: ¿por qué sigue habiendo tema?

En estos casos lo mejor es encomendarse al pueblo. El pueblo, desde luego, es soberano. Así que no parecía mala idea situar a hombres y mujeres de distinta edad frente al cartel de 'Diana', un largometraje dirigido por Alejo Moreno y protagonizado por Ana Rujas que se estrena justo hoy. La imagen ilustra, desde un plano contrapicado, a una mujer desnuda y de pie de la que, a pesar de estar –casi– clavándose un cuchillo en su pierna izquierda, lo que más llama la atención de los transeúntes es su vulva, que aparece en primer plano. Ya in situ, unas adolescentes –16, 17 años– opinan que «es demasiado atrevido». ¿El qué? «Que esté desnuda». «Si apareciese con ropa, estaría mejor», añade una de ellas. «Es demasiado para un cartel. Un poco desagradable, ¿no?», se interrogan. «¿Y si lo ven niños pequeños?». Preferirían, en todo caso, a una modelo «que esté mejor vestida, que llame la atención sin estar desnuda». Pues claro que había tema.

La película 'Diana' expone el cartel más transgresor del Festival de Málaga, pero ¿por qué lo es?

Alejo Moreno, que ha dirigido la cinta y también está detrás de esta imagen, dice a propósito que «hay una involución moral impresionante». «Creo que ha habido un ejercicio muy fuerte del heteropatriarcado contra el órgano sexual de la mujer»; lo ha transformado en algo «que se disfruta en la intimidad; como un objeto, en el fondo. La mujer acaba cogiéndole fobia», explica. Más opiniones, incluso gestos, apoyan su teoría: niñas muy pequeñas que hacen muecas, auténticos mohínes que expresan asco al contemplar la fotografía; unas treintañeras que al pasar comentan lo «ordinario» que les resulta; una benjamina de apenas seis o siete años que, con toda claridad, le dice a su madre: «a mí me incomoda mucho ese cartel». ¿Qué pasaría, en cambio, si nos mostrase a otra modelo más en ropa interior, con la boca entreabierta y una postura nada convencional?

Responde Moreno que hay otra foto de promoción, esta vez de Ana Rujas, en ropa interior que le parece «mucho más erótica que esta» porque «hay una perversión sexual ahí, una reconstrucción del cuerpo de la mujer evocando la sexualidad», ya que, además, «la lencería está hecha para el gusto del hombre», quien «objetiviza» a la mujer. La belleza de la foto, defiende el cineasta y periodista, es «rabiosa». Se trata de una mujer hermosa «pero por su fisonomía, no por los añadidos que le pongamos». Vamos más allá: ¿y si en lugar de una vulva hubiese un pene? «Creo que no generaría tanto rechazo», asegura. «La gente se reiría, sería un objeto cómico». Vienen a la memoria miles de dibujos de simpáticos falos que, desde pequeños, los niños (y, al final, también las niñas) dibujan en las mesas de clase, en las sillas, en los cristales sucios de los coches, a modo de broma.

Otros viandantes, esta vez hombres, califican la foto de «impactante» y no quieren añadir más. Deben tener ya más de treinta y se ríen y señalan al unísono la foto. «Impactante, quédate con eso». Otro caballero, esta vez más mayor, así lo ratifica, aunque añade que es «porque no estamos acostumbrados a este tipo de fotografías». Irene Cruz, directora de fotografía de la película y joven artista de prestigio (su currículum abruma), intuía que su trabajo despertaría esa impresión. «Es tan explícito para provocaros a vosotros», dice, resuelta, mientras anda apresurada. «Es un cartel súper feminista», en consonancia con la película, que trata sobre «una mujer muy empoderada». «Es explícito pero también artístico, no me parece nada ordinario o de mal gusto», opina. «Estamos acostumbrados a ver estatuas de hombres sentados a caballo en pelotas, y lo vemos ahí todo desde abajo perfectamente. ¿Por qué una mujer no?», pregunta.

El heteropatriarcado ha transformado el sexo de la mujer en algo «que se disfruta en la intimidad; como un objeto»

Pero la provocación no es, digamos, gratuita. En eso están de acuerdo ambos, Alejo e Irene. «Creo que este tipo de obras son necesarias para plantear el debate. Es un tema del que deberíamos estar hablando», argumenta el director. Por eso, seguimos preguntando en la calle. Un grupo de chicos que cada año acude al Hotel Málaga Palacio a fotografiarse con los actores y actrices comentan con pasmoso convencimiento que el cartel les es «indiferente». «No veo razonable que nos escandalicemos hoy en día por algo que debería estar normalizado...», arguye uno de ellos. Pero, sin embargo, ocurre «porque todavía hay mucha gente de mente cerrada». Que se abra «depende de la persona, la edad, la experiencia o la educación».

Con experiencia en la vida es un señor que dice haber sido testigo de censuras pasadas, «un tremendo amante de la libertad y de la libertad de expresión», como se define a sí mismo. Está paseando con su mujer cuando lo abordamos. Ni el cartel le parece desagradable, ni mucho menos lo quitaría, pero no cree «que sea necesario poner eso para llamar la atención», de la misma manera que no cree «que sea necesario que una chica vaya enseñando medio pecho para andar por la calle». ¡Acabáramos!

 

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