Ventura pierde la puerta grande con los aceros

Par a dos manos de Ventura a lomos de 'Dólar' sin el cabezal. /Hugo Cortés
Par a dos manos de Ventura a lomos de 'Dólar' sin el cabezal. / Hugo Cortés

Colosal actuación del rejoneador hispano-luso, que salva una tarde con un Ponce técnico y voluntarioso y un Juli apático y con una reprobable actitud

Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

Cuando Diego Ventura se fue camino de las tablas para recoger el rejón de muerte, los tendidos de La Malagueta estaban a revientacalderas y los cerrojos de la puerta grande Manolo Segura prácticamente abiertos para el rejoneador hispano-luso; sin embargo el fallo con los aceros impidió al que hoy por hoy es la máxima figura del toreo a caballo salir a hombros de Málaga. Una decepción que quedó reflejada en el rostro de Ventura que, a pesar de la atronadora ovación del público cuando el toro fue arrastrado, no quiso dar la vuelta al ruedo.

En ese cuarto, y antes en su primero, se vio lo mejor de una tarde que había despertado una gran expectación –la plaza registró la, hasta ahora, mejor entrada del abono– y que se tornó en decepción con la actuación de los matadores que completaban el cartel del festejo mixto: Enrique Ponce estuvo voluntarioso y técnico con el poso que dan los años de madurez, mientras que El Juli, en el año que cumple su vigésimo aniversario desde que tomó la alternativa, estuvo apático toda la tarde y con una reprobable actitud impropia de una de las principales figuras de la tauromaquia y, por tanto, con mayor caché económico.

Ventura cortó una oreja en el primero de la plaza, al que recibió a lomos de 'Guadalquivir' y al que sólo puso un rejón de castigo dada la mansedumbre de 'Mocoilo'. En las banderillas formó un auténtico lío sobre 'Nazarí', con el que llevó templada la embestida del toro; con 'Lío', donde brillaron los quiebros en las distancias cortas; y con 'Remate' en un carrusel con tres cortas al violín. Mató de un rejón trasero y caído que fue efectivo.

Si en su primero estuvo bien y a un gran nivel, la actuación en el cuarto fue colosal. Desde el primer momento se vio que Diego Ventura venía a abrir la puerta grande. Recibió a 'Carisma' con la garrocha en la puerta de chiqueros a lomos de 'Lambrusco' y puso dos rejones de castigo. En banderillas, el rejoneador hispano-luso dio un auténtico recital de doma, perfección y espectáculo con los cuatro caballos que saltaron al ruedo: con 'Fino' el temple alcanzó un grado superior a dos pistas y la brillantez al quiebro en las distancias cortas; 'Bronce' citó doblando las manos y ejecutando bien la suerte; 'Quilla' levantó las manos en el cite y la plaza enloqueció; y con 'Dólar' llegó la apoteosis en un par a dos manos sin el cabezal. Con la plaza en pie sólo faltaba la rúbrica, pero dejó un rejón hondo y echó pie a tierra, necesitando cuatro descabellos para matar al burel. Salieron algunos pañuelos en los tendidos, muy pocos, y el respetable le tributó una atronadora ovación mientras coreaba: '¡Torero, torero!'

Además

En cuanto a la lidia a pie, poca historia hubo en esta quinta del abono. Por la mañana, un día más, volvió a haber baile de corrales y de los anunciados del Vellosino quedaron dos, por lo que hubo que remendar el encierro con otros tantos de La Palmosilla. Ninguno de ellos dio opciones ni al triunfo ni a lo fundamental de la tauromaquia: la emoción.

Derechazo de Ponce al quinto.
Derechazo de Ponce al quinto. / Hugo Cortés

El primero de Ponce era un animal de 604 kilos –el de mayor peso de los lidiados hasta el momento esta feria en La Malagueta– y próximo a los seis años. Fue 'Polillo' un toro manso, soso y descastado al que el valenciano recibió con verónicas y dos medias muy templadas y de buen trazo. El de Chiva brindó la faena a Javier Conde y Estrella Morente, sus compadres. Un trasteo por ambas manos siempre a media altura, por las afueras e insulso, presidido por esa técnica prodigiosa que atesora. Con los aceros estuvo mal. Dejó dos pinchazos sin soltar antes de cobrar un bajonazo infame. Aún así, el bonancible público malagueño lo aplaudió.

Con verónicas estimables en las que fue ganando terreno recibió a 'Conilito', que perdió las manos a la salida de su encuentro con el picador. Enrique Ponce brindó al público una faena que desarrolló en ese lugar de la plaza, situado en la frontera de los tendidos dos y tres de La Malagueta, que tanto le gusta. El valenciano construyó un trasteo 'made in Ponce' llevándolo siempre a media altura, componiendo la figura, lo que caló en los tendidos, pero carente de emoción. Dejó un pinchazo sin soltar antes de dejar una estocada casi entera baja.

El Juli con la mano izquierda en el tercero.
El Juli con la mano izquierda en el tercero. / Hugo Cortés

El primero de El Juli fue un toro muy astifino con el que no se estiró con el capote. 'Azucón' hizo buena pelea en varas en el caballo de Salvador Núñez. El madrileño inició la faena con pases por bajo con la rodilla genuflexa, pero el burel llevó en todo momento la cara alta y no se empleó; el Juli lo macheteó y abrevió. Dejó un pinchazo y cuatro descabellos.

El sexto apretó a El Juli en las tablas cuando lo recibió con el capote y obligó al madrileño a tomar el olivo y prácticamente tirarse al callejón cuando fue desarmado por 'Nochebuena'. A partir de ahí se vio que al diestro no le gustó el toro –por cierto de una ganadería pedida por las figuras del toreo, así que alguna responsabilidad deben tener–; en la muleta no hubo nada de lucimiento, sólo probaturas de un Juli sin confianza y deseoso de acabar pronto. Dejó dos pinchazos, una media baja, un descabello y un mal sabor de boca. El público le pitó cuando abandonó la plaza.