Los últimos valientes se despiden de la feria más larga

Los últimos valientes dejan el listón bien alto en la plaza de la Constitución. /Migue Fernández.
Los últimos valientes dejan el listón bien alto en la plaza de la Constitución. / Migue Fernández.

El Centro y el real se ambientan lo suficiente para decir adiós como merece a la fiesta de agosto

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Quienes hayan paseado por el Centro durante estos diez días habrán visto a varios trabajadores de la hostelería llevar una camiseta negra y un mensaje en letras blancas: «Yo sobreviví a la maldita Feria de Málaga». Este sábado esas palabras cobraban más significado que nunca en plena recta final de la feria más larga de la historia. «La verdad es que el cuerpo lo nota, pero bueno hay que echar el resto», comenta un relaciones públicas entre oferta y oferta en calle Molina Lario. La fiesta se acabó anoche, y aunque el último día no estuvo tan lleno como el primer fin de semana, los últimos valientes acudieron a la gran despedida con ganas de jarana desde media tarde tanto en el Centro como en el real.

En torno a las cuatro de la tarde, la mayoría de los puntos calientes del casco histórico estaban llenos, aunque con excepciones. «Es el último día de feria, qué os parece... ¡Ay, que esto se acaba!». El cantante de Mr. Proper, rey de la fiesta en la Plaza del Obispo durante esta semana anuncia entre canciones que esta será su última actuación, ante lo que el abultado público responde con un sonoro y largo «¡no!». Mientras bailan relatan a SUR su última incursión feriante: «Estábamos un poco resacosos pero bueno, un día más no hace daño». Lucía, Belén, Cristina y María se arremolinan Cartojal en Mano al guitarrista de la banda y cantan a pleno pulmón. «El primer día que bajamos vimos a esta gente tocar y nos encantó, así que aquí hemos venido a despedirnos».

El último día de feria acogió también (como el resto de la semana) decenas de despedidas de soltero y soltera. Desde Valencia, Madrid, Logroño y País Vasco llegaron los amigos de Manuel, que se casa en unos meses, a «gastar y lo que surja». «Llegamos el viernes y nos vamos el domingo, y si nos quedásemos la feria seguía dos o tres días más por lo menos», bromean.

Otro grupo de amigas de Murcia, con camisetas a juego en rosa chillón, caminan por una de las callejuelas de camino hacia la plaza del Siglo, desde donde se escucha el retumbar de las charangas –incansables, dándolo todo pese a llevar nueve días sin descanso poniendo al feriante a dar saltos–. «Hemos llegado hoy y el lunes nos volvemos, pensábamos que el domingo también había feria pero nos tendremos que ir a la playa», apuntan las murcianas. En Molina Lario, un grupo de veteranos feriantes se sienta a tomar «algo fresco» antes de irse a casa. Van vestidos de corto y flamenca hasta el último detalle. Victoria se erige portavoz y asegura que este año tanto el real como el Centro han tenido «su punto», aunque ellos son más de Cortijo de Torres. «Es el primer día que venimos aquí frente a tres que hemos ido al real, pero no queríamos que se acabase la feria sin ver como estaba esto».

Pero el jaleo de la zona baja del Centro, mucho más liviano que en el arranque de las fiestas, se cortaba al cruzar calle Calderería. Plaza Uncibay, sede de la fiesta más eléctrica durante los días fuertes, se presentaba vacía a las cinco de la tarde. Tan solo unos pocos valientes bailaban en el tablao, además de los comensales que ocupan las mesas de las terrazas. Caros ha estado toda la semana a cargo de la música en la plaza, y asegura que el viernes y ayer estuvieron marcados por la baja afluencia. «Este año la cosa ha estado muy rara», admite.

En el real, en la caseta el Rodeo, Carlos, Paula, Pablo, Alejandra, Fernando, Vito, Guti, María, Pablo y Mercedes se han reunido para decirle adiós a la feria. «Que no falte, hombre, que hay que aprovechar hasta el último día», explica Pablo. Entretanto llega López, viejo amigo del grupo que llega para el reencuentro: «No he pisado la feria hasta hoy, solo por saludar».