El Concurso de Enganches marca el paso de la recta final de la feria de Málaga 2019

El Concurso de Enganches marca el paso de la recta final de la feria de Málaga 2019
Eduardo Nieto

Es la primera vez que este certamen se celebra en el real, lo que ha tenido consecuencias buenas y malas

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

E s una imagen inédita, por eso al principio muchos feriantes no sabían de qué iba la cosa. El Concurso de Enganches Ciudad de Málaga, una tradición que este año celebra su trigésimo octava edición, se ubicó este jueves por primera vez en el Real Cortijo de Torres, después de treinta y siete años desarrollándose en la La Malagueta. Este hecho insólito, consecuencia de las obras de renovación de la plaza de toros, tuvo resultados positivos y negativos, aunque más allá de las valoraciones, lo llamativo de este certamen marcó el paso de la entrada en la recta final de esta larga Feria de Málaga 2019.

En calle Antonio Rodríguez Sánchez, avenida que da a la zona oficial de la feria, se habilitó el circuito para el paso de los enganches, que esperaban su turno en la perpendicular en la calle Bailarín Eusebio Valderrama. Un total de 38 participantes competían por los premios de las distintas categorías, divididas en tipos de enganches a partir del número de caballos.

El la mesa de presidencia, el más de veinte veces campeón de España, Juan Robles Marchena, haciendo las veces de presidente del jurado, daba paso a los contendientes devolviendo el saludo, quitándose el sombrero y moviéndolo hacia un lado –al igual que los caballistas–. Como este año el concurso se ha celebrado entre el público feriante, en vez de en la plaza de toros a la que acudían entendidos y aficionados, la labor del comentarista era especialmente necesaria para ayudar a entender a los curiosos lo que estaba ocurriendo. El experto Paco Caballero, micrófono y programa en mano, iba desgranando los detalles de los diferentes enganches, explicando las características de los carruajes, las guarniciones y las maniobras que debían hacer dentro del concurso en sí.

Para el ojo inexperto, el espectáculo es total. La mera cantidad de detalles en cada uno de los carruajes y los trajes típicos de los conductores –a juego con la época de cada variedad– generan una imagen única. Eso sí, menos lucida que cuando se enmarca el albero de La Malagueta. Caballero seguía narrando las imágenes. «Aquí tenemos la típica imagen andaluza, media potencia a la calesera», decía al paso del dorsal número doce. Destacó por su singularidad el faetón convertible llevado por Asunción García Molina con el dorsal catorce, un vehículo «muy raro de ver», cuyos asientos traseros se pueden abatir para ser empleados como mesa de pic-nic-.

Los ejercicios que se deben efectuar frente al real se ejecutan al paso, al trote, con paradas y giros, para demostrar el conocimiento de la doma de los participantes.

Pegados a la línea que delimitaba el circuito estaba Salvador Ramírez, propietario de uno de los enganches que participan en el concurso. Explica que lo que más importa al jurado es la forma en la que se lleva a los caballos, además de la limpieza del carruaje y el propio animal y la destreza en los ejercicios. Su opinión sobre el hecho de que este año se celebre en el real de forma excepcional es positiva. «Yo creo que aquí nos ve mucha más gente y todo el mundo, incluso los que no conocen este mundo, pueden disfrutar, así ganamos sangre joven».

Unos metros más calle abajo, Cristina y Belén comentan el espectáculo sin tener «ni idea» de lo que están viendo. «Estamos escuchando al narrador y esto es una ciencia, ¿no? limoneras, potencia, tandem... no tenía ni idea de que hubiese tantas cosas».

Pero esta visión tan positiva no es compartida por todos. La presidenta del Club de Enganches Malacitano y una de las organizadoras del concurso, Merche Caparrós, explica a SUR que el real no es el recinto más apropiado. Primero por el malestar de los caballos al hacer las maniobras en el asfalto, segundo por la «menor afluencia» que en la plaza de toros. «Aunque las primeras sensaciones son buenas, creemos que no es el lugar adecuado y obviamente el año que viene volveremos a La Malagueta».

Hacia el fin de semana

El resto de la feria prosiguió como de costumbre, cogiendo fuerzas para el último fin de semana de forma más perezosa que en ediciones anteriores por la mayor duración. Ayer el alcalde, Francisco de la Torre, se reunió con los trabajadores de Limasa para felicitarles por su labor en el dispositivo especial de limpieza de la feria mientras que Centro y real vivieron una jornada tranquila, ni excesivamente vacía ni especialmente llena.

Mientras tanto, ayer por la noche se iba a celebrar el concierto de Little Pepe en la caseta La Solera que fue suspendido el pasado lunes por la venta de alcohol a menores pero volvió a cancelarse tal y como informaron a SUR tanto el artista como la organización, «por miedo a más sanciones».