La segunda vuelta de las generales

Albert Rivera, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Pablo Casado y Santiago Abascal. /R. C.
Albert Rivera, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Pablo Casado y Santiago Abascal. / R. C.

Las municipales, autonómicas y europeas llegan en plena resaca por la victoria del PSOE y el descalabro del PP el 28-A

Tras apenas una semana y medio de descanso, los candidatos retomarán el jueves a la medianoche la maleta para afrontar la última etapa de este maratón electoral. Municipales, autonómicas y europeas llegan apenas un mes después de las generales y lo hacen muy marcadas por los resultados del 28-A. Con un PSOE al alza, el Partido Popular deprimido tras cosechar el peor resultado de su historia, un Albert Rivera que ya se ve en la Moncloa tras una legislatura como autoproclamado líder la oposición y Unidas Podemos resignado a servir de muleta a los socialistas a cambio de obtener su cuota de poder en ayuntamientos y parlamentos regionales. El quinto en discordia es Vox, que aspira a gobernar en los municipios donde más ha calado el discurso antiinmigración y de ultraderecha de la formación de Santiago Abascal.

Como en el 28-A, los españoles acudirán a las urnas para decidir entre dos bloques ideológicos bien definidos y unas alianzas marcadas de antemano, salvo por la duda de si Ciudadanos accederá a pactar con el PSOE para enfatizar su lado centrista y desmarcarse, al menos en parte, de los pactos que pueda alcanzar con el PP y sostenidos por Vox. Y mientras los candidatos piden el voto, seguirá avanzando el calendario de negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez. No va más.

PSOE

Sánchez se implicará a fondo para probar que ha rescatado al PSOE

Pedro Sánchez.

«El proyecto culmina el día 26». Esta gráfica frase de uno de los principales responsables de la campaña socialista ilustra a la perfección cómo afronta Pedro Sánchez las próximas elecciones municipales, autonómicas y europeas. Para él, la nueva cita con las urnas supone la oportunidad de demostrar que ha sido capaz de sacar al PSOE del abismo en el que cayó en 2011, achicharrado por la gestión de la gran crisis económica bajo el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. Que la remontada de los socialistas va en serio. La tarea es compleja pero en la dirección de la formación ya anticipan que su implicación será «total y absoluta».

Los socialistas se enfrentan a un riesgo evidente. La entrada de Vox en el Congreso con 24 diputados y un 10,26% del voto es todo un fenómeno si se tiene en cuenta que hace apenas tres años el partido de Santiago Abascal obtuvo poco más de 47.000 votos (un 0,2%) y nula representación, pero las expectativas generadas en los últimos días apuntaban a una gesta aún mayor. Ahora el votante progresista puede pensar que el lobo no era tan fiero como lo pintaban y que su participación no es tan determinante.

En un intento de combatir la desmovilización, los socialistas ya han empezado a lanzar advertencias. La amenaza, dicen, sigue existiendo. «No hay más que ver lo que ha ocurrido en la Comunidad Valenciana (donde el 28 de abril se celebraron también elecciones autonómicas); con toda la maquinaria a tope, las suma de las tres fuerzas de la izquierda en las que se apoyaba el Gobierno ha quedado igual, incluso con un escaño menos», apuntan en Ferraz.

«Puro tacticismo»

No habrá, pues, cambio de estrategia y lo demostró ya este viernes el secretario de Organización y coordinador del comité electoral, José Luis Ábalos. Todo sigue sustentándose en el miedo a Vox y en la disolución de las diferencias que puedan existir entre la formación nacional populista, el PP y Ciudadanos. Argumentan que el volantazo al centro de Pablo Casado tras las generales no es creíble y tienen a su favor el pacto en Andalucía para probarlo. «Ojalá fuera parte de una reflexión pero es puro tacticismo -insistió el número tres del partido-; si tienen oportunidad de reeditar ese pacto de las tres derechas lo harán allá donde puedan».

La división que ha pasado factura a esas tres formaciones en la generales puede, efectivamente, serles de utilidad en las autonómicas, donde en muchos casos el sistema resulta más proporicional. Los socialistas lo saben bien porque, en sentido contrario, ellos mismos fueron capaces de arrebatar al PP varios ejecutivos regionales mediante alianzas con Podemos y otras fuerzas de izquierdas tras las elecciones de 2015. Así, volvieron al poder en la citada Generalitat valenciana, después de veinte años, y recuperaron Baleares, Extremadura, Castilla-La Mancha y Aragón. Ahora, en esas tres comunidades cabe la posibilidad de que la derecha sume. E igualmente, es perfectamente factible que se frustre el sueño socialista de situar al exministro Ángel Gabilondo como presidente madrileño al frente del primer gobierno socialista en 24 años.

Partido Popular

Casado se enfrenta a un problema de credibilidad

Pablo Casado.

Pablo Casado, tras el revolcón de los 3,7 millones de votos y 68 diputados perdidos en las generales de hace una semana, se enfrenta al reto de recuperar el terreno perdido. Un segundo revés el 26 de mayo precarizaría más su ya delicada situación al frente del PP. A la fuerza ahorcan, y ha decidido dar un golpe de timón, abandonar el rumbo a la derecha y virar hacia el centro. Ahora le toca hacer creíble el cambio.

Casado no es candidato pero se juega más que nadie. El PP gobierna en cerca de 3.100 municipios de los 8.131 que escogen a sus regidores, y en cuatro de las doce comunidades que celebran elecciones. Mucho poder institucional y muchos puestos de trabajo. Los populares ya sufrieron un serio revés en las municipales de hace cuatro años, cuando perdieron 15 de las 34 capitales que controlaban, algunas del calibre de Madrid Valencia o Sevilla, pero el golpe se mitigó porque por aquel mayo de 2015 el PP aún gozaba de mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y Mariano Rajoy estaba en la Moncloa aunque ya sonaban tambores que preludiaban malos tiempos.

El líder popular ya no dispone de ese colchón. Se asoma al vacío. Casado y su sanedrín han asumido, tras meses de ignorar los avisos, que se impone un cambio de estrategia, que el PP no puede limitarse a disputar con Vox el voto más conservador. Se acabó, dicen en la sede de la calle Génova, el conchabeo de bomberos «para no pisarnos la manguera» con el partido de extrema derecha o invitar a los votantes de Santiago Abascal a que volvieran a la casa madre porque el PP «ya no es el de Rajoy».

Menos Cataluña

El problema es hacer creíble ese discurso, convencer a los ciudadanos de que el PP ya no es el partido escorado hacia la derecha dura que era hasta el pasado domingo. «Menos hablar de Cataluña, Torra y Otegi, y más de la gente». Así resumía el volantazo un dirigente territorial 24 horas después de la derrota. El problema de Casado es que es un político conservador, que ha bebido y bebe de las fuentes del 'aznarismo' y que el tránsito hacia el centro no es un cambio de ropa.

No lo tiene fácil porque el experimento andaluz sigue ahí, y no puede ocultar que Vox tiene cada día mayor peso político en el Parlamento de Andalucía. Llamar «extrema derecha» al partido de Abascal, a lo que se negó durante toda la campaña de las generales, no es un gesto suficiente para acreditar un distanciamiento de una fuerza cuyos votos tendrá que apelar después del 26 de mayo para gobernar ayuntamientos y autonomías. El cambio de rumbo suena por ahora a un apaño para parecer lo que no se es.

Casado viajó este sábado a Galicia en busca de una pátina de credibilidad a su discurso de moderación. En El Pino (La Coruña), y a la sombra de Alberto Núñez Feijóo, trató de dar consistencia al pretendido cambio de imagen. Y es que el presidente de la Xunta, barón de barones del PP y al que cada día se mira más en el partido, ya le advirtió el pasado jueves: «Somos el partido del centro y la derecha en España, pero si solo somos el partido de la derecha dejamos de ser el partido del centro».

Ciudadanos

Rivera se prepara para materializar el 'sorpasso' al PP

Albert Rivera.

Los buenos resultados cosechados por Ciudadanos el pasado 28 de abril, con 57 escaños y casi un millón de votos más que en las elecciones de 2016, han afianzado la estrategia de la formación liberal para convertirse en la fuerza de referencia del centro derecha. Albert Rivera y su círculo miran ya al 26-M dispuestos a materializar el ansiado 'sorpasso' al PP, conseguir varias presidencias autonómicas relevantes y cimentar con ellas su aspiración de convertirse en partido hegemónico de la oposición al socialismo los próximos cuatro años.

Los resultados de las generales, aunque no son extrapolables, dicen que Ciudadanos puede superar al partido de Pablo Casado y gobernar en la Comunidad de Madrid, donde aventajó al PP en 2,3 puntos y casi 90.000 votos, o en Aragón, donde obtuvo el pasado domingo 1,6 puntos y 12.000 papeletas más que los conservadores. Dos posibilidades de entrar a gobernar a las que los liberales darán prioridad en la campaña que se inicia este viernes.

La dirección del partido confía en que los volantazos del PP y la decepción de los votantes de Vox aumenten el botín naranja en las urnas. Aun así, la hoja de ruta a seguir en estos comicios no divergirá mucho de la anterior. Ciudadanos seguirá tratando de pescar en el caladero conservador mientras intenta convencer a sus votantes de que son el «voto útil de centro». Tampoco se espera que hablen de la formación de Santiago Abascal y se limiten a recordar que hay unos 730.000 votos de Vox del 28-A que no han recibido escaño.

Y aunque el cordón sanitario sigue en pie y no habrá pacto posible entre el PSOE y Ciudadanos que haga presidente a Pedro Sánchez, Rivera ha descartado imponer un veto general a posibles acuerdos postelectorales con los socialistas tras el 26 de mayo. El líder de Ciudadanos se ha mostrado dispuesto a negociar pactos en las distintas comunidades y ayuntamientos con quienes no han favorecido al nacionalismo. «Habrá que estudiar cada caso llegado el momento», insisten en la dirección naranja.

El partido de Rivera concibe también la cita europea como un «duelo directo» con el PP. Para ello confía en su cabeza de lista Luis Garicano, un candidato sólido que goza además del apoyo de los liberales europeos, al que acompañarán dirigentes con experiencia en estas lides como Maite Pagazaurtundua, Soraya Rodríguez o Javier Nart. Ciudadanos tiene ahora dos diputados y las encuestas le dan cerca de diez.

Unidas Podemos

Iglesias aspira a Ejecutivos de coalición

Pablo Iglesias.

La espada de Damocles se cierne sobre Unidas Podemos el 26-A. Y es que la línea que separa el éxito del fracaso en estos comicios es muy fina. El objetivo prioritario de la coalición entre Podemos, Izquierda Unida y Equo es mantener los bautizados como «ayuntamientos del cambio», en los que gobierna desde 2015. No lo tendrá fácil en muchos de ellos. Primero porque el centro derecha amenaza, esta vez sí, con sumar los concejales suficientes para arrebatar a la izquierda un buen puñado de bastones municipales. Y, segundo, porque el alza del PSOE podría relegar a las listas de Unidas Podemos a la segunda posición en la izquierda, lo que llevaría a los socialistas a reclamar las alcaldías que han apoyado desde un segundo plano los últimos cuatro años. Otro factor determinante será comprobar el impacto de las rupturas internas, especialmente en Zaragoza, donde el regidor Pedro Santiesteve se presenta al margen de Podemos; o las ciudades gallegas, en las que el divorcio con las Mareas se tradujo en una pérdida de tres diputados el 28-A. Tras la decisión de no presentarse en Madrid para no competir con Manuela Carmena, retener Barcelona se presenta como la prueba de fuego para Podemos y sus aliados.

A nivel autonómico, el morbo está servido. Los de Iglesias se miden al nuevo partido de Íñigo Errejón. Con los socialistas en cabeza en todas las encuestas, Unidas Podemos y Errejón pelearán por erigirse en segunda fuerza de la izquierda. Pero el duelo va más allá: el electorado dictará sentencia sobre quién tiene razón en la pugna entre Pablo Iglesias y su exnúmero dos.

Coaliciones

En el resto de los parlamentos autonómicos el reto de Unidas Podemos pasa por obtener los suficientes diputados para que, siempre que la izquierda sume, reclamar entrar en los gobiernos presididos por el PSOE, como hace a nivel nacional. En 2015, Podemos rehusó formar parte de los ejecutivos regionales, aunque apoyó todas las investiduras posibles de los candidatos socialistas. Por aquel entonces, Iglesias iba al alza y no quería mezclarse con un PSOE al que calificaba como casta. Pero ahora las tornas han cambiado y los morados están necesitados de gestionar poder para demostrar que saben gobernar.

Europa es un objetivo secundario, aunque la espantada de Pablo Bustinduy, el candidato elegido en primarias que renunció al puesto el pasado marzo, puede lastrar más de lo previsto las opciones de Unidas Podemos en la Cámara, la misma que le permitió entrar por la puerta grande en la política española.

 

Vox

Los de Abascal buscan gobernar sus primeros ayuntamientos

Santiago Abascal.

La formación de Santiago Abascal dio su primer gran paso al irrumpir con 24 diputados en el Congreso y ahora quiere rematar la faena en ayuntamientos, parlamentos regionales y la cámara de Estrasburgo.

Pese a su éxito en las generales del pasado domingo, lo cierto es que Vox se quedó sin capacidad de influencia en las decisiones gubernamentales. A lo largo de la futura legislatura, su labor se limitará a defender sus proclamas desde la tribuna del Congreso y, según ha avanzado Javier Ortega Smith, presentar proposiciones no de ley que, se da por seguro, no irán a ninguna parte, pero que «harán que los demás se retraten». Es lo que opina el secretario general de la formación ultraderechista.

Es a nivel municipal donde más expectativas mantienen los de Abascal. El objetivo es gobernar algunos de los ayuntamientos donde Vox se impuso en las generales. Uno de esos lugares podría ser El Ejido, con 85.000 habitantes y de los que un 30% es población inmigrante. El domingo, el partido ultra logró en este municipio almeriense el 30% de los sufragios, por el 22% de PP y el 21% de PSOE. El pero está en que muchos sitios los candidatos de Vox necesitarán el apoyo los populares e incluso de Ciudadanos para gobernar, lo que puede causar tensiones internas entre conservadores y, sobre todo, liberales.

La batalla por Madrid

Madrid será uno de los objetivos prioritarios de Vox, que presenta a dos pesos pesados del partido como Ortega Smith en el Ayuntamiento y Rocío Monasterio en la Comunidad. El objetivo es ser imprescindibles para que gobierne la derecha con una coalición a semejanza de la andaluza.

En las europeas el sistema electoral favorece a Vox, que si repite los resultados de las generales, se situaría por encima de los cinco eurodiputados. Es segura la llegada de Abascal y los suyos a Estrasburgo, donde podrán codearse de tú a tú con Agrupación Nacional de Marine Le Pen o el Partido por la Libertad del neerlandés Geert Wilders.