La ultraderecha galopa por Europa

Salvini y Orbán observan desde una torre las alambradas fronterizas para frenar a los inmigrantes./AFP
Salvini y Orbán observan desde una torre las alambradas fronterizas para frenar a los inmigrantes. / AFP

Las crisis económica y migratoria han dado fuelle a las fuerzas extremistas en los Parlamentos nacionales

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

La irrupción de los 24 diputados de Vox en el Congreso está en línea con el panorama político europeo. Es la confirmación de que la extrema derecha avanza en Europa a galope impulsada por el apoyo de electores hastiados, entre otras razones, de una Unión Europea que, consideran, ha acaparado competencias nacionales por intereses oscuros de los burócratas de Bruselas, París o Berlín.

Sin ser nueva, esta percepción cobró fuerza a raíz de las crisis económica y de inmigrantes, cuyas consecuencias hacen tambalear ahora los cimientos de las mayorías de socialdemócratas y conservadores que se han sucedido desde la celebración de los primeros comicios europeos en 1979.

La lista habla por sí sola. Ley y Justicia gobierna en Polonia con mayoría absoluta y ha recibido una advertencia de la Comisión Europea por su intento de reforma del poder judicial para, supuestamente, hacerse con su control; en Hungría, el primer ministro Viktor Orbán está al borde de ser expulsado del Partido Popular Europeo por sus continuos ataques a los valores de la UE; la francesa Marine Le Pen encabeza las encuestas para las europeas por delante de la formación del presidente Emmanuel Macron y, en Italia, Matteo Salvini ha desafiado a los poderes comunitarios con su política antiinmigración. Más aun, en Finlandia la ultraderecha se quedó a solo 6.000 votos de ganar las generales del pasado abril; en Austria, el Partido de la Libertad gobierna en coalición con los conservadores; y el auge de Alternativa para Alemania obligó a rectificar a la mismísima Angela Merkel su inicial política de puertas abiertas para los refugiados sirios, afganos o eritreos.

Estos casos evidencian que la marea de extremismo se extiende imparable a lo largo y ancho de Europa. Tanto que Portugal, Irlanda, Luxemburgo y Malta son los únicos Parlamentos nacionales dentro del club comunitario que no cuentan, por el momento, con representantes de la ultraderecha.

Contrastes

Pese a compartir valores como la devolución de competencias a los Estados miembros o el cierre de las fronteras, cada extrema derecha europea es un mundo diferenciado por su idiosincrasia nacional. La Unión Europea es la enemiga, sí. Pero la posición contra ella va desde quien aspira a reducir el proyecto de integración a cenizas a los que se conforman con dar un paso atrás que ponga coto a la supranacionalidad.

Vox se presenta como heredero del nacionalcatolicismo español y, en muchos aspectos, poco tiene que ver con la francesa y republicana Agrupación Nacional. Marine Le Pen se ha prodigado en elogios durante los últimos meses hacia Santiago Abascal, pero, a diferencia del político español, la política gala, por ejemplo, se ha granjeado un significativo apoyo de la comunidad homosexual, y ha mostrado posturas hasta cierto punto moderadas en lo que respecta al aborto, que no prohibiría, algo que sí promete hacer Vox.

Sus diferencias amenazan con impedir que se reúnan en un único grupo en la Cámara de Estrasburgo

Más significativo fue el encontronazo entre los partidos ultras de España e Italia. Lo originó el ahora viceprimer ministro del país transalpino y líder de la independentista Liga Norte, Matteo Salvini, que condenó la detención de Carles Puigdemont en Alemania en marzo de 2018, y abogó por el diálogo entre el Gobierno español y el separatismo catalán. La respuesta de Abascal fue contundente: «Mete tus narices en los asuntos italianos y deja de comportarte como un burócrata globalista entrometiéndote en la soberanía nacional de España. Y por cierto, ese separatismo catalán que apoyas tiene entre sus logros haber hecho de Cataluña la región más islamizada de España». A día de hoy, ambos se declaran admiradores mutuos y se deshacen en elogios el uno hacia el otro, pero tampoco comparten mesa camilla.

Sus diferencias provocan que los partidos ultra voten en Estrasburgo según sus intereses nacionales y no como un grupo unido, lo que les resta una buena dosis de influencia. En cualquier caso, según las encuestas, la extrema derecha se convertirá en el tercer bloque ideológico de la próxima Eurocámara, tras los democristianos y los socialdemócratas, y por delante de los liberales.