El PP sitúa a Madrid como prueba de fuego para la fortaleza de Casado

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (ctro.), acompañados por los candidatos de su partido a la alcadía de Madrid, Jose Luis Martínez-Almeida (decha.), y de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso (izda.)./EFE
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (ctro.), acompañados por los candidatos de su partido a la alcadía de Madrid, Jose Luis Martínez-Almeida (decha.), y de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso (izda.). / EFE

En los territorios creen que retener además feudos como Castilla y León o Murcia daría oxígeno a una dirección a la que piden cambios

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Todas las plazas se pelean, pero algunas son vitales para un PP en horas bajas. Dirigentes y cargos conservadores creen que retener o no el poder en feudos históricos como la Comunidad de Madrid o Castilla y León dará el 26 de mayo una medida del estado de salud de la organización, pero también de su liderazgo. Tras caer hasta los 66 escaños en el Congreso, las discrepancias estratégicas con Pablo Casado se han acentuado. En las filas populares anticipan que de lo que ocurra en estas elecciones municipales y autonómicas dependerá, en buena medida, la fortaleza del presidente al frente del partido.

Hay un territorio que en el PP sitúan como el test de Casado. «La diferencia entre fracasar o salvar los muebles es Madrid», sentencia una fuente de la formación. Los populares han gobernado esta comunidad desde 1995 bajo las órdenes de Alberto Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes y Ángel Garrido. Para el partido es el «escaparate», un «símbolo» en el escenario nacional. «Lo es -apunta ya un veterano- casi todo». Pero, además, representa la cuna política de su presidente, donde obtuvo un altísimo respaldo en las primarias de julio.

La noche de enero en la que Génova anunció los candidatos que batallarían por la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid hubo quien ya advirtió de la «apuesta tan personal» y, por extensión, «arriesgada» que acababa de asumir el presidente del PP con dos perfiles -Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida- de su confianza, que respondían a su proyecto y su discurso, y «poco conocidos». Las mismas voces señalan ahora que eso eleva la responsabilidad de Casado sobre los resultados que los populares obtengan en este territorio.

En esta segunda campaña, el presidente del PP está volviendo a desplazarse -aun con viajes más medidos- por toda España. Pero en Madrid ha puesto un énfasis especial. Asistió a la apertura de la campaña en la capital, el martes acudió a un acto vespertino en Aranjuez, hoy celebró San Isidro en la ciudad y, con toda probabilidad, volverá, si no antes, en el cierre del 24 de mayo.

Para contener las filas, sin embargo, necesitará conservar el poder territorial que el PP salvó con dificultades en 2015. Los populares esperan asegurar los gobiernos de Castilla y León, Murcia o La Rioja. Perder esas plazas se entendería como «una nueva debacle» con la consecuente demanda de explicaciones a la dirección nacional.

Confianza en los pactos

El reto es complicado, pero en el PP, tanto en los territorios como en la cúpula, no lo consideran imposible. Coinciden en que dos elementos podrían impulsar al partido en esta segunda cita con las urnas: la solidez de su estructura y la «decepción» de algunos votantes de Vox que han visto cómo la fragmentación reducía en las generales las opciones de la derecha.

Casado, confía, desde luego, en que electorado aúne ahora fuerzas bajo sus siglas: «El hombre no puede ser el animal que tropieza con la misma piedra dos veces». «No queremos pasar de la Champions a la Segunda División -reclamó este miércoles- y, si ya tenemos un mal Gobierno, el mejor contrapeso es tener ayuntamientos y comunidades del PP».

Para lograr el poder los populares son conscientes de que necesitarán pactar con Ciudadanos, y es posible que con Vox. Se trata de compensar con acuerdos poselectorales la pérdida de votos. El mayor temor es que en lugares como Madrid, los liberales se impongan y logren la hegemonía del centro derecha. Ese sería el «peor» de los escenarios, ceder el Ejecutivo y no liderar la oposición.

Dependiendo de la gravedad de la situación, en el PP creen que Casado se toparía con más o menos dificultades para calmar el malestar interno. Pero, ocurra lo que ocurra, esperan que pasado el 26 de mayo -y si no se cumplen, que no creen, los peores vaticinios- el presidente acceda a sumar nuevas incorporaciones a su núcleo duro, aumentar su capacidad de escucha a las organizaciones territoriales e introducir cambios en su discurso.

En la sede nacional de Génova siguen insistiendo, en todo caso, en que su estrategia de las generales fue «acertada», que según sus estudios cualitativos lo que les penalizó fue la gestión de la crisis, del desafío independentista en Cataluña y los casos de corrupción. No tanto lo que hiciera su candidato.