La parte cruda de la caída del petróleo

Una plataforma petrolífera en el este de Rusia./
Una plataforma petrolífera en el este de Rusia.

El bajo precio del barril pone contra las cuerdas a Rusia, paraliza inversiones y agudiza la deflación

ANA BARANDIARAN

La teoría y también la experiencia apuntan a que un precio bajo del petróleo supone un impulso para la economía mundial. Su abaratamiento conlleva una transferencia de renta desde los productores, que ingresan menos, a los consumidores, que ahorran en la factura energética. Pero como los importadores netos (EE UU, China, India, la zona euro, Japón...) tienen más peso que los exportadores netos (Arabia Saudí, Rusia, Venezuela, Nigeria...) el saldo es positivo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima un incremento adicional del 0,8% en el PIB mundial. Sin embargo, las dificultades de Rusia y el temor a un contagio a otras economías emergentes ha mantenido la atención en la parte negativa de la caída del oro negro. Sólo a partir del jueves, cuando se intuyó que se formaba un suelo en torno a los 60 dólares, se empezó a valorar la cara positiva, que es muy significativa.

Entre las principales preocupaciones que genera el desplome figuran la posible quiebra de países muy dependientes de esta materia prima con Rusia, Venezuela e Irán a la cabeza; el efecto sobre las multimillonarias inversiones en el sector, incluidos los proyectos de fracking en Estados Unidos; y también el temor a que la caída sea un reflejo de la debilidad de economías consumidoras como la Eurozona y China.

Unas inquietudes estrechamente ligadas a las causas que explican el brutal descenso del oro negro. Desde que en junio marcó un máximo de 115 dólares, la cotización ha bajado un 48% hasta los 60 en los que se situó el viernes. ¿Por qué esta caída? La respuesta es un exceso de oferta, debido en parte a la producción obtenida del fracking en Estados Unidos, combinada con una frágil demanda por los estragos de la crisis; la zona euro no termina de remontar, China se ralentiza y Japón ha vuelto a entrar en recesión.

El derrumbe se acentuó después de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidiera en la cumbre del 27 de noviembre no recortar su producción, establecida en 30 millones de barriles diarios, un 35% del total mundial. Arabia Saudí impuso su criterio de mantener la cuota, lo que ha dado pie a todo tipo de interpretaciones. ¿Qué busca con esta estrategia de precios bajos? Para unos, su intención es dejar fuera de combate a la industria del fracking, que es una tecnología con costes elevados. Gracias a ella, Estados Unidos ha disparado su producción y reducido las importaciones, que ya sólo cubren el 40% de sus necesidades. Otros ven motivos políticos; en concreto, el deseo de hundir a su eterno rival, Irán. Por su parte, el presidente ruso, Vladímir Putin, sospecha de la existencia de un pacto secreto entre EE UU y Arabia Saudí para dañarle, una tesis que también cuenta con adeptos en Latinoamérica. «Es una conspiración abierta contra Venezuela y Rusia», afirmó el viernes el presidente de Bolivia, Evo Morales.

Arabia Saudí había rechazado el día anterior cualquier motivo político en su decisión y afirmó que únicamente busca preservar su cuota. Explicó que no puede reducir la producción si no lo hacen también otros países de fuera de la OPEP. El ministro del ramo, Ali Al-Naimi, aseguró que la situación es «temporal» y que el precio se recuperará cuando remonte la demanda. Pero hay quienes vaticinan el inicio de una nueva era de petróleo barato.

Nivel de vida amenazado

Es difícil pronosticar qué pasará en el largo plazo, pero para los dos próximos años no se espera una recuperación del precio, lo que significa sufrimiento para países como Rusia y Venezuela. «No es sólo que necesiten un precio alto para cuadrar sus presupuestos. Es que con esos ingresos mantienen un estándar de vida que ahora se ve amenazado. Puede haber un estallido social», explica Juan Ramón Caridad, director del Máster de Finanzas FIA. En el caso del impredecible Putin hay temor a cómo responderá al encontrarse contra las cuerdas. Lo lógico sería que diese pasos para que EE UU y Europa retiren las sanciones impuestas por la anexión de Crimea y su apoyo a los separatistas del este de Ucrania. Pero, debido a su carácter, podría incluso mostrarse más beligerante. En su discurso del jueves pasado se refirió a su país como un oso al que Occidente quiere arrancar «colmillos y garras». No es un buen augurio.

Rusia se ha convertido en la primera víctima del desplome del petróleo. Aunque el rublo se estabilizó al final de la semana, la economía, ya debilitada por las sanciones, se enfrenta a un gran desafío. Un 75% de las exportaciones y un 50% de los ingresos fiscales vienen del petróleo y el gas. El banco central ruso ya ha advertido de que, con un precio de 60 dólares el barril, el PIB se contraerá el 5%.

La fuga de capitales ha hundido la divisa, que acumula una caída del 40% en el año. Como consecuencia, la inflación se ha disparado y empresas como Apple e Ikea han dejado de vender en el país. No obstante, los expertos creen que Rusia está en mejor situación que en la crisis de 1998 gracias a que acumula unas reservas de 370.000 millones de dólares. «La posibilidad de quiebra es mínima. Sí puede haber suspensiones de pagos de empresas y bancos por las dificultades para pagar la deuda de acreedores extranjeros», apunta un informe del banco suizo UBS.

En todo caso, señala Federico Steinberg, investigador principal del Real Instituto Elcano, «hay que estar atentos al efecto contagio». «La quiebra de Rusia tendría un gran impacto en Europa central y la onda expansiva podría alcanzar a Latinoamérica», señala. En la misma línea, José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi para España, advierte de que los mercados emergentes ya están debilitados por la perspectiva de subida de tipos en EE UU, que incentiva la fuga de dinero de esos países hacia el dólar. Al principio de la semana hubo mucho temor al contagio a otros mercados emergentes, pero se fue calmando.

El mensaje de la Reserva Federal estadounidense de que afrontará con paciencia la subida de tipos devolvió la confianza y redujo la aversión al riesgo. Además, los expertos creen que los emergentes están mejor preparados que en 1998, cuando la crisis financiera asiática causó la quiebra de Rusia, que a su vez arrastró a Latinoamérica. Desde el máximo del petróleo de junio, las divisas que más han caído, aparte del rublo, son el peso colombiano y el real brasileño.

En cuanto a las inversiones, las petroleras ya están anunciando recortes de gastos y de proyectos, aunque es pronto para extraer conclusiones. Se supone que las explotaciones de fracking dejan de ser viables con un precio por debajo de los 70 dólares. Más que un parón en la actividad, se espera un saneamiento en el sector, que ha vivido un auténtico boom. Desde 2008, la producción de petróleo obtenido de la fracturación hidráulica en EE UU ha pasado de los 600.000 barriles diarios a los 3,5 millones, el 35% del total. El negocio ha atraído a nuevos operadores, muchos de ellos sobreendeudados, lo que dará lugar a un proceso se consolidación; los más pequeños desaparecerán o serán absorbidos. Al margen del fracking, la consultora noruega Rystad Energy estima que hay más de 120.000 millones de inversiones planificadas que han quedado en riesgo.

Otro motivo de preocupación es que el desplome del petróleo agudice el peligro de deflación en economías como la zona euro. «Es una amenaza para los países muy endeudados como España», explica Caridad. Con todo, la mayoría de expertos coincide en que el saldo final será positivo.