El Corte Inglés busca viaje tranquilo para cambiar de pantalla

Análisis

Unas 6.000 familias malagueñas –92.000 en España– dependen del gigante nacional de la distribución, con cinco centros en una provincia clave para la firma desde 1977

El Corte Inglés busca viaje tranquilo para cambiar de pantalla
José Vicente Astorga
JOSÉ VICENTE ASTORGA

Desde el pasado jueves hay seis mil familias malagueñas que siguen expectantes las noticias sobre El Corte Inglés. Es la misma preocupación presente en el día a día de los 92.000 trabajadores de la empresa, atentos como gran parte de la sociedad española al inesperado y ruidoso cambio de pantalla en una organización que ha consolidado a lo largo de casi 80 años una imagen de sólida reputación gracias a la confianza de millones de clientes en toda una cultura propia en el comercio. La destitución de Dimas Gimeno como presidente ha llegado con terremoto anunciado y su demanda contra el consejo dirigida desde Cremades&Calvo Sotelo, el bufete que dirige el abogado malagueño Javier Cremades, garantiza réplicas. Los tribunales hablarán pero será, en todo caso, un precio descontado cara al futuro por los nuevos gestores a los que el consejo ha confiado por unanimidad que pasen página del liderazgo de Gimeno, presidente desde 2014 por designación de su tío Isidoro Álvarez. Lejos de cuajar, sólo ha reforzado si acaso –y el análisis está muy compartido– la tensión y las rencillas de largo recorrido que arrastran las dos familias accionistas: la del ya expresidente y todavía consejero y accionista, y sus primas Marta y Cristina Álvarez, hijas adoptivas de quien marcó casi un cuarto de siglo de la empresa. Toca crear otro clima en la cúpula y abordar estrategias de futuro, un cambio de rumbo difícilmente tranquilo pero decidido de forma unánime por el consejo que controlan las dos hermanas y para el consejo ha echado mano de ejecutivos con larga trayectoria en la casa –Jesús Nuño de la Rosa y Víctor del Pozo–, los dos en primera línea desde que hace un año el consejo decidiera eclipsar a Gimeno. Los dos, ajenos a la dinastía familiar. Las primas hicieron valer su peso mayoritario, como ahora en la designación de De la Rosa, el exresponsable del área de viajes que inicia un tour bastante agitado, con retos globales marcados por la cuota imparable del comercio digital que El Corte Inglés lideraba en España antes de la llegada de Amazon en 2011. Las condiciones están creadas para otro tipo de gestión enfocada a planes estratégicos, sin descartar las de una salida a Bolsa con los que Gimeno atrajo capital catarí. Ese objetivo sigue vivo aunque ahora las circunstancias lo posponen. El objetivo de una gestión más profesionalizada es el nuevo mantra que los responsables de la empresa tratan de llevar a trabajadores, proveedores y clientes. Entre los directivos –poseen el 5 por ciento de la empresa– es el primer mensaje que corre por la organización, el arranque de un nuevo periodo no escaso de incertidumbres pero enfocado a un perfil de gestión más colegiada cuya ausencia ha marcado los escasos cuatro años de Gimeno. Es lo que los accionistas mayoritarios reflejan en el comunicado con el que anunciaron el relevo: «El consejo de administración considera necesario un cambio de liderazgo para afrontar los retos de futuro. La amplia experiencia de Jesús Nuño de la Rosa y su dilatada carrera profesional, suponen un nuevo paso en la estrategia de profesionalización de la gestión de la compañía. El nuevo presidente se apoyará en Víctor del Pozo como consejero delegado y gran experto en el negocio del retail». Málaga, con sus cinco centros abiertos desde 1977, está en el grupo de provincias estratégicas para la empresa. Su plantilla, con una edad media inferior a la media nacional –39 años frente a 41– y el entorno turístico refuerzan a Málaga y la Costa del Sol como ese campo de ensayos casi 'histórico' que viene siendo para identificar nuevas estrategias. Las reformas y ampliaciones ya realizadas o en cartera en los centros de Málaga son la prueba de esa apuesta continuada. Marbella, con Banús abierto desde 1996, es además un empeño y referencia familiar especialmente próxima a Isidoro Álvarez, que no dudaba en aprovechar sus frecuentes estancias en su casa de Marbella para meterse en la piel del cliente y evaluar de forma anónima el trato de sus empleados en un centro exclusivo que gana puntos entre las marcas de lujo y también con los tickets medios más altos en España. La tensión aparentemente resuelta entre las dos familias con la mayoría en el gigante comercial ha acabado en cirugía mayor, pero las heridas seguirán. Al país no le interesa que El Corte Inglés pierda velocidad. Tampoco a Málaga, donde es la empresa que más trabajo directo sostiene.

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