Los tejares de Vélez-Málaga resisten

Francisco Javier Ruiz, de 37 años, en su taller de cerámica artesanal situado en el entorno del Real Bajo, en la zona norte del casco urbano/Eugenio Cabezas
Francisco Javier Ruiz, de 37 años, en su taller de cerámica artesanal situado en el entorno del Real Bajo, en la zona norte del casco urbano / Eugenio Cabezas

La industria de la cerámica de barro mantiene 14 fábricas, aunque hace apenas una década llegaron a ser 50, con 500 empleados

Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

Antes del estallido de la burbuja inmobiliaria, la industria de la cerámica artesanal de Vélez-Málaga llegó a contar con medio centenar de empresas, con unos 500 trabajadores. Apenas doce años después, quedan únicamente 14 tejares, que dan empleo a medio centenar de personas. Las fábricas tradicionales de losas, ladrillos y piezas decorativas resisten a duras penas, conservando viva una tradición que se remonta a la época árabe.

Las instalaciones de estos tejares están situadas en el entorno del polígono Los Zamoranos y el Real Bajo, en la zona norte de la capital de la Axarquía. Recorrer estos enclaves supone toparse con decenas de naves abandonadas y cerradas, muchas de las cuales aún albergan en su interior miles de piezas, que se quedaron sin vender por el frenazo del sector de la construcción. Entre los que resisten está Francisco Javier Ruiz, de 37 años. Rústicos Axarquía la fundaron hace cuatro décadas su padre y su tío.

«Ya apenas hay trabajo ni para mí, cuando hace unos años llegamos a tener hasta 10 y 15 empleados», se lamenta este veleño, para quien el proceso de elaboración de las conocidas como tejas, ladrillos, losas y demás piezas cerámicas «se mantiene prácticamente igual que hace más de 500 años, cuando lo realizaban los árabes». «Hay documentación de que el ladrillo cocido ya se preparaba hace 5.000 años, pero en esta zona parece claro que es una tradición de la época musulmana, que se ha mantenido de generación en generación», dice este empresario.

La materia prima es arcilla y pizarra molida, que se extraen de canteras próximas, además de agua. El proceso es sencillo, pero laborioso. Primero se mezclan bien, «con una batidora, que es la única máquina que tenemos», aclara Ruiz. Una vez que se tiene la masa, se preparan las piezas, «una a una, a mano, de manera totalmente artesanal», apostilla Ruiz. Luego se dejan secar al aire, «unas dos o tres semanas en verano y más tiempo en invierno», advierte. Por último, viene la parte más compleja, su cocción en los enormes hornos de biomasa. Las piezas permanecen allí entre cinco y siete días. «Primero lo encendemos con leña de aguacate, y luego se mantiene el calor con las cáscaras de almendra o el orujillo», describe.

La producción de los tejares veleños ronda actualmente el medio millón de losas al mes, piezas se almacenan en los patios, desde donde son vendidas, en un 90% en Andalucía y el resto, en España. El palé de losa veleña, de 30 metros cuadrados, cuesta 200 euros, de manera que el metro cuadrados sale a 6,6 euros, un precio competitivo, «pero claro en el mercado hay losas industriales por la mitad», se lamenta.

Ni siquiera el resurgir del sector de la construcción les está ayudando. «Algo se ha notado, pero poco, apenas un 10%», se queja. Estas piezas tienen salida, sobre todo, en obras de rehabilitación de monumentos históricos. «Hicimos los ladrillos de la antigua fábrica Nuestra Señora del Carmen de Torre del Mar», apunta. «Somos los últimos talleres que quedan en Málaga», afirma orgulloso este empresario, quien lamenta que no reciban más apoyos institucionales, para realizar campañas de promoción, llevando grupos de turistas a conocer los tejares veleños.

En 2012, la Junta de Andalucía declaró a Vélez-Málaga como Zona de Interés Artesanal. Entonces se anunció que esta declaración iba a permitir a los tejares veleños contar con un distintivo de identificación y figurar en las publicaciones y guías oficiales de la artesanía y el turismo. «Muchas veces lo he pensado, que sería una forma de darle visibilidad y rentabilizar algo más nuestro trabajo» señala el empresario veleño.