El olivar en Málaga se topa con la falta de jornaleros para recoger la cosecha

Dos jornaleras desplazan los fardos que se depositan en el suelo para recoger la aceituna. /Salvador Salas
Dos jornaleras desplazan los fardos que se depositan en el suelo para recoger la aceituna. / Salvador Salas

La reactivación económica provoca la fuga de trabajadores del campo a otros sectores

Agustín Peláez
AGUSTÍN PELÁEZ

El olivar es, con diferencia, el cultivo más importante del campo malagueño. Ocupa una superficie de 130.000 hectáreas, más que la suma de todos los demás juntos. Del sector viven unos 23.000 olivareros. Sólo este año el olivar ha generado una facturación agraria de 254,5 millones de euros, de los que 216 han correspondido al aceite de oliva y 38,5 a la aceituna de mesa. Se trata del 31,6 % de la facturación total de la agricultura de la provincia (803,7 millones en 2018). Estos datos ponen de relieve la enorme importancia del olivar dentro de la producción agroganadera de Málaga. Además el sector genera más de un millón de jornales cada campaña entre la cosecha de la aceituna de verdeo y la de almazara. La provincia cuenta, según el sindicato Comisiones Obreras, con 30.000 trabajadores del sector agrario, de los que 14.000 están acogidos a los planes de fomento del empleo agrario (PEFEA), antiguo PER.

A pesar de la abundante mano de obra que existe en el campo malagueño, la realidad es que los olivareros de la provincia no encuentran jornaleros para recoger la aceituna, lo que se ha convertido en una gran problema para muchos agricultores, especialmente los más pequeños, muchos de los cuales están ofreciendo jornales más elevados para poder garantizarse la recogida del fruto.

«Ni en los mejores años de la bonanza económica, cuando los trabajadores se fueron todos a sectores como la construcción, habíamos vivido una situación como la de este año», señala Gonzalo Ramírez, un joven agricultor de 29 años propietario de una finca con más de 9.000 olivos en Bobadilla. «Sencillamente no hay gente para trabajar en la campaña de este año», asegura.

Lo mismo le sucede a Francisco Moscoso, que además de secretario provincial de UPA es olivarero en Cuevas de San Marcos, municipio colindante con la provincia de Córdoba, que asegura que la falta de jornaleros es un problema generalizado que está afectando a toda Andalucía.

Así las cosas, la fotografía actual del sector desde que comenzara la recolección en octubre pasado, es que existen máquinas recolectoras paradas por falta de trabajadores y un grave problema para formar cuadrillas cualificadas para la campaña, a la vez que un número indeterminado de olivareros que llevan semanas esperando para recoger su aceituna antes de que, como algunos prevén, continúe bajando el precio del aceite de oliva.

Causas

¿Pero qué factores están motivando esta falta de jornaleros en el olivar malagueño? Según el presidente de Asaja Málaga, Baldomero Bellido, una de las posibles razones ha sido que muchos olivareros, tanto malagueños como de otras provincias andaluzas, han adelantado la recolección ante la posibilidad de que el precio del aceite descienda. «Las previsiones apuntan a que Málaga tendrá una buena cosecha, al igual que otras zonas productoras tanto nacionales como de terceros países. Ese aumento de la oferta lleva a muchos olivareros a pensar que los precios del aceite puedan caer, de ahí que los agricultores hayan querido adelantar la cosecha», explica Bellido.

Según señala, ello ha provocado un colapso que ha dejado sin mano de obra cualificada a muchas zonas de Andalucía, «lo que se irá resolviendo conforme vaya acabando la recolección en las zonas productoras que antes ha iniciado la cosecha», opina.

El temor a que les puedan robar las aceitunas es otro de los motivos por los que los agricultores quieren recolectar sus producción lo antes posible. Cuanto más tiempo estén sin cosechar, mayor es el riesgo de que un día se levante y se encuentre con que ha perdido sus aceitunas. Al menos, eso es lo que piensan olivareros como Gonzalo Ramírez.

Pero este no es el único motivo. Para Asaja, otras de las razones puede ser la mejora de la economía de la provincia y en especial la reactivación de la construcción, que está provocando una fuga de mano de obra.

«El trabajo es duro. Si Ronaldo, el futbolista, cogiera una vara para varear sólo duraba tres minutos»

La reactivación de la economía de la provincia provoca una fuga de trabajadores del campo hacia otros sectores

«Hay cuadrillas que ya se ha tirado años trabajando en la campaña de olivar, pero que debido a que han encontrado trabajo en la construcción o en el sector servicio en la Costa han optado por dejarlo», explica José Luis Navarro, propietario de una empresa de servicios en la comarca de Antequera que se dedica, entre otras cosas, también a la recogida de la aceituna, para lo que cuenta con dos cuadrillas formadas en esta campaña. Es una menos que en 2017.

La falta de relevo de generacional –agricultores que se hacen mayores y cuyos hijos no siguen con la actividad– está provocando la proliferación de empresas de servicios que se dedican tanto la recolección como al mantenimiento de las explotaciones.

«Cada vez son más los olivareros que ante los problemas para formar cuadrillas optan por acudir a una de estas empresas para que les recolecten la aceituna», afirma Ramírez, que comercializa el aceite de oliva con la aceituna de su explotación con su propia marca: Cortijo El Solano.

Inmigrantes

Asimismo, existe una menor cantidad de mano de obra inmigrante. «Muchos han regresado a sus países de origen durante la crisis o se han ido a otros países de la Unión Europea donde la situación económica es mejor que en España», señala Bellido. En la comarca de Antequera han sido frecuentes las cuadrillas de residentes rumanos, igual que en la Axarquía, donde la falta de jornaleros en el olivar es ya endémica y donde abundan las de trabajadores árabes.

Para el secretario del sindicado de Industria de CC OO en Málaga, Andrés González Gato, otra de las razones de esta falta de mano de obra en el olivar puede ser que se haya hecho coincidir la ejecución de las obras del Plan de Formación del Empleo Agrario (PFEA) con la campaña de la aceituna de almazara.

González hace un llamamiento para que la patronal se siente con los sindicatos y negocie un convenio y salarios mayores. Según el responsable sindical, uno de los grandes problemas del trabajo en el campo es la temporalidad, lo que hace que muchos trabajadores aspiren a tener empleos más estables en otros sectores.

Asimismo, considera que es necesario darle la vuelta a las ayudas complementarias que reciben los trabajadores del campo (PFEA, renta agraria y subsidio agrario) para permitir el trabajo en momento punta. Paralelamente, demanda una mejora de la formación de los trabajadores agrarios para mejorar su cualificación.

Nuevas explotaciones

Los problemas para encontrar mano de obra en el olivar y las nuevas tendencias en cuanto a cultivos están llevando a los técnicos a diseñar las nuevas plantaciones pensando en cosechas la producción de un modo más eficiente y rápidos de manera mecanizada y con menos trabajadores.

Actualmente las cuadrillas que trabajan en el olivar están formadas por una diez personas. En el futuro las explotaciones de cultivo de olivar en superintensivo se podrán recoger mecánicamente con una máquina vibradora provista de un paraguas y con apenas tres jornaleros. «Al menos, esta es la tendencia», explica Bellido, que señala asimismo que los olivos de estas nuevas plantaciones son de menor tamaño y con un solo tronco, no con tres o cuatro como los de las fincas actuales.

Aunque los olivareros opinan que esta falta de mano de obra es puntual, la realidad es que los jóvenes y los propios jornaleros prefieren otros sectores en los que la posibilidad de encontrar un empleo fijo es mayor, por lo que es de prever que el olivar tengan que mantener en el futuro el cartel de: «Se necesitan jornaleros».

Cuadrilla de trabajadores de Alcalá del Valle (Cádiz) que se desplaza todos los días a Bobadilla.
Cuadrilla de trabajadores de Alcalá del Valle (Cádiz) que se desplaza todos los días a Bobadilla. / Salvador Salas

Un trabajo duro que exige estar preparado

La mecanización de la recogida de la aceituna ha supuesto un antes y un después en el olivar. «Antes el trabajo era más duro, porque todo era manual. La aceituna se cogía a mano del suelo y se envasaba en sacos. Ahora en cambio se recoge con grandes fardos o redes que depositan en el suelo. Hoy una cuadrilla de diez trabajadores, recoge en la mitad de tiempo, lo que antes requería no menos de 100 jornaleros», explica Francisco López, de 62 años. Este trabajador agrícola es de Alcalá del Valle (Cádiz). Se desplaza cada día unos 80 kilómetros para trabajar en la recogida de la aceituna en Bobadilla. Señala que para trabajar en la campaña del olivar hay que tener buena forma física y que todo el mundo no sirve. «Si Ronaldo, el futbolista, cogiera una vara para varear, sólo duraba tres minutos. El ritmo es frenético. El trabajo exige más velocidad y si uno se retrasa afecta al trabajo de todos lo demás», explica. Lo normal es que una cuadrilla recolecte en una jornada de seis horas y media entre 100 y 120 olivos. Todos en la cuadrilla cobran lo mismo por jornal (56 euros). Según Andrés González, de CC OO, el jornal de un recolector es de 43,88 euros, mientras que el de un motovibrador es de 45,87.