Frigiliana, el último reducto de la caña de azúcar

Corte de la caña de azúcar en Frigiliana / A. Peláez | Vídeo: Pedro J. Quero

La única fábrica de jugo de miel de caña de Europa mantiene vivo el cultivo en la provincia como testigo de su pasado histórico

Agustín Peláez
AGUSTÍN PELÁEZ

La memoria, en ocasiones, es tan sumamente corta que juega malas pasadas, pero si echamos la vista atrás y nos remontamos a década de los 90, posiblemente muchos malagueños recuerden todavía hectáreas y hectáreas de la provincia repletas de caña de azúcar, incluso en la propia capital. El cultivo tuvo tanta importancia que Málaga llegó a tener hasta 37 ingenios azucareros en el siglo XVI.

El campo malagueño llegó a producir hasta 115.000 toneladas de caña de azúcar a finales de la década de los 60 del pasado siglo. La cooperativa de Churriana reunía a la mayoría de los productores de caña malagueños y era una de las más productoras.

Fue en 1994 cuando cerró sus puertas la última fábrica de azúcar de Málaga. Hace de ello justo un cuarto de siglo (25 años). Aunque durante algunos años más se siguió cultivando caña de azúcar en algunas zonas de la provincia, que era transportada hasta la azucarera de Guadalfeo (Salobreña), en la provincia de Granada, el cierre de este ingenio en 2006 supuso el final de este producto en el campo malagueño.

Sin embargo, todavía hay un lugar donde se sigue cultivando año a año. Ese lugar es Frigiliana, donde se mantiene abierta también la única fábrica de miel de caña de azúcar de Europa, el ingenio de Nuestra Señora del Carmen.

Son los propietarios de esta industria los que siguen cultivándola alrededor del propio ingenio para producir miel de caña. Se trata sólo de unas dos hectáreas, en las que se producen unos 10.000 kilos cada año.

Frigiliana es por tanto el único testimonio que perdura de aquella industria azucarera malagueña y del cultivo de la caña de azúcar en la provincia, donde se sigue cosechando de la misma manera.

La familia De la Torre, propietaria del ingenio de miel de caña Nuestra Señora del Carmen de Frigiliana, nunca ha dejado de cultivarla. Si dejó de utilizar su fábrica para molerla durante un tiempo debido a la antigüedad de sus molinos.

Según el actual director del ingenio, Francisco López, la caña que producían la trasladaban a Guadalfeo, hasta que se produjo su cierre. Aquello les obligó a tener que poner al día los molinos y empezar a moler nuevamente. Todos los años entre los meses de abril y mayo la familia De la Torre realiza la zafra -en la localidad la llaman 'la corta'- y destina su producción de caña de azúcar para elaborar miel de caña.

La decadencia del cultivo en la provincia se inició en los años 70, en parte por la competencia que supuso la remolacha.

El cierre a cuenta gotas de las fábricas, primero de Nerja, en 1968; posteriormente la de Torre del Mar, en 1991, y la de Málaga, en 1994, fue reduciendo cada vez más la superficie de cultivo.

La cosecha de caña, también denominada zafra o monda, se sigue realizando a mano en Frigiliana. No existe mecanización, salvo en lo que respecta al transporte, que se realiza con remolques. La cosecha, que antes corría a cargo de cuadrillas de cañeros o moderos, ahora la realizan sólo unos cuantos obreros de la propia fábrica. En Frigiliana no ha existido nunca la costumbre de quemar las cañas, una práctica que se extendió por muchos lugares de la provincia durante la segunda mitad del siglo pasado para facilitar la recolección.

Con la quema de las parcela de cañas, ya no se hacía necesario mondar -retirarle las hojas y el cabo- las cañas. Los cultivos empezaron a quemarse en la década de los 80 para facilitar el trabajo de la monda o limpieza de la hoja.

Francisco y Miguel son los que se encargan de cortar las cañas del ingenio de Nuestra Señora del Carmen. Cosechan las cañas con un escardillo. «La gente cree que se cortan, pero en realidad lo que se hace es golpearlas con esa herramienta», explica López. El trabajo es duro. Eso lo sabe bien Francisco. Con 19 años recuerda que se trasladaba a Vélez con una cuadrilla de trabajadores a trabajar en la zafra. «Estábamos dos meses fuera. Vivíamos en un cortijo. Comíamos todos los días migas al mediodía y arroz de noche para cenar. La comida nos la hacía un hombre más mayor que nos acompañaba», recuerda. Según este trabajador, cuando se quemaban los cultivos el trabajo era mejor, puesto que no había que limpiar las hojas ni cortar el cabo de las cañas. Las hojas se limpian con una hoz. Las hojas, que antes se usaban para los colchones, y el cabo de la caña se utilizan hoy para alimentar a los animales.

Conforme se van cortando, retirando las hojas y cortando los cabos se van amontonando para transportarlas a hombros. Según Francisco, esta era una tarea que exigía mucho esfuerzo y que resultaba bastante peligrosa. «Había que subirla a los camiones por unas escaleras y cuando había que subirlas muy altas las escaleras eran colocadas casi perpendicularmente. He conocido a muchos que se caían porque no podían y perdían el equilibrio. Si se torcían la muñeca, se la liaban con un trapo y seguían trabajando», explica.

Para plantar las cañas se utiliza una semilla madre que se entierra en la tierra. Según López, es por el nudo de la caña por donde nacen las nuevas plantas. Por lo general una misma planta puede durar hasta siete años. De manera que una vez cortada vuelve a crecer para la temporada siguiente. En Frigiliana se siguen cultivan las dos variedades que en su momento estaban más extendidas en la provincia, la jasmín y la tucumana. «Con la tucumana teníamos que tener mucho cuidado porque la hojas tienen como una pelusa blanca que puede hacer daño», señala Miguel.

Las cañas se amarran en manojos para evitar que el viento la vuelca y facilitar así el trabajo a la hora de ser cortada. «Antes se utilizaban las mismas hojas para atar los manojos», explica el director del ingenio de Frigiliana.

Por lo general los cultivos se regaban por inundación. Actualmente, se utiliza riego por goteo y no se utiliza ningún tipo de producto químico para facilitar su desarrollo.