«Sé que puedo dar mucho más»

«Sé que puedo dar mucho más»

«El mejor Davidovich está por llegar», afirma el tenista, en absoluto sorprendido por el enorme salto en el 'ranking' en 2019

PEDRO LUIS ALONSO MÁLAGA.

Los diez días más grandes de la incipiente carrera de Davidovich le han llevado a unas semifinales de un ATP 250 (en Estoril) pese a provenir de la fase previa, y a debutar en el cuadro final de un Masters 1000, el de Madrid. En el camino, numerosos duelos con 'top 100' y hasta con dos rivales con amplio pasado como 'top ten', los franceses Gael Monfils y Richard Gasquet. «Acabé físicamente muy desgastado, ya que es una sensación nueva para mí. Fue una semana fantástica la de Estoril, pero sé que puedo dar mucho más y estoy en proceso de mejorar. Creo que el mejor Davidovich está por llegar. Estamos creando un tsunami y cuando esté preparado estará listo para arrasar», termina diciendo el joven rinconero, que no en vano habla de 'team tsunami', un 'hashtag' habitual en sus mensajes en las redes sociales para referirse a su equipo de trabajo.

«Todavía no hemos hecho nada importante. Estoy trabajando duro para estar ahí. Quiero estar en el 'top cien' o cerca antes de acabar el año», añade un Davidovich nada sorprendido con su crecimiento, con apenas diecisiete meses en el calendario sénior y cuando hace justo un año apenas era el 400º en el 'ranking' ATP. Ahora en cambio, el 131º le abre la puerta a casi todos los torneos. Su próximo reto será la fase previa de Roland Garros, que encara desde mañana (hoy es el sorteo). Allí ya acudió dos veces a nivel júnior, y el reto ahora es pasar tres cribas (a las que podrá ir como cabeza de serie) para estar en el cuadro final, cara a estrenarse en duelos al mejor de cinco sets.

Como quiera que el acceso a los torneos se fija con mucho tiempo de antelación, su 'ranking' de momento sólo le daría para pelear para entrar en el US Open, y en Wimbledon también debería acudir a la previa. Su plan es estar en un mínimo de seis torneos ATP más en este 2019: dos en hierba, antes de recalar en el All England Tennis Club (en Stuttgart y en Halle o Queens, que son la misma semana) y, más tarde, acudir a tres citas en tierra (los ATP 250 de Umag, Gstaad y Kitzbuhel). «A poco que tenga una semana buena puede estar ya en torno al 100º», analiza su entrenador, Jorge Aguirre, sobre lo que sería el pasaporte definitivo para cualquier reto en el circuito profesional.

El gran margen de mejora de Davidovich está en el control de sus emociones. El malestar en ocasiones le genera calambres en la pista. «En Marbella (en el Casino Admiral Trophy) me metí mucha tensión encima al estar jugando en casa, y en Estoril (en el duelo ante Cuevas de semifinales) fue más por desgaste. No estaba acostumbrado a ese nivel y tuve pequeñas rampas, pero me recuperé bien para Madrid», se sincera.

Una frustración interna

Aguirre tiene su teoría: «A veces es la cabeza. Por el exceso de tensión entra en un bucle competitivo y le genera un gasto excesivo cada golpe y cada impulsión. Dentro de unos meses no lo va a tener. Él siente que tiene dentro un jugador 'pro', pero su capacidad de gestionar las emociones no está a la altura aún de su nivel tenístico actual. Esto le lleva a una frustración y unos altibajos. Es como una pelea interna entre lo que es y lo que puede llegar a ser. Necesita tiempo, paciencia, tranquilidad y comprensión. Es ordenar su furia interna, que es lo que le hará grande».

Mientras tanto ya ha asombrado ante Chardy, al que sólo cedió tres juegos en un partido con mucho viento, y su mejor nivel lo ofreció en su triunfo contra Monfils en tres sets. «Fue puro espectáculo», admite el tenista. «Alcanzó el esquema de su juego. Sin pausas, variando alturas, disfrutando mucho de su juego», analiza su técnico. Y después legó una derrota mínima ante Gasquet en Madrid. «Estuvo más sólido. Estuve más ansioso por ganarle rápido y vine de Estoril, sin altura y me pilló de sorpresa. No me caía muy bien la bola. Además, el hecho de jugar contra Federer me metió mucha presión. En el segundo set tuve dos bolas de 'break' y no las aproveché», argumenta Davidovich, que se volvió de inmediato a Fuengirola y desperdició la oportunidad de entrenarse con Federer en las instalaciones de La Caja Mágica.

Lo que está claro también es que el tenis de Davidovich (ya el duodécimo español, y el cuarto más joven entre los 131 primeros del mundo) seduce a cualquier espectador, así como su genio en la pista. «Creo que es un tenis alegre, moderno. Puede jugar rápido, pero también hacer saque-red o acortar con una dejada. Aunque es muy agresivo, su juego va más a la versatilidad», describe Aguirre.