Golf

El golf, un deporte 'invadido' por la tecnología

Jason Day y su entrenador preparan su golpe durante una práctica de golf en Atlanta/EFE
Jason Day y su entrenador preparan su golpe durante una práctica de golf en Atlanta / EFE

Numerosos inventos han surgido en torno a este deporte durante los últimos años para mejorar y modernizar su funcionamiento

COLPISA/AFP

Relojes GPS, guantes conectados, programas para medir las trayectorias...desde 2014, la tecnología inteligente ha entrado con fuerza en el mundo del golf, tanto entre los profesionales como en los aficionados que pueden permitirse adquirir esos objetos.

En el último Trofeo Hassan II, disputado cerca de Rabat en el mes de abril, se pudo observar una práctica que se ha hecho cada vez más familiar en los últimos meses, tanto en los torneos europeos como estadounidenses: una tableta sobre un trípode está instalada junto a la mayoría de jugadores cuando golpean la bola.

Es en realidad la cuarta versión del 'TrackMan', el primer programa que incorporó un radar doble que mide la trayectoria y el ángulo de impacto del palo durante y después del golpeo, pero también sigue la pelota hasta que aterriza, midiendo por ejemplo la curva de desplazamiento, el efecto y la velocidad de rotación.

El coste elevado de este aparato, que se ha vuelto imprescindible para mejorar el 'swing', encarece aún más la ya elevada factura del equipamiento necesario para practicar el golf al más alto nivel.

La versión utilizada por los profesionales, que ofrece una precisión de 30 centímetros a 150 metros de distancia, cuesta unos 22.000 euros.

El empleo de este tipo de aparatos que recopilan una avalancha de datos e imágenes, tal como hace el 'TrackMan' con su cámara incorporada, modifica incluso los hábitos de trabajo.

El número uno francés Alexander Levy, vencedor del torneo marroquí, explica que graba «más de 50.000 pateos cada año en el entrenamiento» para mejorar en el 'green', con otro programa especializado.

Para tratar este flujo de información, algunos han pedido ya ayuda a analistas 'high-tech', a los que integran en su grupo como hacen con el entrenador del juego corto o un preparador físico.

«El golf es un deporte en el que la mejora y el perfeccionamiento del gesto son una constante en cada instante, por lo que es normal que se aproveche de las posibilidades que ofrece lo digital», dice el entrenador sudafricano Robert Baker.

«No obstante, si este aspecto es sin duda útil, no hace falta que se convierta en un freno y se olvide, por ejemplo, de trabajar la memoria muscular con herramientas de entrenamiento más clásicas», estima el excolaborador de Nick Faldo, Severiano Ballesteros y Greg Norman.

Los fabricantes se aprovechan también de que el golf es una disciplina donde la frustración invade con frecuencia a los jugadores, independientemente de su nivel.

Para los practicantes de base, con mayor poder adquisitivo que los aficionados de otros deportes, las aplicaciones en el celular están muy extendidas. La mayoría de ellas tienen en memoria el recorrido de más de 40.000 campos de todo el mundo.

Conectados a diversos tipos de captores, miden la calidad del gesto, indicando las distancias y apuntando los marcadores.

Telémetros láser, relojes GPS, guantes conectados, palos con captores integrados en la cabeza o mirillas en el mango, chips RFID para localizar las bolas... el número de 'gadgets' tecnológicos que empujan los límites de la disciplina son innumerables.

«El golf basa una parte de su atractivo en el respeto a las tradiciones casi inmemorables y estas evoluciones tecnológicas llevan a los guardianes del templo a tomar posiciones», explica Christophe Muniesa, director técnico nacional de la Federación Francesa de Golf.

Las reglas de este deporte son revisadas cada cuatro años por la USGA (federación estadounidense) Y el Royal & Ancient Club de St Andrews.

Desde 2016, la regla 14.3 prohíbe en competición «todo tipo de dispositivo artificial, equipamiento inhabitual y uso anormal del material».

Y hay expertos que critican que un 'amateur' se gaste por ejemplo 2.000 euros en un 'drive' conectado.

¿Cuál será la próxima gran innovación? Quizás unas gafas de realidad aumentada que indiquen la distancia, la trayectoria ideal o la dirección del viento. Un proyecto en el que ya está trabajando el gigante estadounidense Microsoft.

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