Final Copa Libertadores

Madrid, capital porteña

Aficionados de Boca y River, juntos por las calles de Madrid. /Reuters
Aficionados de Boca y River, juntos por las calles de Madrid. / Reuters

Los hinchas de River y Boca tiñen de blanco y rojo y de azul y oro el centro de la capital de España

Amador Gómez
AMADOR GÓMEZMadrid

El superclásico más importante de la historia para River Plate y Boca Juniors convirtió este domingo Madrid en capital porteña, en capital de Buenos Aires, la ciudad de los dos archirrivales del fútbol argentino en disputa por una Copa Libertadores inédita trasladada a 10.000 kilómetros de distancia como consecuencia de la violencia. Los hinchas de River y Boca tiñeron de blanco y rojo y de azul y oro el centro de la capital de España, blindada por la Policía desde primeras horas de la mañana y rodeada de un ambiente festivo y, en principio, muy civilizado en el Paseo de la Castellana, donde se erige el Santiago Bernabéu, y en sus alrededores.

Familias con niños, incluso bebés, ancianos de paseo en una jornada primaveral en invierno, turistas, ociosos, curiosos y madrileños amantes y no del fútbol, a pie, pero también en bicicletas y patinetes, mezclándose con las aficiones de River y Boca, cuyas respectivas 'fan zones', separadas por kilómetro y medio a ambos lados del Bernabéu, dieron un colorido inusual a la principal arteria de Madrid. Entre tanta muchedumbre encabezada por aficionados de los dos equipos bonaerenses que tantísimo se odian, un espectacular despliegue de seguridad formado por más de 4.000 efectivos, la mitad de ellos agentes de la Policía Nacional, con tiradores de élite en la azotea del Bernabéu, helicópteros, agentes a caballo, tanquetas de antidisturbios de la Policía Nacional, especialistas en inspeccionar el subsuelo...

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Madrid tomada, en su intento de demostrar al mundo con su experiencia que está capacitada para organizar y garantizar la seguridad de los eventos que se presumen más peligrosos y de mayor riesgo. Intimidación absoluta para los seguidores de dos de las hinchadas más temidas del planeta, con destacados líderes de las barras bravas en Argentina pero también violentos en Madrid, héroes del vandalismo, delincuentes acostumbrados a peleas callejeras repudiados por la mayoría de seguidores que se dieron cita en las inmediaciones del Bernabéu en las horas previas a la final.

En las 'fan zones' de River y Boca, sin embargo, sí se podía comprobar entre las hinchadas la presencia de 'profesionales' de la ultraviolencia, especialmente, frente a las taquillas en las que aún se vendían entradas, con gran cantidad de revendedores a su alrededor, grupos de hinchas de poco fiar y espías con muy mala cara. Quizás sean prejuicios. También policías secretos infiltrados, españoles y argentinos, intercambiándose en sus móviles fotos y tarjetas de identificación de los hinchas presuntamente más radicales y buscados de River y Boca. Con mochilas a sus espaldas y pistolas a la cintura en la 'fan zone' de Boca, que ya a mediodía ganaba por goleada a la de River, triste y vacía en esos momentos porque la mayoría de sus seguidoes prefirieron estar en el hotel de concentración de los suyos para alentar al equipo 'millonario'.

Familias con niños, incluso bebés, ancianos de paseo en una jornada primaveral en invierno, turistas, ociosos, curiosos y madrileños amantes y no del fútbol, a pie, pero también en bicicletas y patinetes

A esas horas, aparte de la venta de alcohol en los bares autorizados, y aficionados tomando ya cubatas desde por la mañana temprano, empezaban también a sacar rédito de la histórica final de la Libertadores los ambulantes con cubos repletos de cubos de cerveza. Y los puestos de banderas y bufandas, aún con muy escasa clientela. Más rodeados de los habituales cotillos que de aficionados dispuestos a gastarse varios euros para exhibir su pasión, amor y apoyo a los colores de River o Boca. Bastante habían pagado ya por el viaje desde Argentina y la correspondiente entrada para tener derecho a entrar en el Bernabéu, cuyos alrededores empezó a desalojar la Policía cinco horas y media antes de la final, para instalar el primero de los tres anillos de seguridad. Siempre reclamando por favor a los aficionados que se alejasen del coliseo blanco. Siempre los seguidores de River y Boca aceptando las órdenes sin rechistar.