Luis Ángel Maté: «He sentido el cariño de la afición malagueña hasta en el Norte»

Luis Ángel Maté, en el podio de una etapa de La Vuelta, con el 'maillot' de líder de la montaña. /SUR
Luis Ángel Maté, en el podio de una etapa de La Vuelta, con el 'maillot' de líder de la montaña. / SUR

El marbellí, líder de la montaña en La Vuelta hasta la decimosexta etapa, hace balance de la prueba y agradece el apoyo de los seguidores

BORJA GUTIÉRREZ

El marbellí Luis Ángel Maté fue protagonista de La Vuelta en sus dos primeras semanas, con continuas escapadas y un 'maillot' de la montaña cada vez más consolidado, pero una inoportuna bronquitis le privó de este premio y le hizo sufrir de lo lindo para acabar la prueba. El corredor del Cofidis hace balance para SUR de la prueba.

Una semana después del final de La Vuelta, ¿cómo está?

–Bien, en casa, disfrutando de la familia después de tanto tiempo fuera, ya no solo por La Vuelta, sino todo el tiempo anterior de preparación. Y aprovechando también para descansar.

¿Cómo asimila todo lo vivido?

–Llegas a la vida normal, porque cuando uno está inmerso en una competición de estas está en otro mundo, en una burbuja. Te traen de comer, te llevan y te traen, te dedicas a comer, dormir y pedalear. Vuelves embrutecido como yo digo, pero contento por volver a casa. Al final, lo hecho, hecho está.

¿Se cierra un ciclo?

–Sí, se cierra una temporada y sobre todo, lo más importante ahora es recuperarme de los problemas físicos para estar en condiciones cuanto antes.

¿Cómo llevó estar siempre en la escapada en las primeras etapas? Tomó el 'maillot' de la montaña en la primera etapa y no lo soltó hasta la decimosexta...

–Un lujo, la verdad. El poder salir de casa, literalmente, con toda tu gente, con toda tu familia y delante de toda la afición, y además por las carreteras en las que me entreno a diario. Fue una experiencia de las más bonitas como ciclista profesional. Ni en los mejores presagios me hubiese imaginado conseguir todos los puntos que hice la primera semana, en Andalucía.

¿Y qué le decían desde el entorno, la familia?

–Cuando estoy en competición no hablo prácticamente con ellos, porque nos dedicamos a pedalear, comer y dormir. Los compañeros de pelotón estaban sorprendidos de la maniobra que hicimos la primera semana. Ni yo me lo hubiese imaginado.

Y luego llegó la maldita bronquitis. Dijo que en parte es culpa suya, ¿por qué?

–Sí. Al final es nuestra propia responsabilidad cuidarnos. Cuando un deportista está tan fino y físicamente se exige tanto tiene que tener cuidado con cualquier tontería, como una corriente de aire o un día que tardes más en cambiarte. Al final un buen profesional tiene que cuidar bien esos detalles, y si los hubiera cuidado probablemente no me hubiera puesto malo.

¿Cómo sucedió?

–Empecé a encontrarme mal el día de La Covatilla, pero al principio era muy leve y con los cuidados de los médicos del equipo pudimos seguir hacia delante y, sobre todo, ocultarlo a los rivales, no dar pistas de que estaba malo. Lo que pasó es que el día después de La Camperona, cuando salimos hacia el puerto de San Isidro, me dio un ataque de tos y no podía respirar. Me tuve que ir al médico de carrera y ya se enteró todo el mundo. A partir de ese día, sobre todo en el Cantábrico, País Vasco y Asturias lo llevé bastante mal.

¿Sintió impotencia?

–Sí, porque al final me preparé muy bien en muchos meses de sacrificio, conseguí un estado de forma sensacional, y por una enfermedad no pude defender lo que ya tenía.

Llegó a Madrid al menos...

–Sí, y eso que no las tenía todas conmigo. Sobre todo tras los días de País Vasco y otro de Asturias. La verdad es que no podía respirar y tenía sensaciones muy malas. En ese sentido estoy contento de haber podido acabar mi octava Vuelta.

¿Cuál fue el peor momento de esta Vuelta?

–Dos, el primer día de descanso en Salamanca, cuando me di cuenta de que estaba mal, y fue una decepción muy grande. Y segundo, la salida hacia el puerto de San Isidro. Me dio un ataque de tos y tuve hasta miedo, porque nunca me había pasado. Esos minutos fueron malísimos.

¿Los mejores?

–Coger el liderato de la montaña tan pronto en casa, en la primera etapa en línea, y mantenerlo tantos días. Y, luego, el cariño de la afición malagueña fuera de casa. He visto a muchos que me han seguido personalmente al Norte y eso me ha hecho mucha ilusión. Qué vengan a seguirte a la carrera, al hotel... es algo muy bonito. Hay una familia de Málaga que me sigue siempre en el Tour de Francia con su autocaravana. Y esta vez, además, hubo un par de familias que me dijeron que estaban en casa, que tenía la semana libre y decidieron seguirme. Eso es un premio precioso como profesional. Estoy muy agradecido a ellos.

¿Alguna anécdota?

–Subir al podio todos los días mientras los compañeros ya se iban al hotel en el bus. Uno no se ducha hasta más tarde, hay que atender a los medios... y al final es precioso, pero tiene un desgaste que a lo mejor la gente no conoce.

Y ahora, ¿qué?

–Lo principal es recuperarme de la pequeña infección que tengo en el pulmón y la estamos tratando con antibióticos. Por la bronquitis he tenido además mucho estrés. Descansaré de momento. Luego decidiré si acabo la temporada en alguna clásica en Italia o construir las bases de la temporada que viene.

Le seguiremos en en el canal de Youtube mientras tanto.

–Gracias. Es una forma bonita de estar con el aficionado.

 

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