Mike Smith: «Maristas fue una experiencia vital inolvidable; mis mejores años»

Mike Smith. /SUR
Mike Smith. / SUR

El exjugador, junto con Ray Smith, fue la clave del ascenso del Mayoral Maristas del que se cumplen ahora 30 años

Juan Calderón
JUAN CALDERÓN

Ray y Mike, Mike y Ray. Probablemente es una de las mejores parejas de americanos que se han conocido en el baloncesto nacional. 'Los Smith' fueron la clave del ascenso del Mayoral Maristas del que se cumplen ahora 30 años. Con un despliegue físico desconocido hasta la fecha en el baloncesto local, lideraron a un equipo modesto para codearse con los grandes clubes profesionales que competían en España tres décadas atrás. Ese dúo fantástico hizo carrera en el baloncesto nacional con distinta suerte. Mike jugó en el Joventut, en el Madrid y la selección. Ray, de enorme talento y poca dedicación, no tuvo tanta suerte. SUR localizó en Sevilla al primero de ellos para recordar los años dorados del Mayoral Maristas.

¿Cómo acaba un joven estadounidense en un equipo de colegio?

–Yo no era un jugador con nombre de una universidad importante, así que tenía claro que después de acabar los estudios quería jugar en España o Italia. Recibí aquella llamada de Jacinto Castillo, que me dijo que dirigía un club de la Primera B española. Por aquel entonces tenía otras ofertas mejores, pero sabía que si las cosas salían bien en España, podría tener más futuro. Ellos querían que viniese lo antes posible, así que dije: «Mañana mismo». Cogí mi bolsa con tres pantalones, tres camisetas y cuatro calzoncillos y me fui al aeropuerto para coger el avión al día siguiente. Sabía que igual que me estaban llamando a mí, estaban haciendo lo mismo con otros jugadores.

Llega a Málaga y se encuentra en un colegio como Maristas. ¿Le impactó?

–Tuve un poco de suerte, porque acababa la universidad y se me presentó aquello. Estuve jugando en Dublín, pero aquello era una aventura también para conocer Europa, sin muchas expectativas profesionales de baloncesto. Cuando surgió lo de España sabía que ya era más en serio. Pero cuando llegué a Málaga, lo primero que hizo Jacinto Castillo fue llevarme a la Feria de Málaga. Con aquello ya me ganó. Ni vimos el club ni nada de nada. Fue un día y una noche espectaculares y ya entonces percibí que era un club familiar, lleno de gente joven. Se asemejaba al ambiente universitario al que yo estaba acostumbrado, así que encajé.

El impacto de usted y Ray Smith en el equipo fue enorme, porque no se había visto esa capacidad de juego. ¿Percibía esa admiración?

–Antes de que llegase Ray, estaba Cooke, que era un jugador más asentado y que tenía representante. Yo no sabía nada de eso, vine porque me llamaron. Hubo que sustituirlo y yo le comenté a Javier, con el que tengo una relación muy buena, que en Irlanda había un jugador que se adaptaba a nuestro juego. El Maristas se basaba en defender y correr, porque si jugábamos en plan más táctico contra equipos mejores no teníamos nada que hacer. Lo trajimos a Málaga y en tres o cuatro días los convenció, aunque pensaban que era bajito. Luego demostramos que podíamos luchar contra los mujeres. Dimos espectáculo y demostramos que con defensa se podía competir contra cualquiera.

Habla de ambiente familiar. El ambiente dentro del equipo y la relación con la afición es algo que siempre se destaca de aquel proyecto de Maristas.

–La clave siempre fue el colegio. El hermano Julián, los directivos, los jugadores y la afición éramos una piña. Los niños traían a sus padres a vernos, y estos, a sus amigos. No era un club profesional, era un equipo de colegio jugando con profesionales, pero con un gran espíritu. Hicimos mucho con pocos recursos, pero con una gran ilusión. Por eso hoy todavía se puede hablar con cariño y amor de aquello en comparación con otros clubes. Ese grupo era especial. Es la época en la que yo he disfrutado más como jugador. Fue espectacular. Tuve la suerte de jugar en otros equipos y ganar títulos, pero a nivel profesional, sin embargo, aquello fue una experiencia vital inolvidable en todos los sentidos.

-¿Cómo era su vida en Málaga? ¿Qué hacía un joven estadounidense en la ciudad?

-La relación con los compañeros era sensacional. Recuerdo aquellas fiestas. En la primera que hicimos en mi casa, los jugadores invitamos a los directivos, e incluso iban llegando aficionados que habían estado viendo los partidos. Era esa la diferencia respecto a otros equipos. No es como hoy, que no se sienten los colores. Nosotros nos sentíamos parte de la ciudad, porque nuestros amigos eran de Málaga. Nos conocían por la calle, en los restaurantes, en las tiendas. Por eso Ray y yo seguimos en España. Nos sentimos españoles. Siempre me sentí a gusto en casa, en Málaga.

Luego vino la unión con el Caja de Ronda. ¿Cree que aquel ascenso a la ACB y lo que hizo Maristas cambiaron la historia del baloncesto en Málaga?

–Era una cuestión de tiempo. El baloncesto creció muy rápido y para mejorar había que hacer aquello. Era difícil mantener dos equipos en Málaga. Cuando el Unicaja tuvo aquel patrocinador tan formidable como el banco, era esencial unir los equipos para garantizar el gran proyecto que es hoy. Por eso el Unicaja es un club de referencia, pero no sólo el club. Creo que la ciudad es reconocida por el baloncesto, no por el fútbol. Mayoral Maristas tiene su importancia en esta realidad.

 

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