Enric Bach, director de 'El Pionero'

«El fenómeno Gil habla mucho de nuestra fragilidad como sociedad»

Enric Bach, durante la presentación de la serie. /SUR
Enric Bach, durante la presentación de la serie. / SUR

El director de 'El Pionero' asegura que la historia del exalcalde de Marbella ofrece muchas claves para entender el presente

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Enric Bach es el director de 'El Pionero', la serie de HBO que muestra la trayectoria de Jesús Gil. En esta entrevista explica a SUR por qué se decidió a hacer el trabajo sobre la vida del exalcalde de Marbella y la novedosa técnica narrativa que eligió para llevarlo adelante.

'El Pionero' se presenta como una serie, pero el espectador puede entenderlo como un documental periodístico. ¿En qué genero habría que situarlo?

Es más fácil describirlo como lo que no es, que quizás así se entienda mejor. Esto no es un reportaje informativo. Leerlo como tal puede dar lugar a una interpretación no del todo precisa. Esto es una serie narrativa de no ficción, y probablemente es algo a lo que no estamos acostumbrados, porque es una obra narrativa que cuenta una historia real pero utilizando técnicas y elementos de la ficción. No está sometido a las normas del reportaje informativo porque lo que intenta es otra cosa, contar una historia. Se cuenta a través de un personaje principal, que es Jesús Gil, intentando poner al espectador en su punto de vista. Lo que hace más complejo este proyecto es que hay dos grandes tipos de voces, los críticos, como el fiscal Carlos Castresana, pero especialmente las voces de la familia y la gente cercana a Gil, que obviamente loan la figura de su padre y lo justifican. Yo entiendo que el espectador es inteligente, y que cuando escucha algo también identifica quién lo está diciendo, porque es tan importante lo que se dice como quién lo dice.

Está hecho para un público capaz de entenderlo con esos matices.

El documental exige una mirada crítica por parte del espectador y una mirada inteligente. Eso es lo que he pretendido, poner al espectador ante un reto por momentos desagradable, incómodo e indignante. Yo no suscribo lo que se dice, lo muestro para que el espectador saque sus conclusiones.

Las voces elegidas para contar la historia no solamente retratan al personaje. ¿En alguna medida se retratan también a sí mismas?

Por supuesto, se definen a sí mismos. Es un error interpretar que yo suscribo como director todas y cada una de las afirmaciones que se hacen en la serie. Lo que hago es mostrar para que el espectador saque sus conclusiones. Sé que es incómodo y provocador en cierto modo el hecho de tener que escuchar, por ejemplo, cómo se justifica la no responsabilidad de Jesús Gil en la tragedia de San Rafael por parte de su familia. Esa defensa no la suscribo yo, es la defensa que hace su familia. Yo lo que hago es darle a los espectadores los elementos para que ellos mismos saquen sus conclusiones no sólo sobre la tragedia sino sobre cómo ven la tragedia sus familiares. De alguna manera, esta es la singularidad de este proyecto, porque no estamos acostumbrados a enfrentarnos de esta manera tan descarnada y directa al retrato de un personaje así, tan amoral y tan complejo como Jesús Gil.

¿Considera que en la serie están todas las voces que tenían que estar?

No, por supuesto que no. No están todas en parte por elección mía y en parte porque no he conseguido acceder a ellas. Yo quería contar la historia con pocas voces, porque en este formato narrativo, al ser una historia de personajes, cuantos más personajes más compleja se vuelve la historia. Hay que entender que es una serie pensada para un público internacional y muchísimos personajes que podían aparecer son desconocidos para gente extranjera y para gente de 30 años para abajo. Lo que he hecho ha sido simplificar la historia en favor de la narrativa y por eso muchos nombres no están. Hay otros, como Pedro Román o Julián Muñoz, que no están porque no conseguí acceder a ellos.

¿Cuál era la necesidad de hacer un documental sobre Gil en 2019?

Cuando empezamos a pensar en este proyecto, hace cuatro años, yo veía que había una emergencia populista tanto en España como en muchos lugares de Europa. En España no había fenómenos equiparables a Jesús Gil, algún empresario que diera el salto a la política, pero sí en muchos lugares de Europa ya había personas que viniendo del poder económico llegaban al poder desafiando al 'establishment' político. Y luego, dos años más tarde de que empezáramos a desarrollar este proyecto, llegó Donald Trump. Sobre lo que quería reflexionar al plantear esta serie ahora era que una historia del pasado, como la de Jesús Gil, podía darnos muchas claves para entender el presente. Principalmente en el tema del populismo, pero también en el de la corrupción. En la última década en España hemos aprendido mucho de esto, pero no está de más entender cómo se llega a una situación así.

¿La gente ya se había olvidado de lo que era Gil?

La imagen que había quedado de Jesús Gil era una caricatura. Era Jesús Gil en el jacuzzi diciendo barbaridades, aunque la gente no se acuerda de qué barbaridades decía, y pegando al gerente del Compostela. Y Marbella, Julián Muñoz, la Malaya... Todo el mundo sabía que era un personaje envuelto en corrupción y que despreciaba la ley, pero de alguna manera había quedado de él una imagen caricaturizada. Detrás había una historia mucho más profunda y era interesante contarla con una mirada actual para entender el presente.

Una de las cuestiones de esta memoria caricaturizada consiste en circunscribir a Gil al ámbito de Marbella y al ámbito del fútbol. Sin embargo, en la serie se recuerda que era un personaje al que se le reían las gracias en toda España.

Sí, y esto habla mucho de nuestra fragilidad como sociedad. ¿Por qué adoramos, simpatizamos o votamos a alguien aún sabiendo que desprecia las leyes? ¿Por qué no tenemos mecanismos de crítica o de reflexión que nos impidan vivir esa fascinación? Esto ocurría en los dos niveles, era un personaje que tenía tanta audiencia, gozaba de tanta condescendencia de las grandes cadenas de televisión y de los popes de la comunicación de la época que de alguna manera seducía y asustaba al mismo tiempo. A mucha gente le daba igual lo que podía haber detrás, y eso habla mucho de nosotros como sociedad. Yo no digo que sea la mayoría, porque mucha gente lo combatía o lo investigaba, pero muchos otros miraban para otro lado o le reían las gracias. Lo que he intentado es mostrar una parte de esto y de alguna manera hacer experimentar al espectador esas dudas. Que el espectador pase por eso y se haga preguntas.

Este recuerdo caricaturizado olvida las complicidades políticas, judiciales y mediáticas que tuvo Gil y las serie las recuerda.

Probablemente no he mostrado todo el abanico de apoyos que tuvo Jesús Gil. Los tuvo en la justicia, y se muestra, pero también había que preguntarse por qué tardó tanto la Junta de Andalucía en actuar sobre el desafío urbanístico. También habría que pensar en otras responsabilidades, como el indulto que recibió Jesús Gil en 1994. Y el apoyo mediático no era gratis. Los vínculos económicos que tenía Gil con ciertos popes de la comunicación no están expresados en el documental pero el periodismo de este país los ha mostrado muchas veces.

¿Está satisfecho con el resultado de su trabajo?

Yo soy un insatisfecho crónico, nunca estoy satisfecho con lo que hago. Creo que he cumplido con lo que me proponía, pero siempre pienso que lo podría haber hecho mejor con un poco más de tiempo. Pero es lo que he hecho y lo defiendo. Lo que hay que tener en cuenta es que esto no pretende ser la obra definitiva sobre la vida de Gil ni tampoco pretende contarlo todo, para eso harían falta 20 o 30 capítulos.

¿Está cómodo con la promoción que se ha hecho de la serie?

Al ser la primera producción original de HBO en España se ha hecho una gran campaña de marketing y de comunicación. La campaña ha ido en una dirección que no era la misma del documental y eso pudo haber condicionado el visionado de la serie. Pero hay que verla en su totalidad, y posiblemente sea mejor hacerlo alejado del ruido mediático.