El tiempo pasa

Me vienen ala memoria imágenes de los compañeros de clase que ya no están

El tiempo pasa
Sr. García .
JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA y SR. GARCÍA .Ilustración

El día de Reyes regresé a Málaga después de pasar unos días en Praga y Budapest. La última vez que había visitado Praga fue en la primavera de 1991 con Ángel y José María. Una madrugada nos cruzamos con Václav Havel en la Plaza Wenceslao. Lo acompañaba un guardaespaldas corpulento, calvo y con pendiente. José María le pidió hacerse una foto con nosotros y accedió inmediatamente. Aquel hombre de teatro presidía un país cuando aún existían políticos sabios que tenían en cuenta la cultura.

A la vuelta del viaje, nada más pisar el centro de Málaga me encontré con un antiguo compañero del colegio. Lo primero que hizo fue excusarse por tener que contarme noticias tristes siempre que coincidíamos y añadió que en menos de un mes habían fallecido dos de sus amigos de clase. Me estremeció escuchar sus nombres. Luego nos despedimos, le deseé salud y seguí paseando por la calle repleta de las franquicias que han ido sustituyendo a las tiendas de toda la vida, igual que sucede en el resto de ciudades de Europa. Observé los contenedores de basura repletos de cajas vacías. La imagen me recordó al desconocido que en un bar de Budapest confesó que todos los primeros de enero los dedicaba a hacer limpieza. La puerta de su casa aparecía repleta de grandes bolsas con ropa, zapatos, carpetas, papeles, fotos rotas y otros objetos que había decidido tirar a la basura. Yo me propongo siempre hacer lo mismo, pero lo voy postergando eternamente porque temo olvidar los recuerdos y quedarme sin pasado.

Me vienen a la memoria imágenes de los compañeros de clase que ya no están. Los recuerdo tan jóvenes como entonces. La memoria consigue el milagro de mantenerlos intactos, como si no hubiera pasado el tiempo. En aquella época hablábamos del futuro y hoy, al menos yo, quisiera que el presente se prolongara toda la vida. Un deseo imposible que ni los Reyes Magos poseen la facultad de concederlo a nadie.

Esta semana he estado buscando sin suerte la foto con Václav HaveL, el escritor que presidió un país llamado Checoslovaquia. Cuando vea a José María le pediré una copia. Creo recordar que él hizo una foto y Ángel otra, los dos fotógrafos. Ángel nos dejó precisamente una Navidad. La víspera me llamó por teléfono desde Hamburgo. No sé si para despedirse o desahogarse. Parecía de buen humor y charlamos mucho rato. Dijo que estaba preparando una exposición de fotografía que nunca se llegó a inaugurar. Ahora contemplo la foto del mar bajo un cielo nublado que Ángel me regaló enmarcada antes de marcharse para siempre y oigo el sonido triste de las olas que viene de muy lejos, muy lejos, muy lejos.

 

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