Cruce de vías

Tal vez soñar

Tal vez soñar
SR. GARCÍA

Los muertos se desvanecen en el airecuando suena el despertador y setransforman de nuevo en fantasmas

José Antonio Garriga Vela
JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA

Los que no sueñan ni son insomnes se pierden una tercera parte de la vida. Desde hace algunos años estoy preocupado por esta pérdida de conciencia pasajera que afortunadamente también provoca una resurrección cotidiana. Siempre me ha gustado recordar los sueños y escribir sobre ellos en vez de quedarme en blanco. Me da miedo esta desconexión con la realidad que se produce mientras duermo. A veces, al despertarme por la noche recuerdo lo que estaba soñando en ese momento, pero al llegar la mañana lo he olvidado. Una tercera parte de la vida es mucho tiempo. Una persona de sesenta años que no recuerda los sueños y duerme ocho horas diarias solo vive conscientemente cuarenta años. El otro día le conté todo esto a un amigo y me contestó que a él le pasaba lo mismo. Una semana después llamó por teléfono para decirme que había resuelto el problema, ahora ponía el despertador a las cuatro de la madrugada e inmediatamente anotaba el sueño que la alarma del móvil le acababa de interrumpir.

Desde hace algunos días, yo igual. Me despierto de golpe en plena madrugada y apunto las experiencias nocturnas en la libreta que tengo en la mesilla de noche. Luego me cuesta conciliar el sueño. He descubierto que los sueños suelen guardar relación con las vivencias que he tenido a lo largo del día. Lo que más me llama la atención de los sueños es que los muertos se relacionan con los vivos con absoluta naturalidad, como si no hubiera pasado nada. El sueño es un ir y venir de un mundo a otro. Un milagro que permite mantener relaciones incluso con los que duermen el sueño eterno. Esto resulta muy gratificante, sobre todo porque también nos ayuda a resolver cuestiones pendientes y quedarnos por fin tranquilos. Los muertos se desvanecen en el aire cuando suena el despertador y se transforman de nuevo en fantasmas.

Como digo, los sueños suelen destacar detalles efímeros que hemos vivido durante el día. Algo a lo que quizá no le hayamos dado la menor importancia surge de pronto en mitad de la noche. Una conversación, un pequeño detalle, un pensamiento o un encuentro casual, reivindica el interés que realmente tiene y reclama la atención. En el sueño se manifiestan las voces silenciosas, los sentimientos, los deseos, todo aquello que a lo largo del día permanece oculto, bien porque no nos interesa que se haga público o porque nos atrae tanto que nos da vértigo airearlo. Me refiero a las notas discordantes de nuestra vida, las tentaciones íntimas que se manifiestan al cerrar los ojos. Entonces la voz de la conciencia, que permanece en silencio el resto del día, nos susurra al oído lo que realmente piensa. Cualquiera de nosotros sabe lo que dice nuestra conciencia, pero no le hacemos siempre caso. La vida cambia de la noche a la mañana, pero la conciencia siempre está presente. Durante el día anda más distraída. Sin embargo, al llegar la noche, nos quedamos a solas con ella, en ese espacio tan ínfimo como el tamaño de un corazón.

He descubierto que los sueños no censuran ninguna clase de comportamiento. No hay jueces ni leyes en el mundo de los sueños. Ellos nos hacen libres. Al no existir leyes, no hay nada prohibido. Y si existen son mentira, las imaginamos nosotros. No perdemos el miedo ni tan siquiera cuando estamos dormidos. A menudo, los límites y las fronteras son cosa nuestra. Otra historia es que la mayoría de las personas tengamos miedo a la libertad, incluso durante el sueño. Estoy escribiendo toda esta perorata en la libreta de los sueños en mitad de la noche. Por la mañana revisaré lo que me ha dictado el sueño, dicen que por las mañanas se ve todo distinto. Quizá sea la luz del día, no sé, en cualquier caso los sueños dan mucho que hablar.