José Manuel Zapata: «He perdido el miedo al qué dirán»

Zapata, ayer en el ensayo con los músicos de la Filarmónica de Málaga. /Ñito Salas
Zapata, ayer en el ensayo con los músicos de la Filarmónica de Málaga. / Ñito Salas

El tenor y director rompe hoy la liturgia decimonónica de los conciertos sinfónicos en un recital con la OFM que combina buena música y humor

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Le resulta irónico que las partes de una sinfonía se denominen 'movimientos'. «Así habría que llamar a los conciertos de Rihanna». No comparte que el protocolo desaconseje aplaudir tras cada aria. «Todo debería ser un poco más natural». Y cree totalmente compatible escuchar una partitura de Beethoven y reír. Hoy lo demostrará en el Teatro Cervantes, en un concierto extraordinario de la Orquesta Filarmónica de Málaga. El tenor granadino José Manuel Zapata planta cara a la liturgia de la música clásica en 'Concierto para Zapata y Orquesta' (19.00 h.; 15 euros), un recital con música de bises -grandes éxitos sinfónicos- en el que invita a los músicos y al público a desmelenarse.

-¿Cómo es escuchar a Rossini, J. Strauss, Verdi, Tchaikovky, Beethoven y echarse unas risas?

-Seguramente ellos tenían sentido del humor, y se trata de abrir un poco la mente. Veremos a la Filarmónica de Málaga en una vertiente diferente. Ellos no solo van a tocar, van a ser artistas integrales y van a cantar, van a actuar y van a hacer humor. De manera muy seria, porque al final todo el humor es muy serio. Pero será divertido y con música buena, que yo ya le he quitado el nombre de clásica y culta. Es música buena, nada más.

-¿'Clásica' le suena antiguo?

-Sí, y porque música clásica también son los Beatles o Queen. Lo que pasa es que cuando se llama música clásica a Beethoven suena como si hubiera que tener dos carreras de ingeniería nuclear parar ir a un concierto. No, es solo música buena. Igual que hay música mala dentro de nuestra mal llamada música clásica.

-Si a todo le llamamos igual, ¿cómo diferenciamos a Beethoven de los Beatles?

-Para mí, entre Beethoven y Beatles no hay diferencias. Los dos son música buena. Una se hizo en el siglo XIX y otra en el XX; una está tratada con una orquesta y otra con un grupo pop.

-Entonces, en estos conciertos invita a desmelenarse a los músicos.

-Les invito a que, un día al año, en esta ceremonia tan del XIX que siguen siendo los conciertos de música sinfónica se lo pasen muy bien, dejen al lado la búsqueda de la perfección y se rían. Y que hagan reír, que hagan llegar al público la música que hacen siempre de una manera más lúdica.

-En lugar de ser la excepción, ¿esto tendría que ser la regla?

-Los conciertos de orquesta deberían cambiar un poco su liturgia. Casi todo ha cambiado mucho en el siglo XX, y la liturgia de las orquestas sigue siendo la misma que en el XIX. Los músicos de la horriblemente llamada música culta debemos de ser capaces de transmitir más con expresiones, con nuestro cuerpo, con nuestra forma de actuar lo que nos está diciendo la música. Eso de llamar a las partes de la sinfonía 'movimientos' es un poco irónico, porque no se mueve nadie en los conciertos de música sinfónica. Movimiento habría que llamar a los conciertos de Rihanna. Yo solo digo que un día al año no hace daño, que de vez en cuando hay que dejarse ir y celebrar con humor esto que amamos tanto.

-¿Usted daría un concierto en vaqueros?

-Sí, bueno. Pero la vestimenta no creo que sea lo más importante, es más la actitud que lo que lleves. El frac es nuestro uniforme de trabajo, como se ponen los obreros el mono azul para poner el gotelé.

-Romper el protocolo sigue siendo una rareza.

-Porque nuestra música está llena de clichés. Que tiene que ser culta, que no se puede aplaudir tras cada movimiento... Y eso no hace venir a la gente ajena a este mundo nuestro. Todo debería ser un poco más natural y poder aplaudir después de un movimiento o un aria si realmente te ha emocionado, ser un poco más libre.

-¿Teme que para alguno sea una falta de respeto?

-Es probable. Pero para hacer este espectáculo de la mano de Juan Francisco Padilla y de Paco Mir (Tricicle). nos hemos tirado casi dos años estudiando la manera de hacer el humor de la manera más seria posible. Lo que hacemos no es una broma. Hay gente que le parece que es como profanar la música que ellos aman; pero bueno, hay gente que es muy inamovible en muchos sentidos en la vida. Yo creo que las cosas cambian, evolucionan. Y el mundo es la prueba. Además, ha llegado un momento en que a mí esto me da igual, me la trae al pairo. Yo me he propuesto como misión en mi vida hacer que la gente sienta con los compositores que yo amo lo mismo que siento yo. Y hasta que me echen.

-Entonces tendría un sitio como monologuista.

-Yo soy humor. Es mi lenguaje vehicular, lo que he usado siempre. A los 45 años recular ya es muy complicado. Ya tenemos los vicios (ríe).

-¿Cómo se 'desencorsetó' usted? Imagino que al principio seguiría los cauces convencionales.

-Hasta que me di cuenta de que iba a vivir solo una vez y perdí el miedo al qué dirán, a ser juzgado. Y en este caso, la satisfacción por el acierto fue mayor que el miedo al error. Hice lo que realmente me hacía feliz.

 

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